16 01 2026

China seguirá creciendo y eso significa que el mundo está cambiando, nos guste o no.

El Buda sonriente en Feilai Feng en Hangzhou, tallado durante la dinastía Song del Sur (1127-1279). Representa la felicidad, la riqueza y valores como la caridad, el positivismo y la serenidad. No es un imágen de Buda quién vivió en India hace 2,500 años, sino de un excéntrico monje Zen errante de China del siglo 11. El Buda sonriente en Feilai Feng en Hangzhou, tallado durante la dinastía Song del Sur (1127-1279). Representa la felicidad, la riqueza y valores como la caridad, el positivismo y la serenidad. No es un imágen de Buda quién vivió en India hace 2,500 años, sino de un excéntrico monje Zen errante de China del siglo 11. https://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Quality_images_of_China

El sistema político y económico internacional está cambiando y China es fundamental para este proceso. China ha crecido rápidamente durante décadas, pero ¿continuará así? El país se enfrenta a numerosos desafíos y, como siempre, hay observadores que predicen que terminará en un fracaso. Esto no es nada nuevo. ¿Tendrán razón esta vez? Probablemente no.

El “desacoplamiento” entre China y EE.UU. (y la Unión Europea, que lo denomina "eliminación de riesgo") está en curso y es probable que continúe en el futuro, especialmente si la UE continua siguiendo ciegamente la política anti-china de EE.UU. Aun así, se necesitarán varios años para lograr este desacoplamiento, y es improbable que llegue a ser completo.

Por lo tanto, se prevé que el comercio entre Occidente y China disminuya gradualmente en los próximos años (las exportaciones a EE.UU. probablemente cayeron alrededor de un 20 % en 2025). Por esta razón, China ha estado muy activa últimamente, con bastante éxito, abriendo nuevos mercados en los países de la ASEAN y en el Sur Global en general para compensar la pérdida de mercados en EE.UU. La caída de las exportaciones a EE.UU. en 2025 se ve más que compensada por el aumento de las exportaciones a la Unión Europea y otros países (debido en parte probablemente a la reorientación de las exportaciones chinas a través de terceros países). En general, se espera que las exportaciones hayan aumentado entre un 5 % y un 6 % en 2025 en comparación con el año anterior. Teniendo en cuenta la tumultuosa y dañina política comercial de Trump, es un resultado bastante impresionante.

La Unión Europea parece no poder decidirse en cuanto a la postura respecto a China. En un momento lo considera el enemigo principal, en otro momento es un amigo. Foto: Ursula von der Leyen y Antonio Costa con Xi en Pekín, julio de 2025. Foto oficial del gobierno chino.

China crece actualmente a un ritmo de alrededor del 5% anual y está a punto de pasar de ser un país de ingresos medianos a uno de ingresos altos (según la clasificación del Banco Mundial). De hecho, ya habría superado este umbral hace un par de años si no hubiera devaluado su moneda, el yuan, entre un 7% y un 8% con respecto al dólar estadounidense, pero probablemente 2025 fue el año en que finalmente ocurrió.

Calculada en términos de poder adquisitivo, la producción total de China (PIB) era en el año 2000 solo un tercio de la de EE.UU. y en 2016 estaban a la par. En 2024 China ya fue un 30% mayor y sigue distanciándose de EE.UU. Por supuesto, tomando en cuenta que la población de China es mucho mayor, su ingreso por habitante sigue siendo mucho menor. En 2024 era solo un tercio de la de EE.UU. y la mitad de la de la UE (para quienes estén interesados ​​en las cifras, en una nota al final de este artículo encontrarán algunos gráficos ilustrativos).

¿Continuará esta tendencia? Es una buena pregunta. Creo que sí, pero China se enfrenta a desafíos importantes (al igual que Occidente, dicho sea de paso).

Aún no hemos visto los detalles del nuevo plan quinquenal (2026-2030) de China, ya que se aprobará en la Asamblea Popular Nacional en marzo. Actualmente, solo se ha publicado el "Plan Estratégico 2025-2010 para el Desarrollo Económico y Social de China". Es probable que China aspire a un crecimiento económico anual continuo de alrededor del 5% (como en el último plan quinquenal). Parece una meta alcanzable, ya que la brecha con Occidente en el ingreso por habitante sigue siendo bastante grande, lo que implica que aún hay margen para disminuir esta brecha, antes de que el país se conforme con un crecimiento menor.

En un informe reciente del "Center for China Analysis", un centro de estudios estadounidense crítico con China, se enumera una serie de desafíos que China enfrentará en el futuro. En mi opinión, el informe tiene un tono excesivamente pesimista, pero aun así ofrece una visión general útil de los desafíos.

