07 12 2023

¿Por qué los israelíes siguen hablando de Dresden?

Dresden visto desde el Rathaus (Alcaldía) en 1945, mostrando la destrucción. Dresden visto desde el Rathaus (Alcaldía) en 1945, mostrando la destrucción. https://en.wikipedia.org/wiki/Bombing_of_Dresden_in_World_War_II

Benjamín Netanyahu, el actual primer ministro de Israel, ha recordado a las audiencias occidentales las masivas muertes de civiles causadas por el bombardeo aliado de la ciudad alemana de Dresden en 1945. ¿Por qué lo hace? Lo que el quiere decir es: “si Ustedes pudieron, ¿por qué nosotros no podemos?” Los amigos estadounidenses y europeos de Israel se sienten incómodos cuando se hace esta comparación.

“¿En serio, sigues preguntándome sobre los civiles palestinos? ¿Qué te pasa? ¿No has visto lo que pasó? Estamos luchando contra los nazis”, dijo Naftali Bennett, ex primer ministro israelí, a Sky News hace un par de semanas. Y la embajadora israelí en el Reino Unido, Tzipi Hotovely, comparó la operación militar de su país en Gaza con el bombardeo aliado de Dresden durante la Segunda Guerra Mundial, diciendo que era la “única manera” de vencer a la Alemania nazi. "Dresden era un símbolo, pero Ustedes atacaron a Hamburgo, atacaron a otras ciudades y en total fueron más de 600.000 civiles alemanes los que murieron".

Los bombardeos estadounidenses e ingleses de Dresden, Hamburgo y Tokio se destacan, no tanto porque estaban dirigidos básicamente a poblaciones civiles (la Alemania Nazi ya lo había hecho durante las incursiones contra Ámsterdam y Londres), sino porque lograron su objetivo con tanto éxito : lograron matar una cantidad enorme de civiles. En este sentido fueron mucho más exitosos que el Blitz alemán contra Londres.

Se considera generalmente que el bombardeo de Dresden en febrero de 1945, descrito en la famosa novela de Kurt Vonnegut "El matadero número cinco", causó la muerte de unas 100.000 personas, la mayoría de ellas civiles - niños, mujeres y ancianos (aunque algunos ahora están revisando la cifra hacia abajo estimando unas 25.000), el bombardeo de Hamburgo en 1943 (operación Gomorra) causó probablemente la muerte de unas 40.000 personas, mientras que el bombardeo de Tokio probablemente mató a unas 100.000 personas (dejando más de un millón de heridos). El número inicial de muertos por las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki se estimó en 70.000 y 46.000, respectivamente (más las decenas de miles que murieron más tarde de forma horrible a causa de la radiación nuclear).

Pero los números son una cosa. La otra es el horrendo sufrimiento que causaron. Los ataques aéreos se realizaron con bombas incendiarias, lanzadas cuidadosamente para que el viento creara una tormenta de fuego, con vientos que alcanzaron velocidades de 270 kilómetros por hora y temperaturas en las calles que subieron al menos a 1400 grados, suficiente para derretir vidrio y asfalto. No sólo destruyó edificios, sino que también privó de aire a los refugios antiaéreos, obligando a la gente a abandonar los refugios, de modo que literalmente se derretirían al salir. La decisión de llamar el bombardeo “Operación Gomorra” muestra que esa fue exactamente la intención.

Las ruinas de Hamburgo después de la “Operación Gomorra” — Imperial War Museum / Wikipedia Commons

Los bombardeos fueron llevados a cabo por las fuerzas aéreas inglesas y estadounidenses. El primer ministro inglés, Winston Churchill, inicialmente estaba en contra de la idea. “Mi querido señor, ésta es una guerra militar y no civil. Es posible que usted y otras personas deseen matar mujeres y niños. Nosotros deseamos destruir los objetivos militares alemanes (y lo hemos logrado)”, le dijo en 1940 a un parlamentario que había pedido una rápida represalia por el Blitz. Pero cambió de opinión. Y a partir de 1943, las fuerzas aéreas estadounidenses e inglesas atacaron deliberadamente a civiles. La teoría era que las devastadoras pérdidas en el frente interno desmoralizarían a las fuerzas militares alemanas en el frente.

