La vida política era más fácil durante los cuarenta años de globalización neoliberal, ya que ésta establecía límites estrictos a lo que los políticos podían hacer. Cualquiera que fuera su propuesta, debían argumentar que iba a ser aceptado por los mercados, y en particular por el hipermóvil capital internacional. Con el fin de la globalización neoliberal, nos encontramos ante un nuevo panorama.

Tras haber sido la política dominante a nivel mundial durante 40 años, las economías avanzadas han abandonado discretamente la globalización neoliberal. Sin embargo, esto no significa un abandono general del neoliberalismo, sino más bien una modificación de la globalización. Los demás elementos principales del neoliberalismo siguen intactos, pero puede que se abran nuevas oportunidades para políticas a favor de la gente común. O tal vez no.

Cuando los países en desarrollo intentan alcanzar a los países desarrollados, se topan con muchos desafíos. ¿Se les permitirá proteger las nuevas industrias que están intentando crear? ¿Podrán obtener financiamiento para las enormes inversiones necesarias? ¿Podrán acertar en su política económica? No es fácil, pero la historia nos dice que no es imposible.

Ahora que muchos países en desarrollo están interesados en el “desarrollismo” como una política para cerrar la brecha con los países desarrollados, vale la pena analizar qué se puede aprender de la historia con respecto a los fracasos y éxitos del Estado desarrollista. Uno de los principales desafíos para al desarrollismo es político: ¿será posible crear una coalición política fuerte e instituciones que respalden esta política durante un período prolongado?

El espectacular arresto en Canadá del jefe de finanzas del gigante chino de telecomunicaciones Huawei viene poco después de que el gobierno norteamericano a principios de este año impusiera un castigo a otra empresa china de telecomunicaciones, ZTE. El argumento es que estas compañías han violado las sanciones norteamericanas contra Irán. Pero el conflicto va mucho mucha más allá y tiene una importancia profunda tanto para EE.UU. como para China, con consecuencias de amplio alcance. ¿Hasta dónde está dispuesto a ir Estados Unidos para evitar que China se convierta en una gran potencia tecnológica?

Jueves, 05 Octubre 2017 17:15

El oso moribundo

La revista norteamericana Foreign Affairs (Asuntos Exteriores”) denominó en 2011 a Rusia como "El oso moribundo", por la alta mortalidad y la baja fertilidad del país. "La economía de Rusia no produce nada que la gente quiera comprar, aparte de petróleo, gas y armas", dijo el ex-presidente Obama en su última conferencia de prensa en 2016. "Vladimir Putin es una amenaza más grande que ISIS", según el Senador y ex-candidato presidencial John McCain, y según el actor Morgan Freeman, Estados Unidos está ahora en guerra con Rusia. Pero entonces vamos bien. Rusia está en camino a la perdición. No tiene gente, la economía es inservible, el país está listo y servido. ¿O están subestimando de nuevo su enemigo declarado?