20 01 2026

Las victorias militares de Estados Unidos e Israel han causado estupor en el mundo. ¿Preconiza un nuevo amanecer para imperio norteamericano? No lo creo.

El 13 de junio de 2025, Israel lanzó un ataque relámpago contra Irán, con 360 ataques en 27 provincias iraníes, un tercio de ellos dirigidos contra Teherán. El ataque debilitó considerablemente a la República de Irán (y provocó una destrucción sin precedentes también en Israel). El 13 de junio de 2025, Israel lanzó un ataque relámpago contra Irán, con 360 ataques en 27 provincias iraníes, un tercio de ellos dirigidos contra Teherán. El ataque debilitó considerablemente a la República de Irán (y provocó una destrucción sin precedentes también en Israel). Foto: Página Web de Tasnim News Agency via Wikimedia

El presidente estadounidense Donald Trump ganó las elecciones con la promesa de enfocarse en los problemas internos de EE.UU. Como tantos presidentes norteamericanos antes que él, no ha cumplido con esta promesa, sino ha lanzado nuevas aventuras militares en países lejanos. El exitoso secuestro del presidente venezolano aparentemente le ha despertado el apetito por más. Representa un peligro para el resto del mundo. Y para el mismo EE.UU.

EE.UU. y sus aliados (o súbditos) de la OTAN han logrado numerosos éxitos militares últimamente. Han ayudado a Israel a derrotar a HAMAS, reconquistar la Franja de Gaza (matando de paso entre 70.000 y 100.000 civiles), debilitar gravemente a Hezbolá en el Líbano y ocupar el sur de Siria. Junto con Israel, han debilitado seriamente a Irán mediante una campaña de asesinatos selectivos, eliminando una cantidad de oficiales iraníes de alto rango y, con una campaña de bombardeo de 12 días, han reducio a escombros varias instalaciones militares iraníes. Han derrocado al presidente sirio Bashar al-Assad e instalado a un islamista proturco, exlíder de Al Qaeda en Siria (Ahmed Hussein al-Sharaa, alias Abu Mohammad al-Julani), como presidente interino de Siria (dejando, de paso, al país sumido en el caos y la miseria). Han secuestrado al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y han con éxito bloqueado y confiscado las exportaciones petroleras venezolanas. Ahora EE.UU. (para sorpresa de sus vasallos de la OTAN) se prepara para ocupar Groenlandia y, de paso, bombardear Irán y varios países latinoamericanos. Quizás también invadir algunos de ellos, dependiendo del estado de ánimo de su presidente. Por supuesto, nada de esto es legal según el derecho internacional, pero, como dijo en 1999 la secretaria de Estado Madeleine Albright al entonces ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Robin Cook, cuando este cuestionó la legalidad de los bombardeos contra Yugoslavia: Búsquese nuevos abogados”. EE.UU. y la OTAN así lo han hecho desde entonces: buscándose nuevos abogados. Funciona de maravilla.

Parece, pues, que EE.UU. está realmente en racha.

Estados Unidos y Turquía han llevado al poder en Siria a un islamista proturco, exlíder de Al-Qaeda (Ahmed Hussein al-Sharaa, alias Abu Mohammad al-Julani). EE.UU. ha abandonado bruscamente a su antiguo aliado, las Fuerzas de Autodefensa kurdas, y ha transferido su apoyo a Al-Julani. Sin el apoyo estadounidense, las Fuerzas de Autodefensa han sido expulsadas de las zonas bajo su control. En la foto: las tropas de Al-Julani en Tabqa tras conquistarla. Foto de BBC-Reuters.

Estos éxitos militares han causado estupor a líderes políticos de todo el mundo. Hace recordar las palabras del ministro de Asuntos Exteriores danés, Erik Scavenius, en julio de 1940, ya con tropas de ocupación alemanes en el país, cuando dijo (con consentimiento de su primer ministro Thorvald Stauning): “Con las grandes victorias alemanas, que han causado asombro y admiración en el mundo, ha comenzado una nueva era en Europa, que traerá consigo un nuevo orden político y económico bajo el liderazgo alemán. La tarea de Dinamarca será encontrar su lugar en una cooperación necesaria y mutuamente activa con la Gran Alemania...”. La reacción de muchos líderes políticos de todo el mundo ha sido la misma que la de Dinamarca en 1940: asombro, admiración, miedo y, finalmente, sumisión al revitalizado liderazgo mundial de EE.UU. Los líderes de la UE han oscilado entre la eufórica admiración por la determinación y las victorias de EE.UU. y una depresión profunda, al sentir en su propia carne cómo es ser víctima de la furia del imperio norteamericano. Se sienten traicionados. Se suponía que el látigo norteamericano solo castigaría a Rusia, China y países en desarrollo desobedientes, no a los súbditos de EE.UU. en Europa. Primero una guerra arancelaria contra la UE y ahora quiere apoderarse de Groenlandia, ¡es injusto! Lo que básicamente le están diciendo a EE.UU. es: "Está bien que quiere apoderarse de Venezuela e Irán y sus recursos, pero no puede apoderarse de Groenlandia". Ahora el presidente Trump ha declarado que castigará a la UE con aranceles adicionales hasta que le entreguen Groenlandia. Los líderes de la UE están alarmados, desconcertados y corren como gallinas sin cabeza. "Somos buenos aliados, no es así como se habla con aliados cercanos", llora el ministro de Asuntos Exteriores danés. Como si las lágrimas le hicieran algún efecto a Donald Trump. Solo respeta a los países que le plantan cara. Algunos países más grandes (aparte de Rusia y China) lo hacen, entre ellos India, Brasil, Sudáfrica, Venezuela y Colombia. Hasta ahora. Veremos si siguen así.