A nivel político, el informe concluye, acertadamente en mi opinión, que “el modelo de gobernanza de Xi Jinping —basado en el control del Partido, la seguridad nacional y la autosuficiencia tecnológica— seguirá dominando la trayectoria de China”. Además, consideran que la campaña anticorrupción podría hacer menos eficiente la burocracia, ya que los oficiales tendrán miedo de cometer errores. Creo que es una observación correcta, pero, por otro lado, la campaña anticorrupción es esencial para la legitimidad política del gobierno chino. Y coincido con la conclusión general de que “es probable que el sistema chino se mantenga estable”.

A nivel tecnológico, el informe considera que existe un dilema entre la innovación estatal y la privada, y concluye que los controles a las exportaciones estadounidenses y la intensificación de la competencia tecnológica han puesto de manifiesto los límites de un modelo de innovación impulsado por el Estado que, desde hace tiempo, ha sido más eficiente para escalar la producción que para innovar”. Es una crítica habitual a China: se afirma que son buenos para copiar, no para innovar. Pero la realidad es la contraria: las sanciones tecnológicas estadounidenses han demostrado que, de no haber sido por el esfuerzo del Estado por estimular la investigación y el desarrollo, tanto públicos como privados, habrían sido fatales. Resultó que no lo fueron. China ha aplicado lo que denominan “esfuerzos de toda la nación”, por ejemplo, en el campo de los semiconductores (y los equipos para producirlos), lo que ha sido crucial. La capacidad de continuar con este esfuerzo será determinante para el futuro a medida que se profundice el desacoplamiento con Occidente. Creo que es más bien es el Occidente quien enfrentará serios desafíos en este campo si continúa dependiendo principalmente del capital financiero, el sector privado y las grandes corporaciones.

En el ámbito económico, existen varios desafíos:

En primer lugar, China tiene una tasa de ahorro muy alta, un hecho que ha sido criticado porque implica que la inversión, y no el consumo, impulsa la economía. Hay varias explicaciones. La explicación tradicional es que la falta de un sistema de seguridad social sólido hace que la gente ahorre más para imprevistos, pero como la seguridad social ha mejorado en China, no creo que sea la explicación más importante.

China tuvo en 2024 una tasa de ahorro bruto del 43%, similar a la del resto de Asia Oriental y el Pacífico (41%). Quizás influya que el informe proceda de EE. UU., donde la tasa de ahorro es extraordinariamente baja (17%), mientras que en la UE es del 26%. Otros países desarrollados también presentan un alto nivel de ahorro bruto, como Singapur (57%), Corea del Sur (34%), Rusia y Dinamarca (33%). Para un país en desarrollo, una alta tasa de ahorro e inversión es crucial si quiere reducir la brecha con los países más ricos. Solo EE.UU. ha tenido el privilegio de permitir que el resto del mundo ahorre por él. Hasta ahora.

Se critica a China por su ahorro excesivo y, por consiguiente, por inversiones muy elevadas, entre otras, en infraestructura pública. Una de ellas es la impresionante red ferroviaria de alta velocidad que une el país. Foto: tren de alta velocidad, Estación de Trenes Oeste de Beijing. Wikimedia.

Sea como sea, China ahora quiere cambiar a un crecimiento más orientado hacia el consumo, convenciendo a sus ciudadanos a destinar una mayor parte de sus ingresos al consumo. Sin embargo, ha resultado difícil. La consecuencia es que China tiene que mantener un considerable déficit en el presupuesto público para estimular la demanda, al igual que ocurre en EE.UU. y muchos países de la UE. En mi humilde opinión, lo que deberían hacer (además de seguir mejorando la seguridad social) es aumentar los ingresos de la gente común. Se pueden tomar varias medidas, entre ellas aumentar el salario mínimo y hacer que el sistema tributario sea más progresivo.

En segundo lugar, China lleva años experimentando una crisis en su sector inmobiliario tras el estallido de una burbuja especulativa en 2021. Ahora, el país está plagado de edificios de nueva construcción o a medio construir sin vender, muchas empresas inmobiliarias han quebrado o apenas sobreviven, y los bancos están cargados de créditos en mora. En China, alrededor del 90 % de la población son propietarios de sus viviendas, pero como la especulación ha disparado los precios, muchos jóvenes no tienen suficientes ingresos para poder comprar una vivienda. La mayoría de las viviendas de propiedad estatal o municipal fueros privatizados durante las reformas económicas de finales de los años noventa, y esto ahora se ha vuelto en un problema para China. Lo mismo ocurre, por cierto, en muchos países desarrollados, donde la falta de viviendas asequibles es un problema grave.

