En la historia, imperios van y vienen. A veces terminan en un colapso espectacular, como fue el caso del Imperio de la Rusia del Zar, el imperio Austriaco-Húngaro y la Unión Soviética. Otras veces el declive es un proceso más largo y gradual, como fue el caso del imperio colonial inglés y de su contrapartida francesa (mucho más pequeña).
El imperio norteamericano está basado en dos pilares: su gran poderío económico y su poderío militar sin precedente.
EE.UU. emergió de la segunda guerra mundial como la economía líder del mundo, pero desde los años sesenta un rápido desarrollo económico en otras partes del mundo comenzaba a desafiar esta hegemonía económica. Este proceso ha acelerado en las últimas dos décadas, particularmente con el rápido crecimiento en China. Sin embargo, EE.UU. sigue siendo la economía más grande del mundo, si no consideramos la Unión Europea como una sola economía. EE.UU. tiene 4.5% de la población del mundo, y produce alrededor de 20% de la producción total, pero en términos de exportaciones el país es solamente el número tres (después de China y Alemania). En otras palabras, todavía es grande y poderoso, pero en descenso.
Sin embargo, la parte militar es diferente. Los EE.UU. se convirtió con la desaparición de la Unión Soviética en 1990 en la superpotencia militar indiscutible. Según el Instituto Sueco de Estudios de la Paz, SIPRI, EE.UU. gastó en 2009 661,000 millones de dólares, lo que corresponde al 43% del gasto militar mundial. China, que según las estimaciones de SIPRI gastó 100,000 millones es un distante número dos. Rusia gasta menos de 10% del presupuesto norteamericano. 44 de las 100 más grandes empresas de producción de armamentos del mundo son norteamericanas, y ellas representan más de la mitad de las exportaciones mundiales de armas. EE.UU. tiene, junto con Rusia, el arsenal nuclear más grande del mundo, y pueden con el apretón de un botón destruir cualquier país del mundo en cuestión de horas.
EE.UU. tiene además un sistema impresionante de bases militares en todas partes del globo. En 2007 tenían alrededor de medio millón de tropas emplazadas en 761 “sitios activos”, como los llama el Ministerio de Defensa (incluyendo sus tropas en Iraq y Afganistán). En términos de dinero, el aparato militar parece todavía pagable, ya que el gasto militar según el oficialista “Bureau of Economic Analysis” era de 5.6 % del PIB en 2010 (aunque es una cifra disputada por muchos como demasiado baja). El gasto militar es mucho más bajo que el de por ejemplo Israel (7.3%) o Arabia Saudita (10%), pero mucho más alto que el de Japón (0.8%), Alemania (1.5%) o Inglaterra (2.4%).
Aún así, tomando en cuenta el enorme déficit presupuestario de EE.UU. y la creciente deuda pública del país, la sostenibilidad de este gasto militar comienza a ser cuestionada. Es cierto que la deuda pública de EE.UU. todavía no pesa mucho sobre la economía, ya que la tasa de interés de los bonos del Estado es muy baja. Pero los EE.UU. tendrán en algún momento que pagar intereses más altas, y de ahí comenzará el dolor. Esto implica que la máquina militar norteamericana comienza a parecer cada vez más insostenible. Y claro, será peor si se les ocurra meterse en más guerras – por ejemplo en Irán o Siria – o si intervienen militarmente para sostener sus gobiernos amigos – por ejemplo en Egipto o Arabia Saudita.
Cuando se mira como el tema es abordado en EE.UU., parece que la preocupación no tiene que ver con la sobrecarga del aparato militar o la insostenibilidad de los gastos militares. La preocupación principal es China. El poderío económico de China está creciendo fuertemente, y a pesar de que China – contrariamente a EE.UU. - no tienen tropas emplazadas fuera de sus fronteras, también tiene una capacidad militar en auge.
En un número reciente de la revista inglesa “The Economist” hay un análisis del “Peligro de una China en subida”. Aseguran que “La historia nos demuestra que superpotencias pueden coexistir pacíficamente cuando la potencia en subida piensa que su crecimiento no será impedida y la potencia dominante piensa que su forma de manejar el mundo (“run the world”) no está siendo amenazada.” Si esto es el pensamiento que predomina en EE.UU. hay muchas razones de ser pesimista. Si hay un cambio de la correlación de fuerzas en el mundo, forzosamente tendrá que cambiar la forma en que EE.UU “maneja el mundo”. Si los EE.UU. no acepta esta premisa, habrán problemas. Es cuando un imperio comprende que un cambio de su forma de “manejar el mundo” es imprescindible, que pueden haber cambios pacíficos. Como cuando De Gaulle comprendió que no había forma de mantener a Argelia como una provincia francesa, o los ingleses comprendieron que tendrían que dejar su dominio sobre India. Desafortunadamente, a veces se precisa de derrotas militares antes de que el imperio en descenso logre comprenderlo. De ahí comienza el peligro.
