06 01 2022

¿Será que la inflación está con nosotros de nuevo?

Unos 200 trabajadores de Amazon, la mayoría de origen de África del Este, estaban protestando frente a su lugar de trabajo en Shakopee, Minnesota 14 de diciembre de 2018 Unos 200 trabajadores de Amazon, la mayoría de origen de África del Este, estaban protestando frente a su lugar de trabajo en Shakopee, Minnesota 14 de diciembre de 2018 https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=98348092

Hay nuevamente inflación en los países desarrollados, un fenómeno que muchos pensaban era cosa del pasado. Hace un año, la mayoría de los bancos centrales aseguraron que este era un fenómeno esperado y transitorio, ya que las economías desarrolladas volvieron a la senda de crecimiento económico después de la debacle económica causada por el Covid en 2020. Pero la verdad es que no parece tan transitorio. Entonces, ¿la inflación ha venido para quedarse?

Después de muchos años con una inflación cercana a cero, los precios al consumidor aumentaron en 2021 cerca del 5% en la Unión Europea y en 6,8% en los EE.UU. (a noviembre de 2021). El aumento fue más moderado en China (2,3%) y Japón (0,6%). En otros lugares, los precios están subiendo más rápido, como en Brasil (10,2%), India (4,9%), Rusia (8,4%) y Turquía (alrededor del 30%).

Hay diferentes factores subyacentes que explican este aumento de la inflación. A medida que los precios del petróleo y el gas volvieron a un nivel más normal en 2021 después de tocar fondo en 2020, la energía es uno de los principales factores impulsores (que explica alrededor de la mitad del aumento de los precios en la UE y casi un tercio en EE.UU.). Otros factores que contribuyen son la interrupción de las cadenas de suministro internacionales durante la pandemia, la guerra comercial de EE.UU. contra China y el aumento de los precios internacionales de los productos alimenticios (cereales, ganado, azúcar, café, etc.) y muchas materias primas (cobre, níquel, etc.). Al mismo tiempo, la inundación de las economías con liquidez por parte de los Bancos Centrales ha inflado el mercado inmobiliario y las bolsas de valores.

Algunos de estos factores son de hecho transitorios. Los precios de la energía probablemente no seguirán subiendo y deberían más bien estabilizarse o disminuir en 2022, las cadenas de suministro deberían normalizarse gradualmente y los precios de los productos alimenticios y las materias primas deberían estabilizarse. Pero hay algunos factores que seguirán en juego en los próximos años y que dependen principalmente de factores políticos y, por tanto, son difíciles de predecir.

El factor que nos interesa aquí es la globalización, principalmente el desplazamiento de la producción a otros países y la migración, que se han visto frenados durante los últimos años. Si este ralentizamiento continúa o el proceso se revierte, tiene potencialmente repercusiones muy grandes.

La inflación solía ser una preocupación importante en los países desarrollados desde la última mitad de los años sesenta hasta mediados de los ochenta, a partir de cuando la inflación disminuyó y, por lo general, se redujo a un manejable 1-4% anual en la UE y los EE.UU. (Japón fue un caso atípico con una inflación negativa, o sea deflación). El principal factor que explica este fenómeno fue la implantación de políticas neoliberales y la globalización que comenzaron a generalizarse desde mediados de los años ochenta (”la Revolución Reagan-Thatcher”). La globalización aumentó la competencia internacional, lo que implicaba que las empresas perdieron parte de su control sobre sus precios de venta, y la inmigración, junto con las políticas de desregulación del mercado laboral, condujo a una mayor competencia por los puestos de trabajo, particularmente los trabajos manuales y, por lo tanto, debilitó la capacidad de negociación de los trabajadores. Los sindicatos sufrieron presiones y perdieron una parte importante de sus afiliados, y en muchos países se debilitó la legislación laboral para "aumentar la competitividad". El trabajo precario comenzaba a extenderse, incluidos los contratos de “cero horas” donde la inseguridad causada por las variaciones en las ventas de una empresa se trasladaba a los trabajadores, o incluso, más radicalmente, se cortaba por completo la relación empleador-trabajador al convertir a los trabajadores en proveedores de servicios por cuenta propia (a veces llamado la “economía Gig”). Esto, por supuesto, también ha conllevado un cambio en la distribución del ingreso, tanto entre el trabajo y el capital, pero también entre grupos de empleados dependiendo de donde la competencia por los puestos de trabajo era más fuerte. Como era de esperar, esto ha perjudicado especialmente a los trabajadores con el nivel más bajo de calificaciones, ya que han tenido que competir directamente con los inmigrantes. Esta era la situación antes de que el ex presidente estadounidense Trump iniciara la guerra comercial con China, ahora continuada e intensificada por el actual presidente estadounidense. Y antes de la crisis de Covid.