El estallido de la burbuja inmobiliaria significa que hay una gran cantidad de viviendas, terminadas y a medio terminar, sin vender y deudas incobrables en los bancos. Imagen de Wikimedia.

En tercer lugar, China tiene actualmente una tasa de natalidad muy baja. Tras muchos años con una tasa de fertilidad estable de alrededor de 1.7, en 2023 descendió a 1.0, incluso inferior a la de Japón (1.2), pero superior a la de Corea del Sur (0.8). Se necesita una tasa de fertilidad de 2.1 para mantener una población constante. A modo de comparación, la tasa de fertilidad fue de 1.6 en EE.UU., 1.5 en Dinamarca, 1.4 en la UE y Rusia, y 1.2 en Italia y Polonia. Las razones de esta bajísima tasa de fertilidad son numerosas, pero en el caso de China (y Japón, Corea del Sur y otros países asiáticos), la cultura laboral extremadamente competitiva probablemente sea una parte importante de la explicación. No hay lugar para niños.

En cuarto lugar, la desigualdad es un desafío, tanto desigualdad entre regiones y entre la población urbana y rural, como en general (el informe mencionado apenas aborda este tema). Durante mucho tiempo he asumido que la desigualdad en China (y Rusia) se situaba al nivel de la desigualdad extrema de EE.UU. Según datos del Banco Mundial, efectivamente era así en 2013, pero la desigualdad (igual que la pobreza) ha disminuido desde entonces en ambos países y ahora se encuentra en un nivel cercano al de Alemania (mientras que se ha mantenido alta en EE.UU. y ha ido aumentando en la UE). Véase el gráfico al final del artículo. Sin embargo, la desigualdad sigue siendo un desafío importante (al igual que en Occidente).

En conclusión, incluso con los desafíos que enfrenta China actualmente, es probable que el país siga desarrollándose y que reduzca gradualmente la brecha de ingresos con los países más desarrollados. Así, sin duda, se convertirá en uno de los mayores centros de poder económico en el nuevo mundo multipolar.

Nos guste o no.

 

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Nota sobre los datos:

Para quienes les gusta los números, a continuación se presentan algunas gráficas explicativas.

1. El PIB de las mayores economías del mundo

El gráfico a continuación muestra el producto nacional (PIB) de las mayores economías del mundo en billones de dólares estadounidenses en paridad de poder adquisitivo, es decir, el PIB nominal corregido por el poder adquisitivo en moneda local. Como se puede observar, China es la mayor economía del mundo y aproximadamente un 30 % mayor que la segunda, que es EE.UU.. Si la UE fuera un país, ocuparía el tercer lugar.

2. PIB per cápita de las mayores economías del mundo

El gráfico a continuación muestra el PIB por habitante de las mismas 10 economías, en dólares estadounidenses en paridad de poder adquisitivo. Como se puede observar, EE.UU. tiene el PIB por habitante más alto, seguido de Alemania. China ocupa el séptimo lugar e India el último.

3. Desigualdad

La desigualdad se puede medir de muchas maneras. Una de ellas es el “coeficiente de Gini”. Su valor oscila entre 0 y 1, donde 0 representa la igualdad total (todos tienen lo mismo) y 1 representa la desigualdad total (una persona se lo lleva todo). Por lo tanto, un valor más alto del coeficiente de Gini significa mayor desigualdad. El gráfico a continuación compara China con EE.UU., Alemania, Dinamarca y Rusia. Como se puede observar en la gráfica, la desigualdad en China (línea roja) aumentó drásticamente durante las reformas de la década de 1990, alcanzó su punto máximo en 2010 y luego comenzó a disminuir. En EE.UU. (línea azul), la desigualdad ha aumentado ligeramente y se mantiene constantemente alta, sin indicios de disminuir. Alemania (línea amarilla) y Dinamarca (línea verde) han experimentado un aumento gradual, pero casi constante, de la desigualdad desde 1990, pero sigue siendo bastante más baja que la de EE.UU. Rusia (línea morada) tuvo una desigualdad extremadamente alta durante la década de 1990, tras el colapso de la Unión Soviética y las reformas económicas caóticas (y antisociales) del Gobierno de Yeltsin, y tras una caída temporal, volvió a aumentar entre el año 2000 y 2008, cuando alcanzó su punto máximo. Desde entonces ha disminuido y en 2023 estaba cerca del nivel de Alemania.

Todos los datos provienen de la base de datos del Banco Mundial.

 

 

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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