El oso moribundo
Es bien sabido que la tasa de mortalidad se disparó en Rusia en los años noventa, durante el reino de Boris Yeltsin y los chicos de Harvard (“los Harvard Boys”). Cuando millones de personas perdieron sus empleos, las pensiones quedaron sin valor y decenas de millones caían en una pobreza abyecta, millones de gente murieron prematuramente. La desnutrición, el colapso de los servicios de salud, los suicidios, el aumento del consumo de alcohol, fueron todos factores que contribuyeron a eso. ¿Entonces, es Rusia de hecho un oso moribundo?
Como muestra el siguiente gráfico que refleja datos del instituto de estadística rusa, Rosstat, Rusia en efecto parecía un oso moribundo durante la década de los noventa, después del colapso de la Unión Soviética. Pero la situación comenzó a mejorar después de 2005. La expectativa de vida, aunque todavía es baja, está ahora en el mismo nivel que durante la Unión Soviética, la tasa de natalidad está creciendo y ha habido desde 2012 un pequeño crecimiento natural de la población.

La tasa de suicidio que en los años noventa llegó al nivel astronómico de casi 40 suicidios por 100,000 habitantes, ha disminuido durante las dos últimas décadas (igual que el consumo de alcohol) y era en 2016 de 15.6, muy cercana al promedio mundial de alrededor de 16. La mortalidad infantil también se redujo y era en 2016 de 6.9 por 1,000 nacidos vivos. La mortalidad infantil de EE.UU. era en 2016 de 5.8 y la de la Unión Europea de 4.0. O sea, la mortalidad infantil rusa todavía es demasiado alta, pero ya no es catastrófica.
Por supuesto, el desastre demográfico que siguió al colapso de la Unión Soviética por fuerza va a provocar otra caída de la población en la próxima década a medida que las reducidas generaciones nacidas en los años noventa lleguen a la edad de procrear. Pero las predicciones de la muerte inminente del oso parecen prematuras.
Además, ha habido una migración constante hacia Rusia, principalmente de Ucrania y las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, por lo que la población de inmigrantes de Rusia ahora es la tercera más grande del mundo (después de Estados Unidos y Alemania). El resultado es que la población total de Rusia no ha variado prácticamente durante la última década.
"La debilidad de Rusia es su dependencia del petróleo y de los recursos naturales"
Esta afirmación es absolutamente cierta, como he señalado en otra parte. Rusia enfrenta, igual que países como Noruega, Arabia Saudita, Venezuela, Canadá y Australia, el desafío de cambiar este patrón de estado rentista exportador de materias primas. El petróleo y el carbón ya no representan el futuro, sino más bien el pasado, debido a la fuerte competencia de las energías renovables, cuyo precio está cayendo rápidamente, y a la creciente regulación para disminuir la emisión de dióxido de carbono.
Paul Krugman afirmó en su columna en New York Times en septiembre de 2016: "Quedemos claro: La Federación Rusa de 2016 no es la Unión Soviética de 1986. Es cierto que cubre la mayor parte del mismo territorio y está dirigido por algunos de los mismos rateros. Pero la ideología marxista se ha ido, igual que el estatus de superpotencia. Estamos hablando de una estado petrolero corrupto, común y corriente..."
Una vez más, pienso que Krugman está contribuyendo a la subestimación generalizada de Rusia.
La dependencia de Rusia de petróleo y gas ha aumentado durante los años en que Vladimir Putin ha estado en el poder (como presidente o primer ministro), y el petróleo y el gas constituyeron alrededor del 67% de las exportaciones en 2014. Sin embargo, esto no significa que la economía rusa en general es tan dependiente del petróleo y el gas. En 2016 Rusia importó bienes y servicios del exterior por 191,000 millones de dólares, a la vez que el Producto Interno Bruto (PIB) se estimaba en 1,284,000 millones de dólares, lo que significa que las importaciones ascendieron a alrededor del 15% del PIB. Dicho de otra manera: el 85% de los bienes y servicios que Rusia consume son producidos en el país. Las exportaciones de petróleo y gas representan alrededor del 10% del PIB y contribuyen alrededor del 22% del total de los ingresos del sector público (2015).
Desde 2010, Rusia está ofreciendo un arancel reducido de importación para las empresas extranjeras que establecen producción en el país. A modo de ejemplo, ahora la mayoría de las grandes compañías automotrices han establecido plantas de asemblaje en Rusia, pero para ello han tenido que comprometerse a comprar al menos el 60% de los componentes a nivel local antes de 2018 – lo que se llama una política de localización de la producción. Lo mismo ocurre con la industria farmacéutica y otras industrias. El resultado es que ahora muchos de los productos industriales que Rusia consume de hecho están producidas en el país, aunque sea en muchos casos por empresas extranjeras. Así que cuando Obama dijo que Rusia no produce nada que la gente quiera comprar, aparte de petróleo, gas y armas, esto es sólo parcialmente cierto en el sentido de que Rusia exporta una parte reducida de su producción industrial. Pero los rusos sí compran los productos locales, y la producción local cubre una parte creciente de sus necesidades.
Como es bien sabido, Rusia impuso contra-sanciones a los productos agrícolas de los países que participan en las sanciones contra el país, en su mayoría países de la OTAN. Esto, junto con la devaluación del rublo, ha conducido a un fuerte crecimiento de la producción agrícola. Rusia supera actualmente a EE.UU. en la exportación de trigo, y las exportaciones agrícolas rusas son actualmente más grandes que las exportaciones de armas. La producción local cubre ahora la demanda interna de carne de cerdo y pollo, y la producción de verduras (de invernaderos) ha aumentado un 30%.
Esto sólo para poner en contexto el desafío que enfrenta Rusia para lograr la diversificación de su economía. El desafío es grande, pero no parece insuperable.
