Los EE.UU. - y en menor medida también otros países desarrollados como Inglaterra – han vivido más allá de sus medios durante la última década, lo que se ha reflejado en un déficit comercial abismal y una escalada de la deuda pública. Los déficit han sido financiados principalmente por los países asiáticos, en particular China, que tienen grandes superávit comerciales y están comprando enormes cantidades de bonos del estado de EE.UU. A pesar de estos problemas para todos visibles, la política económica de EE.UU. ha sido sorprendentemente despreocupada. La administración Bush bajaba los impuestos, inició guerras costosas y expandía incesantemente los gastos de defensa. El consumo de la población iba en aumento sostenido por un acceso fácil a crédito de bajo costo, y respaldado por un aumento irreal del valor de las viviendas. Lo que tal vez es lo más sorprendente es que había muchos economistas, aparentmente sensatos, que insistieron en que todo aquello era perfectamente normal y no constituía ningún peligro. El argumento era que la economía norteamericana era tan innovadora, productiva y rentable que funcionaba como un imán atrayendo un flujo constante de capital extranjero, lo que – por simple definición – por fuerza tenía que reflejarse en un déficit comercial. En cuanto al déficit de las finanzas públicas el argumento era que ella desaparecería con el tiempo, ya que el alto crecimiento económico produciría automáticamente un aumento en los impuestos.
Las burbujas: Han habido varias burbujas en la última década, alimentadas por expectativas poco realistas y por el acceso a crédito barato. Las burbujas más importantes se dieron en los mercados de valores y en los mercados inmobiliarios, pero también el crédito para el consumo tenía un crecimiento desmedido. Burbujas implican que deja de haber una relación entre los precios y el valor real de los bienes, ya que los precios comienzan a moverse más bien por la expectativa de que los precios seguirán eternamente en aumento. En el mercado de valores se puede medir este desajuste como la divergencia entre el precio de una acción y la ganancia de la empresa (o entre el precio de la acción y el valor de los bienes de la empresa), y en el mercado inmobiliario domo la falta de relación entre el precio de una vivienda y los ingresos de la gente que lo compra (o el precio de construcción de una casa nueva). Hace ya varios años que no hay en muchos países una relación entre estos parámetros que da sentido, entre ellos en EE.UU., pero de forma más exagerada en otros países desarrollados como Inglaterra, España y Dinamarca. Para convencerse de ello, basta una mirada a los precios de las vivienda en los alrededores de por ejemplo Londres o Copenhague – aún casis sencillas están ya fuera del alcance de asalariados comunes y corrientes.
Siempre es difícil predecir exactamente cuando una burbuja va a estallar. Siempre y cuando haya confianza entre la gente de que los precios van a continuar en aumento, las burbujas pueden continuar. Normalmente es algún acontecimiento externo que de repente pone al descubierto las suposiciones irreales en que se basa la burbuja. Este acontecimiento externo fue (inesperadamente) la crisis de los préstamos “sub-prime” de EE.UU. a mediados de 2007 (más sobre esto en un futuro artículo). Y de repente estalló la burbuja. Lo que hay que tener en mente es que la des-inflación de la burbuja todavía está en proceso, y todavía falta mucho para que los precios de las viviendas toquen fondo, por lo menos en algunos países (como por ejemplo Inglaterra, España y Dinamarca).
Cuando burbujas estallan, hay una reducción del valor del patrimonio de la gente. Quien antes pensaba que tenía bastante recursos, de repente se da cuenta que la situación ha cambiado ya que el valor de su casa o de sus acciones ha mermado. Sintiéndose más pobre, la gente se ajusta el cinturón y reduce su consumo. La reducción del consume conlleva a una caída en la producción y las inversiones, lo que a su vez reduce los ingresos, el consumo decrece aún más, y así consiguientemente en un espiral hacia abajo. El resultado final es por lo tanto una disminución de la demanda y una crisis de sobreproduccion (o de subconsumo). En este escenario estamos entrando al iniciar el año 2009.
La crisis actual se agrava por dos otros factores: la crisis inaudita en el mercado financiero que ha conllevado a intervenciones gubernamentales sin precedentes (y costosísimos) para evitar un colapso total, y la persistencia de los desequilibrios globales.
La respuesta de los gobiernos ha sido primeramente de enfrentar la crisis del sistema financiero (dando a los bancos acceso casi ilimitados a efectivo en los Bancos Centrales, y nacionalizando total o parcialmente las instituciones financieras), y en una segunda instancia de intentar de estimular la demanda para evitar que la crisis financiera transcienda hacia el sector real (productivo) de la economía. Sin embargo, no hay pistas todavía de como piensan enfrentar los desequilibrios globales, y hay solamente una discusión incipiente y tímida sobre cómo reformar el sector financiero para evitar que se repita la crisis en el futuro.
¿Cuál será la probabilidad de que estas políticas tengan éxito y logren evitar una recesión profunda? A mi juicio, es exigua. La razón principal es los desequilibrios globales, pero estos son agravados por falencias más sistémicos que a mi opinión no son muy bien entendidos (algunos pensamientos modestos en este sentido en un futuro artículo).
