27 12 2008

Salvando el capitalismo de si mismo (2): Cuando los bancos dejan de funcionar.

El sector financiero constituye el centro de la crisis actual, y es principalmente “made in USA” y exportado al resto del mundo (al igual que el estallido de la burbuja del internet en el año 2000, pero contrariamente a otras crisis financieras recientes).

Antes de entrar en los detalles, acordémonos del papel central que juegan los bancos en una economía capitalista. Los bancos tienen la función principal de captar el dinero de la gente que desea ahorrar y canalizarlo hacia la gente que quieren prestarlo. De esta manera los ahorristas no tienen que andar buscando a quién prestar su ahorro. Ellos le confían su dinero al banco que por su lado hace el trabajo de chequear los que quieren prestarlo para asegurarse de que pueden repagar la deuda. Lo que es más, el ahorrista puede en principio retirar su dinero cuando quiere (a veces pagando una penalidad), mientras que los préstamos normalmente son a mediano o largo plazo. Es decir que el banco convierte depósitos de corto plazo en préstamos a más largo plazo.

Para que este sistema pueda funcionar, se requiere que haya confianza. El ahorrista necesita tener confianza en que el banco está haciendo bien su trabajo de chequear los clientes, y que el banco maneja los fondos de manera que él puede retirar sus fondos en el momento que lo necesite.  Históricamente esta confianza tiende a desaparecer en momentos determinados, conllevando a que todos los ahorristas intentan sacar su dinero a la vez y el banco queda sin dinero. Para conservar la confianza, los bancos están obligados a seguir ciertas normal prudenciales (que por ejemplo requieren que el banco debe mantener cierto monto de efectivo en el Banco Central) y están bajo la supervisión de una entidad pública (sea una Superintendencia, el Banco Central u otra entidad). Se ha mostrado muchas veces que estas medidas no son siempre suficientes para conservar la confianza del público, y en la mayor parte de los países se han establecido fondos de garantía donde el estado garantiza los ahorros (por lo menos hasta cierto monto).

El sistema bancario hace posible que empresas y personas pueden realizar proyectos de inversión sin tener que proveer todos los fondos de su propio bolsillo. Hay otras formas de conseguir capital, por ejemplo la emisión de acciones permitiendo a otras personas ser co-inversionistas comprando estas acciones, o la emisión de bonos que permite a otras personas prestar dinero directamente a una empresa. Pero los bancos son esenciales para el funcionamiento del sector productivo o comercial. Si los bancos dejan de funcionar, todo el sistema deja de funcionar.

Este papel de captar ahorros y canalizar los fondos a gente que quieren préstamos a veces es denominado “bancos de por menor” o "bancos minoristas" (“retail banking”), y muchas veces se agregan denominaciones como “anticuado” o “conservador”. Lo que se quiere señalar es que este tipo de negocio es para bancos (o países) que quedaron atrapados en el pasado. No lograron desarrollarse y entender la “nueva economía”. Quedaron reprobados.

El nuevo sistema financiero fue el resultados de unas grandes olas de liberalización financiera que comenzó en los países anglo-sajones en los años ochenta (bajo Reagan y Thatcher), y el proceso fue profundizado bajo los gobiernos de los Srs. Clinton y Blair en los años noventa. Otros países les siguieron de forma más lenta, pero por todo lado había una fuerte presión para iniciar el proceso de liberalización de los flujos financieros y desregular el sector financiero, a pesar de que la liberalización condujo a una serie de crisis bancarios en varios países (por ejemplo en Suecia en 1992, conde la mayor parte del sistema bancario, recién liberalizado, entró en una profunda crisis y debería ser rescatado por el gobierno).

La palabra clave para el proceso de liberalización del sector financiero fue innovación: nuevos instrumentos financieros deberían hacer los mercados financieros más eficientes. Algunos de estos servicios nuevos o mejorados constituyen algo útil para la economía: seguros contra fluctuaciones de las tasas de cambio, mercados futuros que permiten a las empresas asegurar insumos en el futuro a precios predeterminados, seguros contra la quiebra de clientes etc.

