Se ha anunciado que la OTAN entrará en guerra con Rusia en 2030. Eso es lo que dicen Merz, Mette, Stubb, Rutte y todos los demás. No es un riesgo. Es un hecho. La población debe prepararse, dicen. Entonces, ¿cómo se desarrollará esta guerra? No nos dan ninguna explicación. Pero tal vez la guerra de Estados Unidos contra Irán nos dé una idea de cómo podría suceder.
Thorbjorn Waagstein
Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.
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La intención de Donald Trump de apoderarse de Groenlandia, alegando razones de seguridad nacional, ha llevado a la OTAN a afirmar de repente que necesita fortalecer su poderío militar en el Ártico. Una zona hasta ahora relativamente pacífica se ha convertido en un nuevo escenario de tensiones militares y carrera armamentística. Es una locura completa.
“En Estados Unidos no tenemos ningún interés en ser guardianes bien educados y ordenados del declive controlado de Occidente”, declaró recientemente el secretario de Relaciones Exteriores de EE.UU. Marco Rubio. Y añadió: “Vamos a renovar la civilización más grande de la historia de la humanidad”. Así que su mensaje es: “¡El imperio está de regreso!”.
El presidente estadounidense Donald Trump ganó las elecciones con la promesa de enfocarse en los problemas internos de EE.UU. Como tantos presidentes norteamericanos antes que él, no ha cumplido con esta promesa, sino ha lanzado nuevas aventuras militares en países lejanos. El exitoso secuestro del presidente venezolano aparentemente le ha despertado el apetito por más. Representa un peligro para el resto del mundo. Y para el mismo EE.UU.
El sistema político y económico internacional está cambiando y China es fundamental para este proceso. China ha crecido rápidamente durante décadas, pero ¿continuará así? El país se enfrenta a numerosos desafíos y, como siempre, hay observadores que predicen que terminará en un fracaso. Esto no es nada nuevo. ¿Tendrán razón esta vez? Probablemente no.