El epicentro de la crisis está en EE.UU. donde los desequilibrios son más pronunciados (salvo algunos países en desarrollo). El desequilibrio más visible es el déficit comercial, o sea que las exportaciones de bienes y servicios son mucho menores que las importaciones, conllevando a un déficit comercial de 7% del producto interno bruto (el PIB). Un déficit de este tamaño se asocia normalmente con un país en vía de desarrollo, no con un país desarrollado. A esta altura es común oír economistas argumentar que en los tiempos de globalización esto de fijarse en el déficit comercial es cosa del pasado. Empresas y ciudadanos norteamericanos han tomado la decisión (supuestamente racional) de mantener el actual nivel de consumo e inversiones, y el mercado financiero internacional con gusto a proveído los fondos. Son transacciones entre privados que no deben preocupar a los gobiernos. Sea como sea, esto ya cambió. El financiamiento internacional a las empresas y los consumidores norteamericanos ha cesado casi completamente, prácticamente de la noche a la mañana. Por cierto que los inversionistas internacionales todavía están dispuestos a financiar el déficit público comprando bonos del estado, ya que parece que todavía no dudan de la capacidad del estado norteamericano de pagar la deuda (aun que sea en dólares devaluados).
Estamos viendo entonces el inicio de un proceso de ajuste en la economía norteamericana, donde el consumo y las importaciones se reducirán y las exportaciones al exterior comenzarán a aumentar. Los ciudadanos norteamericanos tienen que ajustarse el cinturón reduciendo su consumo, tanto privado como público, lo que conducirá a una producción decreciente para el mercado interno. En esta situación las empresas norteamericanas deben poder usar esta capacidad ociosa para producir para los mercados extranjeros. Para facilitar este proceso de reconversión productiva es necesario que el dólar se abarate (devalúe) para que las empresas norteamericanas sean competitivas – lo que ya ha ocurrido. Por muy doloroso que sea este proceso de ajuste, no debería ser tan difícil, ¿verdad? Esta receta es la misma que las instituciones financieras internacionales han obligado a seguir a muchos países en vía de desarrollo.
Para tener una idea de la tarea que les espera : Los EE.UU. tenía un déficit comercial de 700,000 millones de dólares en 2007. Las exportaciones de bienes y servicios eran de 1,645,000 millones. Es decir que para llegar a equilibrar el comercio exterior, las exportaciones deben subir con 43% (o las importaciones deben disminuir con un monto similar). Hay sin embargo un problema. Gran parte de lo que EE.UU. produce, y que los consumidores norteamericanos ya no quieren o no pueden comprar, no es fácilmente vendible en los mercados internacionales (¿que les parece por ejemplo mandar los vehículos gastones y ahora invendibles de General Motors y Ford al mercado Europeo?). Los EE.UU. tendrían que comenzar a producir algo que el mercado internacional demanda, y para lograrlo es necesaria una re-estructuración de la economía norteamericana, donde se expanden los sectores que sí son competitivos internacionalmente y se contraen los sectores que no lo son.
No es que no sea posible eliminar los desequilibrios en la economía norteamericana, pero la experiencia de otros países en una situación similar demuestra que no hay soluciones rápidos y indoloras. La mayor parte de los países que han pasado por estos procesos de ajuste han pasado períodos prolongados de recesión y re-estructuración para lograr el ajuste necesario.
Por esta razón es difícil ver como EE.UU. pueda evitar una recesión. Grandes paquetes económicos para estimular la demanda bajando los impuestos y aumentando los ingresos o quedarán sin efecto (la demanda no aumenta por que la gente prefiere ahorrar) o simplemente perpetuarán los desequilibrios, al mismo tiempo que la deuda pública crece de forma insostenible. Lo que sí se puede hacer – y se entiende que está en los planes de la administración Obama – es aumentar las inversiones públicas en infraestructura y servicios sociales para contrarrestar algo el crecimiento del desempleo y disminuir el impacto de la crisis en las familias más pobres. Pero no se evitará una recesión y un largo período de ajuste estructural.
Aunque la mayor parte de Europa se encuentra en una situación diferente, una recesión también es probable allá. Como un todo, los países europeos tienen prácticamente equilibrado su comercio exterior, el déficit del sector público es limitado y la crisis financiera es manejable (con la excepción de Inglaterra, tal vez Suiza y por cierto Islandia). Hay sin embargo grandes diferencias entre los países europeos. Portugal, Italia y Grecia tienen fuertes desequilibrios, y España es afectada por el estallido de una burbuja en el sector de construcción y viviendas. En muchos países el sector público está en condiciones de poder impulsar un política de estimulación a la demanda para mitigar el efecto de la crisis internacional, pero con un Euro sobrevalorado será difícil evitar que la recesión en EE.UU tenga un impacto considerable. La situación de Inglaterra tiene similitudes con la de EE.UU. Por décadas los gobiernos de Inglaterra han hecho una apuesta al sector financiero como el sector motor de la economía, en detrimento de otros sectores que han sido afectados por una Libra Esterlina sobrevalorada, y al mismo tiempo la aventura petrolera del Mar del Norte está llegando a su fin. La recesión internacional será por lo tanto bastante doloroso para Inglaterra, donde la moneda ya está cayendo en picada.
Estamos en una situación históricamente inaudita, donde la esperanza queda en que los países grandes en vía de desarrollo, en particular China, puedan sostener su crecimiento y así contribuir a contrarrestar la caída en la demanda global internacional y por lo tanto suavizar el impacto de la crisis. Tanto en Asia como en América Latina hay iniciativas incipientes para estimular el comercio regional y crear nuevos mecanismos monetarios regionales que puedan disminuir el impacto negativo de la paralización del mercado financiero internacional. Sin embargo, si no hay un cambio profundo en la política económica en los países que tienen grandes superávit comerciales como China y Japón con una estimulación del consumo interno, estas iniciativas no tienen mucha probabilidad de éxito. Por otro lado, en caso de que efectivamente fueran exitosas, sería un mundo bastante diferente que emergería al otro lado la presente crisis.