"Si Rusia no reforma su economía, tendrá un crecimiento bajo a largo plazo"
Esta afirmación forma parte de la mayoría de los análisis de Rusia, incluyendo el último informe del Banco Mundial. De manera general, la comparto. Sin embargo, no está del todo claro, cuáles son las reformas que el país necesita. Rusia es una economía capitalista que todavía tiene algunas grandes empresas estatales, y con un estado "dirigiste" – o sea el estado quiere dirigir el desarrollo económico. Algo parecido a Francia o Gran Bretaña en los años después de la segunda guerra mundial.
Cuando Putin en 1999 asumió la presidencia de manos de su mentor, el borrachín Boris Yeltsin, la economía estaba realmente "hecho pedazos", parafraseando a Obama. La economía rusa había sufrido una destrucción desastrosa durante los años noventa, incluido un proceso forzado de des-industrialización. La economía estaba completamente dominada por oligarcas, ladrones que se habían vuelto ricos durante la privatización al por mayor de los bienes del estado, un proceso apoyado y supervisado benévolamente por el Fondo Monetario Internacional y los "Harvard boys”.
En una reunión con los oligarcas en el año 2000 al comienzo de su presidencia, Putin dejó claro a los oligarcas que su poder político había llegado a su fin, pero que podían mantener sus empresas mal habidas, es decir, podían quedar con lo que habían robado. La mayoría aceptó, otros no. Estos últimos, entre los que se encontraban personas que habían ayudado a Putin al poder y que habían esperado que él fuera un títere fácil de manejar, fueron amedrantados por vías legales o menos legales y huyeron del país. La mayoría de ellos ahora viven en Londres, donde ellos y sus miles de millones de dólares mal habidos recibieron una cálida bienvenida, celebrados como luchadores por la libertad y la democracia.
Durante los primeros años de su presidencia, Putin prosiguió con la política neoliberal de Boris Yeltsin, continuando la liberalización de la economía, las privatizaciones y las relaciones estrechas con las potencias occidentales. El Gobierno sí retomó el control con la mayor parte del sector de petróleo y gas, redujo el poder de la mafia y otros delincuentes y sanó las finanzas públicas. Por diferentes razones, entre ellas la guerra de Iraq y la expansión de la OTAN para incluir a los países de Europa Oriental, la relación con los EE.UU. y la OTAN comenzó a enfriarse. Se reestructuró el sector estatal productivo restante, creando conglomerados dentro de varios sectores donde se fusionaron distintas empresas: la industria aeronáutica en UAC, la industria nuclear en ROSATOM, las diferentes industrias de alta tecnología en ROSTEC etc., con el objetivo de privatizarlas, una vez se habían vuelto rentables.
Desde 2006, Rusia ha estado promoviendo la industrialización a través de una política industrial dirigida. Es común que este tipo de política es ridiculizada como errónea con afirmaciones como la siguiente: "La falta de diversificación se debe a la falta de un ambiente propicio para la inversión y la empresa privada, lo que dificulta particularmente el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas. La diversificación y un mejor crecimiento a largo plazo sólo se van a dar si se aborda los problemas relacionados con el ambiente de negocios e inversión". Declaraciones como esta son consideradas por muchos economistas como una perogrullada (algo que es verdad por definición), por lo tanto no es necesario presentar evidencia. Esto a pesar de que no es así como Japón, China, Corea del Sur y otros países asiáticos se han desarrollado. El ambiente de negocios es importante para un desarrollo capitalista, pero es sólo ún elemento. Dicho sea de paso, Rusia ha mejorado su puntuación en el ranking "Doing Business" del Banco Mundial durante los últimos 10 años y fue en 2017 el número 40 de 190 países, acercándose a su meta declarada de estar dentro de los primeros 20 países antes de 2020.
Aparte de la mencionada "estrategia de localización", el gobierno ruso ha seleccionado una serie de sectores que deben ser apoyados por políticas industriales: aeronáutica, industria nuclear, construcción naval, industria espacial, industria farmacéutica, tecnología de la información, nanotecnología y eficiencia energética. Todavía está por ver si van a tener éxito. Este tipo de política industrial dirigida funcionó en Japón, China y Corea del Sur, pero no hay garantía de que funcionará también en Rusia. Una de las debilidades de la economía rusa es el bajo nivel de inversión en investigación y desarrollo. Según el Banco Mundial, la inversión en investigación y desarrollo constituía sólo el 1.2% del PIB en 2014, lo que corresponde al nivel de Italia, pero a la mitad de la de Alemania (y a un tercio de la de Japón y China).
Cabe mencionar que Rusia antes de la introducción de sanciones ni siquiera tenía una tarjeta de pago nacional, dependiendo casi exclusivamente de Visa y Mastercard. Se despertaron de repente ante la cruel realidad de que los poderes de la OTAN con un plumazo podrían paralizar su sistema nacional de pagos. Desde entonces han tenido la prudencia de crear su propio sistema nacional de pagos y una tarjeta de pago nacional. Había en su momento igualmente la amenaza de bloquear el acceso de Rusia al sistema internacional de pagos, "Swift", que procesa la mayoría de las transacciones entre las instituciones financieras de todo el mundo. No sucedió, pero puede suceder en el futuro. Rusia ha tomado medidas junto con China para crear un sistema alternativo internacional de procesamiento de pagos, que podría entrar a funcionar en caso de que se corte el acceso a Swift (como ya es el caso de algunos bancos rusos como represalia por sus operaciones en Crimea). Hasta dónde han llegado no está claro - parece que falta bastante todavía.
Por lo tanto, a Rusia le queda aún mucho camino por recorrer. Pero no la descarten todavía.
Para leer la primera entrega de esta serie, haga clic aquí: El inminente colapso de Rusia
