En la última votación de la ONU del 12 de octubre de 2022 condenando a Rusia por la anexión de las áreas de Ucrania bajo su control, 143 países votaron a favor de la resolución, 5 en contra y 35 se abstuvieron. Varios grandes países no-alineados se abstuvieron, entre ellos China, India, Pakistán, Irán, Etiopía y Sudáfrica, y otros grandes países en desarrollo que votaron por la condena se niegan a participar en las sanciones contra Rusia, como por ejemplo Indonesia, Bangladesh, Egipto, Brasil y México. El siguiente mapa es ilustrativo.

Azul: Rusia. Rojo: Países que sancionan a Rusia. Es un error en el mapa de wikipedia que Groenlandia no esté colorada en rojo, ya que es parte de Dinamarca y, por lo tanto, también participa en las sanciones. Japón participa solo parcialmente en las sanciones (por ejemplo, continúa su participación en el proyecto de petróleo y gas Sakhalin-2). Wikimedia
Esta falta de entusiasmo es recibida con asombro en Occidente. Aquí tenemos un caso claro de un país grande que invade a un vecino más pequeño y se apodera de parte de su territorio, una flagrante violación de los derechos de un país soberano tal como lo establece la carta magna de la ONU. Las sanciones deberían contar con el apoyo de la misma abrumadora mayoría que la votación en la ONU que condena a Rusia, ¿no es así? Pero obviamente no es el caso.
¿Cuál es entonces la razón por la que los países del sur se niegan a participar? Por supuesto, hay muchas diferentes razones, pero básicamente es porque ven la guerra en Ucrania como un conflicto entre la OTAN y Rusia, en el que no tienen por qué involucrarse. Una declaración del presidente sudafricano Cyril Ramaphosa en una respuesta al Parlamento sudafricano en marzo de 2022 es bastante representativo de esta postura: "La guerra podría haberse evitado si la OTAN hubiera prestado atención a las advertencias de sus propios líderes y funcionarios a lo largo de los años de que su expansión hacia el este conduciría a una mayor, no menor, inestabilidad en la región". El presidente de México, Andreas Manuel López Obrador, declaró en junio de 2022: “Qué fácil es decir: ‘Aquí te mando esta plata para armas’. ¿No se podría haber evitado la guerra en Ucrania? Por supuesto que sí.” No ven este conflicto como EE.UU. y la UE quieren que lo vean: como una guerra entre el bien y el mal, entre la democracia y la autocracia, entre la civilización y la barbarie, entre los defensores y los violadores de los derechos humanos, etc.
Para algunos países, su renuencia a participar se debe a una aversión general fundamental a las sanciones unilaterales. No hay duda de que esta es una razón importante para gran parte de África y América Latina. Ambos continentes son sensibles a la condescendiente y altanera moralización de parte de sus antiguos amos coloniales, que ven como un “neocolonialismo”. Como quien dice, “voy a enseñar a estos salvajes la diferencia entre el bien y el mal”. Muchos países del sur preferirían un mundo multipolar, que disminuiría el riesgo de ser de repente objeto de sanciones de parte del Occidente, y les daría más margen de maniobra en su política internacional.
El premio más cotizado para el OTAN+ en su cabildeo internacional contra Rusia constituía, y sigue constituyendo, China e India. Estos dos países albergan juntos alrededor del 38% de la población mundial, y son la economía más grande y la tercera más grande del mundo, respectivamente (en términos de poder adquisitivo). Ambos países insisten en tomar una posición neutral y quieren que el conflicto se resuelva a través de negociaciones.
Había inicialmente grandes esperanzas en el Occidente de que China participaría, al menos parcialmente, en las sanciones contra Rusia, ya que el país depende tanto del Occidente en el comercio y la tecnología que sería de su propio interés evitar enemistarse con la OTAN+. Hay muchas grandes empresas en China, incluidas las estatales, que están actuando con mucho cuidado para evitar ser objeto de sanciones directas o secundarias por parte de EE.UU. Pero desde un punto de vista político, dado que la hostilidad contra China está aumentando tanto en los EE. UU. como en la UE, una Rusia fuerte que no esté sometida a la OTAN es de gran importancia estratégica para China, incluso si Rusia es un socio comercial insignificante en comparación con los EE.UU. y la UE. Una pesadilla para China sería tener una Rusia aliada con la OTAN en el norte al mismo tiempo que se enfrenta al poderío militar estadounidense en el este y el sur. Al mismo tiempo, un “buen comportamiento” no es ninguna garantía contra sanciones estadounidenses. Si una empresa ss considerada un competidor potencial de EE.UU. en una industria de alta tecnología, es probable que, tarde o temprano, termine en la lista de empresas sancionadas. Entonces, aunque China continúe con su postura neutral en el conflicto de Ucrania, y es de su interés que el conflicto termine lo antes posible, tiene un claro interés en que Rusia no sea derrotada y sometida.
India está en una posición muy diferente, ya que ha sido seleccionada por EE.UU. como un socio estratégico para contener y enfrentar a China, por ejemplo, a través de su inclusión en la alianza militar “Quad” (EE.UU., India, Japón y Australia). Por otro lado, India tiene una relación de enemistad con Pakistán y una relación incómoda con China. Al mismo tiempo, la India tiene desde hace mucho tiempo una estrecha relación política y militar con Rusia (y antes con la Unión Soviética), y a pesar de que ahora ha comenzado a comprar armas a EE.UU., alrededor del 70 % de su equipo militar sigue siendo de origen soviético o ruso. A pesar de la furiosa resistencia de EE.UU., India compró en 2018 el avanzado sistema ruso de defensa aérea S-400, y actualmente Rusia está ampliando la planta nuclear de Kudankulam en Tamil Nadu a 6 gigavatios. India vela por sus propios intereses y no tiene ningún interés en verse obligada a tomar partido en la confrontación militar de la OTAN con Rusia. India ve con agrado que empresas estadounidenses se trasladan de China a la India, pero para los indios el riesgo de un futuro entendimiento entre Rusia, Pakistán y China es una pesadilla. Así que pienso que India cederá a la presión estadounidense en algunas áreas (por ejemplo, comprando más armas estadounidenses), pero mantendrá su postura neutral en la guerra.
Indonesia, la séptima economía más grande del mundo (después de Alemania y Rusia), es un aliado tradicional de E.UU. Ha sido chantajeada por EE.UU. recientemente para que abandone la compra acordada de aviones de combate rusos SU-35 (y en su lugar compre aviones norteamericanos y franceses), pero aun así ha resistido la presión de EE.UU. de unirse a las sanciones contra Rusia (e ha insistido en invitar a Rusia a la próxima reunión del G20 los días 15 y 16 de noviembre de 2022 en Bali). Lo mismo ocurre con otros países grandes como Brasil, México y Turquía (números 8, 12 y 13 respectivamente en la lista de las economías más grandes del mundo). Algunos o todos estos países pueden cambiar de posición, en caso de que Rusia sea derrotada en Ucrania, pero en caso contrario es poco probable que lo hagan. En el caso de India y Brasil, ninguno de los partidos políticos, ni de derecha ni de izquierda, propone sumarse a las sanciones.