Se puede discutir eternamente si fueron crímenes de guerra o no: en ese momento no existían convenciones internacionales específicas sobre bombardeos aéreos, como las hay ahora. Sin embargo, para mí no hay mucho que discutir: por supuesto que lo fueron. La matanza masiva y deliberada de civiles no era habitual en las guerras anteriores a la Segunda Guerra Mundial. El argumento principal era que el enemigo, incluidos los civiles que los apoyaban, era tan cruel e inhumano (y los nazis y los japoneses eran horribles), que eran objetivos legítimos. Este es exactamente el argumento actual del Gobierno israelí por la matanza en Gaza.

El problema con esta forma de razonar es que implica que ya no pueden existir convenciones de guerra. No puedo imaginarme una guerra en la que los enemigos no sean considerados como crueles e inhumanos. Si no lo fueran, ¿por qué estarían en guerra con ellos? Entonces, es como que uno define normas que nunca aplican a uno mismo. En el infame “orden internacional basado en reglas".

Sin embargo, dejando la moralidad de los bombardeos a un lado, la mayor parte de las críticas a los bombardeos contra civiles han ido en otra línea: no fueron eficaces para lograr su objetivo, que era desmoralizar al enemigo. Después del devastador bombardeo de Hamburgo en 1943, la industria militar se restableció en un par de meses. Las horribles pérdidas civiles endurecerían la decisión de los alemanes de luchar hasta el final. El bombardeo de Dresden tampoco aceleró el fin de la guerra: la guerra terminó cuando el Ejército Rojo tomó Berlín tres meses después, con enormes pérdidas (estimadas en 80.000 soldados muertos y muchos más heridos).

Tanto los ingleses como los estadounidenses se han sentido bastante incómodos cuando surge la discusión sobre sus ataques contra civiles. Winston Churchill envió en marzo de 1945 un memorando dirigido a los Jefes de Estado Mayor británico: “Me parece que ha llegado el momento en que la cuestión del bombardeo de ciudades alemanas simplemente para aumentar el terror, aunque con otros pretextos, debería revisarse. De lo contrario, tomaremos el control de una tierra completamente arruinada…” El responsable de los bombardeos, el mariscal Arthur “bombardero” Harris, escribió en su respuesta: “Ésta es una doctrina a la que nunca podría suscribirme. Los ataques a las ciudades, como cualquier otro acto de guerra, son indefensibles a menos de que estén estratégicamente justificados. Pero están estratégicamente justificados en la medida en que tienden a acortar la guerra y preservar las vidas de los soldados aliados. En mi opinión, no tenemos ningún derecho a renunciar a ellos a menos que tengamos la certeza de que no tendrán este efecto. Personalmente no considero que todas las ciudades restantes de Alemania valgan los huesos de un granadero británico…” Como puede verse, el jefe de los bombarderos ingleses utilizó los mismos argumentos que los israelíes utilizan ahora. Los civiles palestinos no valen ni un solo soldado israelí. Por cierto, Churchill no era particularmente blandengue. En respuesta a las preocupaciones sobre la hambruna de Bengala de 1943 –de la que las políticas británicas fueron en gran medida responsables y en la que murieron aproximadamente 3 millones de indios –, comentó de forma sardónica: “Si los alimentos son tan escasos, ¿por qué Gandhi no se ha muerto todavía?”

Hiroshima después de la bomba atómica. https://commons.wikimedia.org/wiki/Atomic_bombings_of_Hiroshima_and_Nagasaki

En EE.UU. el principal esfuerzo ha sido justificar el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki, a pesar de que el bombardeo de Tokio, al menos inicialmente, produjo más víctimas civiles (pero es mucho menos conocido). En cuanto a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, la moralidad de matar civiles no ha sido el principal punto de discusión, sino su eficacia para poner fin a la guerra (y por tanto evitar la muerte de soldados estadounidenses). Dwight Eisenhower, general estadounidense y más tarde presidente, declaró: “Estaba en contra por dos motivos. Primero, los japoneses estaban a punto de rendirse y no era necesario lanzarles esa cosa horrible. En segundo lugar, odiaba ver que nuestro país fuera el primero en utilizar semejante arma”. Pero estadounidenses influyentes todavía defienden el uso de la bomba, y la mayoría del público estadounidense encuentra justificado el uso de la bomba, particularmente gente blanca de edad, protestante, católica, evangélica y judía por igual.