Pero la innovación más nociva resultó tener como fin liberar a los bancos de las regulaciones remanentes, particularmente el requerimiento de una relación entre el patrimonio de un banco y los préstamos otorgados. Se requiere que los bancos financian una parte de sus operaciones con fondos propios (o sea de los accionistas). Si algo va mal, el banco pierde primero los fondos propios, y cuando estos ya no alcanzan comienzan perder los fondos de los ahorristas. El requerimiento pone por lo tanto un límite al monto que el banco puede dar en préstamos sin pedir a los accionistas que provean más capital para el banco. Para esquivar este requerimiento, los bancos norteamericanos comenzaron a vender los préstamos directamente a inversionistas privados a través de los llamados Vehículos Especiales de Inversiones (SIV por sus siglas en inglés), con el fin de que estos préstamos no aparecieran en sus libros contables. En principio, lo que estaban haciendo los bancos era muy similar a sus negocios normales: convirtiendo ahorros de corto plazo en préstamos a más largo plazo. Pero lo hicieron “a un lado”, no contabilizaron las transacciones y de esta forma eludieron los entes reguladores, que prefirieron hacerse de la vista gorda - ¿quien quiere que se le critique por impedir la innovación y el desarrollo?

Los SIVs deberían en principio funcionar como entidades autónomas, independientes del banco “madre”. Los SIVs compraron los préstamos a los bancos y emitieron bonos con garantía en estos préstamos. Para inspirar confianza – y asegurar un buen precio para los bonos – hiceron los SIV valorar por empresas de “rating”, supuestamente independientes. La mayor parte de los bonos fueron clasificados como triple A o un poquito más bajo, implicando que deberían constituir una inversión muy segura.

Resultó que no lo eran. La razón principal era que había problemas serios de incentivos. Los préstamos especiales no fueron controlados de la misma manera de que los bancos controlaron sus clientes normales, sino que fueron encargados a agentes especiales que recibieron pago según la cantidad de préstamos que lograron hacer, independientemente de la calidad del cliente. Inversionistas inocentes confiando en el buen nombre del banco “madre” patrocinador y en las buenas clasificaciones que dieron las agencias de rating compraron los bonos especiales (muchas veces a través del mismo banco y siguiendo el consejo del banco). Y al final todo resultó ser una gran estafa. Préstamos sin valor a clientes norteamericanos sin capacidad de pago fueron vendidos en el mundo entero como bonos de primera clase. Lo que tal vez es lo más sorprendente es que también inversionistas institucionales que deberían saber lo que estaban haciendo, se dejaron estafar, incluyendo venerables bancos suizos.

La relación entre los SIVs y sus bancos patrocinadores resultó quedar en una zona gris. A la medida que los SIVs quebraron, los bancos han sido obligados a asumir por lo menos parte de las obligaciones y registrar parte de los préstamos en sus libros contables, causándoles enormes pérdidas. Esta innovación financiera por lo tanto no ha solamente socavado el fundamento del sistema financiero internacional, pero de paso se ha burlado del sistema de regulación bancaria.

Los bancos sufren normalmente durante períodos de recesión económica, aún sin estas innovaciones, a no ser que hayan sido muy prudentes (“conservadores”). Empresas que enfrentan una baja en sus ventas tienen problemas con el servicio de su deuda, igual que las personas que pierden su empleo. Cuando un banco ha sido extremadamente imprudente, como en el caso de los SIVs, el banco mismo llega a tener problemas serios. Como nadie puede saber cual es la calidad de la cartera de un banco, salvo con suerte en algunos casos el banco mismo, la confianza entre los mismos bancos se esfuma, ya que todos temen llegar a ser víctima de la bancarrota del vecino. De repente todas las transacciones entre los bancos tienen que realiizarse en efectivo o con garantías de alta calidad. Este colapso de la confianza conllevó a un parálisis casi total del sistema bancario internacional a finales del año 2008.

La reacción de los países desarrollados frente a la crisis financiera es de sobra conocida: enormes paquetes de rescate para devolver la confianza al sistema financiero y re-capitalización de los bancos afectados.

La pregunta del millón es: ¿y ahora que? El corazón del sistema capitalista ha estado fallando constituyendo así un amenaza para todo el sistema, ¿y que se piensa hacer para componerlo? Se escucha frecuentemente frases como “el término del sistema capitalista así como lo conocemos”, seguido por pronósticos de grandes cambios que vendrían.

No creo que vendrán. El modelo mas discutido es la llamada “solución sueca”. El gobierno (de centro-derecha) de Suecia nacionalizó en 1992 una parte importante del sistema bancario recién liberalizado, para así evitar un colapso total. Fue una condición para el acceso a los fondos públicos de rescate que los bancos asumieran primeramente todas las pérdidas con su capital propio (o sea con el dinero de los dueños del banco), y hasta en última instancia con los fondos públicos. Una vez superada la crisis, el gobierno volvió a vender los bancos al sector privado (con grandes pérdidas para las arcas públicas). Pero el sistema bancario como tal no sufrió cambios mayores. La crisis financiera actual también ha afectado el sistema bancario sueco, y aunque la mayor parte de las instituciones financieras suecas siguen funcionando, el gobierno sueco ha tenido que establecer un fondo de garantía gigantesco de 205,000 millones de dólares. El “modelo sueco” por lo tanto es más que todo un modelo para una intervención de emergencia, no constituye un repensamiento del papel del sistema bancario en una economía capitalista.