El presidente de Indonesia, Joko Widodo, visitó Rusia el 20 de junio de 2022. Fue criticado fuertemente por el Occidente, a pesar de que también visitó Ucrania. http://en.kremlin.ru/events/president/news/68787
Sin embargo, los países en desarrollo más pequeños se encuentran en una situación más delicada, ya que están bajo fuerte presión de EE.UU. y la UE. Si la economía mundial entra en recesión en 2023 y las tasas de interés internacionales siguen siendo altas, muchos de ellos pueden necesitar préstamos de emergencia o alivio de la deuda. Estos préstamos serán probablemente condicionados a que cambien su posición sobre Rusia. Se ha aprobado un proyecto de ley en el congreso de EE.UU. (pero aún falta la aprobación del Senado) llamado "Contrarrestar las actividades malignas de Rusia", dirigido a castigar a los países africanos que no apoyan las sanciones contra Rusia. En el proyecto de ley, se afirma: “Es la opinión del Congreso que los Estados Unidos deben evaluar regularmente la escala y el alcance de la influencia y las actividades de la Federación Rusa en África que socavan los objetivos e intereses de los Estados Unidos; y determinar cómo abordar y contrarrestar dicha influencia y actividades de manera efectiva, incluso a través de programas apropiados de asistencia exterior de los Estados Unidos; y responsabilizar a la Federación Rusa y a los gobiernos africanos y a sus funcionarios que son cómplices en ayudar a tales influencias y actividades malignas”. El proyecto de ley ha sido condenado por los países africanos. En una reunión en la Comunidad de Desarrollo de África del Sur (SADC) en la República Democrática del Congo, en agosto de 2022, los 16 Jefes de Estado y de Gobierno expresaron con vehemencia su oposición conjunta a la ley propuesta, quejándose de que EE.UU. está convirtiendo el continente africano en un “blanco para medidas unilaterales y punitivas”.

El presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, visitó Biden el 16 de septiembre de 2022. Biden no logró que Sudafrica apoyara las sanciones contra Rusia. https://twitter.com/PresidencyZA/status/1570900255381803014
La falta de comprensión en Occidente por las posiciones adoptadas por los países del sur, es el resultado de una estrecha visión del mundo centrada en EE.UU. y la UE, que es generalizada en la mayor parte de la derecha y izquierda políticas. Cuando uno vive en un pequeño país latinoamericano, como yo (y lo he hecho durante décadas), es sorprendente ver qué tan diferente se ve la guerra de Ucrania desde Europa y América Latina (y África, donde trabajo con frecuencia). La reacción general es de horror al ver cómo los europeos se matan unos a otros en lo que parece cada vez más a una guerra religiosa medieval. La guerra de Ucrania no ocupa mucho espacio en los medios ni en el debate público: es una noticia marginal, del mismo modo que las horrendas guerras en Yemen, Etiopía y Palestina son noticias marginales en Europa y EE.UU. La reacción general entre los colegas y amigos latinoamericanos es de leve asombro: ¿por qué estos locos europeos y americanos no se sientan a conversar y encontrar una solución pacífica? ¿Se han vuelto locos? Y luego la preocupación: ¿estos tipos maníacos nos van a llevar a un exterminio nuclear?
Entonces, ¿quiénes son los “civilizados” y quiénes los “salvajes”?