Un afiche del concurso de "Miss Bomba Atómica" en los años 1950 mkuestra una mujer en un traje modelado como una nube de hongo. (Photo by Tamami Shimizuishi)

Recuerdo un debate hace muchos años en Dinamarca sobre la moralidad del bombardeo de Dresden. Quizás por la aparición del libro de Kurt Vonnegut, no estoy seguro. Un político danés, ex socialdemócrata y líder de su propio partido, los “Demócratas de Centro”, dijo enojado que era una tontería : “Salté de alegría cuando supe que decenas de miles de alemanes habían sido quemados vivos en Dresden” (citado según lo recuerdo).

Cabe recordar que las matanzas de civiles en Dresden e Hiroshima fueron el resultado de guerras entre naciones. Según la ONU, la ocupación ilegal del territorio palestino por parte de Israel equivale a un “colonialismo de colonos”, y existen convenciones internacionales específicas sobre los deberes de los ocupantes (y los derechos de los ocupados, entre ellos el derecho a la rebelión). Así pues, lo que los israelíes están haciendo en Gaza es incluso más criminal que los bombardeos de Dresden e Hiroshima, que ellos se sienten con derecho a repetir.

El campo de refugiados de Jaramana en Damasco, Siria, tras la limpieza étnica en Palestina en 1948. Credit: in public domain, via Wikimedia Commons. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Man_see_school_nakba.jpg

Lo que quizás resulte más sorprendente es el pleno respaldo que Israel recibe de EE.UU.  y la UE (con algunas excepciones decentes). ¿A qué se debe? Un comentarista de India opina: “Hay muchas razones para la aparente interminable tolerancia de Occidente hacia la violencia israelí en Cisjordania y Gaza, de las cuales la más importante es la convicción de que Israel es básicamente un país europeo que terminó en una mala vecindad”. Me temo que tiene razón. Esto es como los argumentos a favor de las campañas estadounidenses contra los indios o las campañas inglesas contra la resistencia mau-mau al régimen colonial en Kenya (mataron a colonos blancos, incluidos mujeres y niños, y quemaron sus granjas, horrible, ¿verdad? ). Así que tenemos que elegir entre la civilización (Israel) y la barbarie (los palestinos). ¿Es tan difícil de entender?

Entonces, ¿tienen razón los israelíes al invocar a Dresden? Si quieren decir que los ingleses y los americanos deberían lamentar lo que han hecho, tienen razón. Pero si quieren señalar los crímenes de guerra de otros para justificar los propios, se equivocan.

El aviador y autor francés Antoine de St. Exupéry (cuyo libro más conocido es “El Principito”) escribió sobre la moralidad de los bombardeos aéreos (refiriéndose al bombardeo alemán/italiano de Madrid durante la Guerra Civil Española): “¿Un papel moral? Pero un bombardeo es contraproducente. Va en contra de su propio propósito. Cada bomba que estalla en Madrid provoca un endurecimiento paulatino. Lo que era una indiferencia indecisa se endurece. Un niño muerto importa cuando es tuyo. Me parece que un bombardeo no dispersa; unifica. El horror induce a apretar los puños, a cerrar filas en un mismo horror compartido... Allí está Madrid, recibiendo sus golpes en silencio. Pero lo mismo ocurre con el hombre: las dificultades fortalecen lentamente sus virtudes” (citado por Donald M. Schurman en “Mass Bombing. Some Moral and Historical Perspectives”).

Las imágenes que salen del matadero de Gaza han resultado incómodas para los líderes de la UE y EE.UU. No han cambiado su apoyo incondicional a la guerra israelí, pero ahora sienten la necesidad de suavizar su lenguaje y agregar demandas de que las fuerzas armadas israelíes muestren moderación y reduzcan las matanzas de civiles. Pero esto es sólo para el público. Su apoyo militar, financiero y político no ha disminuido: envían dinero, proyectiles y bombas y votan por Israel en la ONU. Como si los estadounidenses en particular no pudieran detener la guerra si quisieran: Israel depende completamente del apoyo financiero y militar de Estados Unidos. Es como los asentamientos ilegales en Cisjordania: EE.UU. y la UE los han estado lamentando públicamente durante décadas, pero saben muy bien que han continuado sin cesar. Retorcerse las manos en público es gratis.

El colmo de la comedia es cuando el Ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca visitó Israel a mediados de noviembre para mostrar la solidaridad de su gobierno con Israel, pero a través de la prensa danesa nos hizo saber que también vino con un “dedo índice levantado” (una expresión danesa de lo que uno hace a un niño desobediente), diciéndoles que el mundo entero está mirando, "así que tengan cuidado". Los israelíes se deben haber reído a carcajadas cuando se había ido.

 

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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