Manifestaciones y protestas frente a McDonald's, Londres 2016. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fast_Food_Workers%27_Right_Demo_at_McDonald%27s.jpg

Por tanto, el panorama ha cambiado en los últimos años. En parte debido al Covid, en parte debido a una política de inmigración más estricta, el flujo de inmigrantes a la UE disminuyó en 2020 y 2021 (aunque parece estar en aumento nuevamente). En EE.UU., la población inmigrante total (definida como LA población nacida en el extranjero) disminuyó durante la administración Trump, pero ahora ha vuelto a un nivel récord. Aun así, debido al repunte de la economía y al declive natural de la fuerza laboral, hay quejas de "escasez de mano de obra" en EE.UU., el Reino Unido y algunos países de la UE (por ejemplo, Países Bajos, Bélgica y Dinamarca) y, por supuesto, los reclamos habituales de los empleadores exigiendo que aumente la importación de trabajadores del exterior para evitar una subida de los salarios. Sin embargo, hay un cambio visible en las relaciones de poder en al menos parte del mercado laboral, como lo demuestra por ejemplo el número récord de personas en EE.UU en los sectores con salarios bajos y condiciones de trabajo miserables que están renunciando, y es posible que los salarios reales después de muchos años de estancamiento comiencen a mejorar, incluso para los trabajos peor pagados. La creación de un sindicato en Starbucks en EE.UU. es un evento histórico, pero como un esfuerzo similar en Amazon fracasó, es posible que no se trate de un cambio general – por lo menos aun. Sin embargo, en la medida en que los trabajadores logren explotar el cambio del mercado laboral de un mercado de sobre oferta de mano de obra a un mercado de sobre oferta de empleos, habrá una presión al alza de los salarios, y esto también se traducirá en cierta medida en una alza de precios, pero solo en la medida en que la competencia permite a las empresas de hacerlo. De esta forma se revertiría la tendencia a una distribución del ingreso cada vez más desigual.

India tiene la esperanza de poder aprovechar la guerra comercial de EE.UU. contra China, atrayendo producción que ha sido desplazada a China. Aquí la primera reunión física de la “alianza QUAD” en 2021. De la izquierda a la derecha: Yoshihide Suga (Japón), Narendra Modi (India), Joe Biden (EE.UU.) y Scott Morrison (Australia). https://en.wikipedia.org/wiki/Quadrilateral_Security_Dialogue

El otro cambio es la desaceleración de la deslocalización internacional de la producción, aunque es demasiado temprano poder hablar de una reversión de la tendencia, y en EE.UU. la imposición de aranceles de castigo a productos chinos. Es posible que los aranceles de castigo sea una de las razones por las que la inflación norteamericana es más alta que la de la UE (que no ha tomado una medida similar contra China). El desplazamiento de la producción deslocalizada de China a otros países (Vietnam, India, Bangladesh, etc.) también puede contribuir al aumento de precios. Si bien es cierto que los salarios en China son más altos que en estos países, existen enormes economías de escala en China y cadenas de suministro increíblemente bien organizadas dentro del país, que hacen que los otros países difícilmente pueden competir, incluso con sus salarios más bajos. Es comprensible que India tenga grandes esperanzas en este cambio en el patrón de la producción globalizada, ya que asume cada vez más el papel de un aliado clave de EE.UU. (entre otros, con el establecimiento de “la alianza Quad" formada por EE.UU., India, Australia y Japón), e India también está bien situada para sacar provecho de la política estadounidense contra China. Sin embargo, a pesar de que India ha experimentado un crecimiento impresionante durante la última década, es un país mucho más pobre que China (el poder adquisitivo por habitante es alrededor de un tercio del de China), y todavía enfrenta muchos cuellos de botella en sus cadenas productivas (por ejemplo, transporte, energía, agua, etc.), así que no puede sustituir a China así de fácil. Por lo tanto, en la medida en que este cambio en el patrón de la producción globalizada sea forzado por razones políticas, también contribuirá a una presión al alza de los precios.

Por ende, la conclusión es que, sí, es posible que la inflación ha regresado a los países desarrollados para quedarse, y - aunque suene contradictorio – deberíamos alegrarnos, ya que probablemente también irá acompañada de una nueva correlación de fuerzas entre trabajo y capital. Potencialmente, esto allanará el camino para una sociedad mejor y menos desigual.

Y, por cierto, el aumento de los precios de las materias primas es una bendición para muchos países en vías de desarrollo, pero esa es otra historia.

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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