Han habido grandes manifestaciones en Nuuk y Copenhague contra el intento de Trump de apoderarse de Groenlandia. Foto de los medios sociales.

¿Implica todo esto entonces un reajuste en la correlación de fuerza internacional a favor de EE. UU.? ¿Un nuevo amanecer para el imperio estadounidense?

No lo creo. Soy de la vieja escuela que piensan que el poder militar sin ser respaldado por poder económico solo puede ser transitorio. No hay razón para dudar de que los norteamericanos poseen un impresionante poderío militar, con alcance global gracias a su extensa red de bases militares (controla alrededor de 750 bases en al menos 80 países de todo el mundo) y su fuerza naval, que domina los océanos del mundo. Sin embargo, si se analiza más detenidamente, carece del necesario poder económico para fundamentar este poderío militar. Como yo lo veo, los norteamericanos están compensando sus limitaciones económicas con un exceso de aventuras militares. Puede funcionar durante algún tiempo, pero terminará mal para ellos.

Un amigo me envió un enlace a un análisis de un exfuncionario brasileño del FMI (Paolo Nogueira Batista) que afirma que EE.UU. es un caso particular, ya que es una potencia imperial y el mayor deudor del mundo, y que la historia demuestra que no se puede ser ambas cosas a la vez. Creo que esta afirmación es básicamente correcta, pero requiere una aclaración. Históricamente, los imperios se han basado en los tributos pagados por los territorios o países ocupados o subyugados. Fue el caso entre otros del Imperio Romano con sus vastos territorios subyugados, de España con sus colonias latinoamericanas, y del Reino Unido con sus colonias, entre ellas la India. Cuando uno analiza lo que dice Donald Trump, parece que él ha llegado a la misma conclusión y, por lo tanto, quiere que sus vasallos y cuasi-colonias paguen. Así es su justificación para la guerra arancelaria y para su pretensión de apoderarse de los recursos de Venezuela e Irán. Un imperio tiene que ser rentable. Los costos para mantenerlo funcionando no puede financiarse con créditos. Como buen capitalista (e imperialista), quiere que los ingresos superen los costos. El apropiarse de los recursos de otros países es una forma de aumentar los ingresos.

Sin embargo, parece haber olvidado que las guerras imperialistas son emprendimientos costosos. Con guerras los costos del imperio aumentan, como demostraron las guerras imperialistas estadounidenses en Iraq y Afganistán. El saqueo de los países dependientes puede no ser suficiente para evitar que todo el negocio imperial termine siendo deficitaria, lo que significa más deudas. Y, sin duda, muchos enemigos, antiguos y nuevos. Me suena a mí como un mal negocio. Trump es despiadado, pero ¿es realmente un empresario exitoso? Está acostumbrado a negocios turbios y a declarar sus empresas en cese de pagos cuando tienen problemas. Es muy astuto para sacar provecho económico personal de su presidencia. Pero hacer rentable un imperio es un asunto más complicado. Astucia no es suficiente.

El presidente estadounidense James Monroe declaró en 1823 que las naciones europeas no debían interferir en el hemisferio occidental. El presidente Theodore Roosevelt añadió en 1904 que EE.UU. tenía derecho a intervenir en cualquier país de América "para mantener el orden" ("andar ligero pero con un gran garrote"), y ahora tenemos el "Corolario Trump", que añade que "el hemisferio occidental debe estar controlado política, económica, comercial y militarmente por EE.UU." Caricatura de Wikipedia.

Hay claros indicios de decadencia imperial. Trump ha declarado que EE.UU. es el amo y señor del hemisferio occidental ("Doctrina Monroe 2.0"). Habla furiosamente sobre cómo China se ha convertido en el principal socio comercial de Sudamérica y quiere expulsarla del continente. América Latina debe comerciar solamente con EE.UU., no con China, afirma. Esto era exactamente lo que exigían los imperios a sus colonias. A las colonias inglesas en Norteamérica se les prohibió comerciar con nadie más que la "Madre Patria" inglesa (lo que condujo al “Motín del Té de Boston” y, finalmente, a la independencia). A las colonias españolas en América Latina solo se les permitía comerciar con la "Madre Patria" española; el Reino de Dinamarca prohibió a su colonia en las Islas Faroes comerciar con nadie más que la "Madre Patria" danesa, y así sucesivamente. Cuando un imperio necesita obligar a sus subordinados a comerciar solo consigo mismo, incluso cuando sus productos no pueden competir, está en problemas. EE.UU. no está en condiciones de sustituir a China en América Latina. No puede ofrecer lo que China ofrece: bienes industriales asequibles e inversiones en fábricas e infraestructura.

Las potencias coloniales obligaban a sus colonias a comerciar exclusivamente con la "Madre Patria". Dinamarca también lo hizo con las Islas Faroes. En el puerto de Thórshavn hay una escultura dedicada al héroe nacional, marinero, agricultor y poeta "Nólsoyar Páll", quien en 1804, junto con sus amigos, construyó el primer barco de alta mar faroés (deksbát) desde la era vikinga, Royndin Fríða, intentando romper ese monopolio danés. Esto lo llevó a la cárcel. Pero el monopolio colonial finalmente se acabó en 1856.Wikimedia.

Estoy convencido de que existe una regla general sencilla para los imperios. Cuando los costos de mantener un imperio superan los ingresos que genera, preconiza el fin. No de forma inmediata. Puede que lleve tiempo, ya que el fervor nacionalista en la "Madre Patria" puede convencer a la población a pagar el déficit del imperio (aún se puede ver esto en Inglaterra), pero con el tiempo, se caerá por su propio peso. Desafortunadamente, puede causar mucho daño en el trayecto. En un mundo nuclear, en el peor de los casos, puede arrastrar consigo a la humanidad.

 

 

 

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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