La razón por la cual no creo que habrá muchos cambios, es que no hay una fuerza política de consideración en los países desarrollados que reclame por cambios más profundos, a pesar del costo enorme que tienen que pagar los contribuyentes para superar el desastre que han dejado los magos financieros, altamente pagados, que afirmaron poder crear valores de la nada – igual que los alquimistas medievales. Cambios profundos requieren que haya una percepción general de la necesidad de cambios y al mismo tiempo exista una fuerza política considerable que presione por ellos.  Lo más probable es por lo tanto que  solamente habrá cambios menores - a no ser que la crisis llegue a ser mucho más severa que ahora.

¿Que es los que se necesita para salvar el capitalismo de si mismo? Yo diría: obligar a loos bancos a que regresen a su razón de ser original. Puede ser que los bancos sean privados, pero como la crisis actual nos ha mostrado de sobra, el sistema bancario es demasiado importante como para que se pueda permitir que quiebre, así que al final el mal manejo de la gerencia de los bancos privados llega a ser un problema público que los contribuyentes tienen que resolver.

  1. Los bancos deben enfocarse un su rol tradicional y aburrido de funcionar como “bancos minoristas”, convirtiendo ahorros en préstamos a más largo plazo. Todo tipo de negocio especulativo debe tener lugar en entidades separadas que no tengan vínculos con esta actividad primaria, y debe estar explícitamente excluido de cualquiera garantía pública.

  2. Los bancos tienen que respetar las reglas prudenciales, y los entes reguladores de los diferentes países deben asegurar que efectivamente sea el caso. Incentivos “perversos” que tientan a las gerencias de los bancos a hacer préstamos imprudentes deben ser prohibidos (por ejemplo vincular los salarios de la gerencia con la cantidad de préstamos otorgados). Los bancos pueden proveer todos los servicios para los cuales hay una demanda, pero estos servicios no deben poder constituir obligaciones ocultas para el banco – todas obligaciones deben aparecer en los estados financieros.

Hay algunos problemas que no son tan fáciles de resolver. Uno de ellos constituye en Europa la garantía para ahorristas extranjeros. Si el sector bancario de un país es demasiado grande, estas garantías puedes ser imposibles, ya que pueden llegar aíser varias veces más grandes que el Producto Interno Bruto (el PIB). La “cuestión islandesa” es de este índole (según se entiende los depósitos constituyen alrededor de diez veces el PIB en Islandia), pero países como Inglaterra y Suiza están en situaciones similares por el tamaño desmedido de su sector financiero. Tal vez se puede pensar en un fondo internacional (o por lo menos europeo) de garantía de los ahorros, financiado por los mismos bancos.

Lo que va a suceder finalmente depende de la correlación de fuerzas dentro del élite gobernante. El sector financiero ha llegado a ser muy poderoso durante las últimas décadas. Puede ser que el sector haya sido debilitado algo por la crisis actual, pero lo mas seguro es que pronto estarán de vuelta insistiendo en que demasiada regulación impedirá el funcionamiento de los mercados, destruirá la innovación y la creatividad y en última instancia impide el desarrollo. Prepárense pues para las futuras crisis financieras.

Aún así, el sector financiero se reducirá inevitablemente en el futuro próximo. Significará menos empleo en el sector y puede ser que hasta la gerencia de la instituciones financieras tenga que aceptar una remuneración más terrestre. Un comentarista del Wall Street Journal preguntó recientemente (aparentemente consternado) si un empleo en el sector financiero es menos importante que en otros sectores. La respuesta sencilla es que la mayor parte de nosotros no consumimos muchos servicios financieros, estos servicio son más bien un insumo más en los procesos productivos. De la mismo forma que la burocracia estatal. Si estos servicios pueden producirse de manera más eficiente y a un costo menor, se abaratarían los productos y los servicios que sí consumimos. Si se puede lograr reducir la burocracia del sector financiero, podríamos liberar mano de obra y recursos que podrían dedicarse a cuidar a nuestros hijos, nuestros enfermos y nuestros ancianos en lugar de dedicarse a cuidar nuestra plata (lo que de todo modo ya se sabe no es su lado fuerte).

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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