Hasta el momento China ha acomodado a los norteamericanos. China ha deliberadamente evitado desafiar militarmente a EE.UU. No desafió seriamente la invasión norteamericana en Iraq, donde los chinos ahora están invirtiendo en los campos petroleros bajo protección de las fuerzas de ocupación norteamericanas – “te doy para que me des”. Tampoco ha desafiado seriamente a EE.UU. sobre Irán a pesar de que Irán es un proveedor de petroleo importante para China. Pero si la economía China sigue creciendo, esta docilidad no será perpetua.
Es verdad que los vecinos de China está nerviosos, y con razón. Los vecinos de una superpotencia siempre están desconfiados. Por eso los vecinos de Alemania siguen suspicaces. Por eso los latinoamericanos se sienten incómodos con el poderío excesivo de EE.UU. – “Tan lejos de dios y tan cerca de EE.UU.”, somo lo expresó un presidente Mejicano hace un siglo. Países pequeños que son vecinos de una superpotencia prefieren un mundo multi-polar, ya que les permite usar las relaciones con otras potencias como contrapeso. Por esta razón no debe ser ninguna sorpresa que muchos países Sudamericanos se sienten contentos de establecer relaciones de amistad con China, y comprar su equipamiento militar en Rusia o Francia.
Así que EE.UU. tendrá por fuerza que cambiar su manera de “manejar el mundo”, con las buenas o con las malas. Pero las cosas se pueden volver feas antes de que logren comprenderlo.
Está cada vez más claro que a esta altura el costo para EE.UU. de asaltar y ocupar otro país considerado enemigo es prácticamente prohibitivo, ya que el desplazamiento de grandes contingencias de tropas es muy costoso. Esto le deja otra alternativa : destruir el enemivo con un ataque aéreo convencional. Esta estrategia fue usada contra Yugoslavia y le funcionó, ya que el país capituló después de un par de semanas de bombardeos que destruyeron gran parte de la infraestructura y la capacidad productiva (y de paso causó la muerte de alrededor de 3,500 gente). Esta misma estrategia es seguramente también en consideración para ser usado contra Irán, no por que los EE.UU. no tengan la capacidad militar de atacar y ocupar Irán, pero por el costo de mantenerlo ocupado. La única razón por que no lo han hecho ya, es seguramente por que causaría una interrupción prolongada de la producción petrolera del Golfo Pérsico, lo que mandaría los precios del petroleo por encima de los 200 dólares el barril.
Sería aún más barato con un ataque nuclear. Esto si sería “shock and ave” ("aterrar y espantar") e inculcaría miedo a muchos enemigos. Si se descarta esta posibilidad, por que EE.UU. es un país civilizado y democrático, cabe recordar que EE.UU. es el único país que hasta el momento ha usado la bomba nuclear, matando en 1945 a alrededor de 200,000 civiles en Hiroshima y 60,000 en Nagasaki. Sean los que sean los argumentos por este ataque nuclear, es contra la ley internacional que no justifica la matanza deliberada de civiles para poner fin a una guerra de forma más rápida. Aún así, EE.UU. nunca ha expresado arrepentimiento, y – lo que es más alarmante – no han querido comprometerse a no usar armas nucleares salvo en caso de un ataque nuclear contra ellos. Durante la guerra de Corea (1950-53) el presidente Truman amenazó públicamente con el uso de la bomba atómica contra Corea del Norte y China (pero optó finalmente por no usarlo, y en lugar de ello destituyó a General MacArthur, que estaba argumentando fuertemente por el uso de las armas nucleares).
Durante la guerra de Vietnam, “Che” Guevara formuló la frase famosa “Uno, dos, muchos Vietnam”, para puntualizar lo que según él se necesitaba para romper el poder del imperio. EE.UU tiene actualmente dos “Vietnam” encaminados, uno en Iraq y otro en Afganistán. Esperemos que lo deje allí, y que escoja una manera más agraciado para encontrar su nuevo rol como una potencia entre muchas en un mundo multi-polar, basado en acuerdos y leyes internacionales. Desafortunadamente no se puede sin embargo descartar la posibilidad de que escojan finalmente el camino previsto por el “Che”.
