21 10 2023

¿Qué hacer al tomar la tierra de otra gente?

La franja de Gaza, donde 2,2 millones de personas viven hacinadas en 365 km², y con Israel controlando las fronteras y el espacio aéreo, ha sido descrita como la prisión al aire libre más grande del mundo. La franja de Gaza, donde 2,2 millones de personas viven hacinadas en 365 km², y con Israel controlando las fronteras y el espacio aéreo, ha sido descrita como la prisión al aire libre más grande del mundo. https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/ed/%D9%81%D9%84%D8%B3%D8%B7%D9%8A%D9%86-%D8%BA%D8%B2%D9%879.jpg

La historia nos muestra que ha sido bastante común que un país conquiste tierras donde viven otros pueblos, por lo que el caso del Estado de Israel no es único. Pero surge la pregunta: ¿qué hacer con la gente del territorio conquistado? El caso del Estado de Israel es un caso muy peculiar y está a la raíz de la tragedia palestina.

A la hora de tomar tierras donde viven otros pueblos, los conquistadores básicamente tienen tres opciones:

En primer lugar, si los pueblos conquistados se someten, existe la opción de dejarles seguir viviendo más o menos como lo han hecho siempre. Solamente ha cambiado el soberano, por lo que se pagaría impuestos al nuevo soberano y algunas leyes pueden cambiar. Esta era la opción más común en la Europa medieval, antes del nacimiento del Estado nación y del concepto de nacionalidad. Lo que unía a la gente era la obediencia (y el pago de impuestos) a un soberano, normalmente un Rey o un Príncipe, mientras que los pueblos que vivían dentro del Reino o el Principado muchas veces tenían diferentes costumbres y hablaban diferentes idiomas. Los imperios romano, otomano y mongol son otros ejemplos. Exigían obediencia y el pago de impuestos, pero no interferían mucho en la vida de los pueblos conquistados siempre y cuando estos se sometieran; si no lo hacían, el castigo podría ser muy cruel (especialmente los mongoles eran conocidos por ser extremadamente crueles, pero los romanos tampoco eran blandengues). En Europa, la religión era otra cosa, y en este caso la tolerancia era poca o inexistente (como lo demuestra por ejemplo la opresión contra los herejes, la guerra contra los protestantes y la expulsión de los moros y los judíos de España).

En segundo lugar, y particularmente después del nacimiento de los Estados nacionales, está la opción de la asimilación. En este caso, los pueblos conquistados cambian, por conveniencia o por la fuerza, su modo de vida, incluido su idioma y, en algunos casos, también su religión, pero se convierten en ciudadanos de plenos derechos (dependiendo de su clase social). Tomemos, por ejemplo, la conquista inglesa de Escocia, Gales e Irlanda entre los siglos XIV y XVI, la conquista sueca de las tierras danesas en Skaane en el siglo XVII y la conquista rusa del Cáucaso y Siberia, sólo por mencionar algunos casos.

Dinamarca perdió en 1645 Skaane (Scania), territorio danés, a Suecia. A pesar de varias guerras y algunas batallas exitosas (el cuadro muestra la batalla de Öland), Dinamarca no logró recuperar a Skaane en la conferencia de paz de Roskilde en 1658. Hubo algunas actividades guerrilleras durante un par de años (“snaphanerne”), que fueron reprimidas sin piedad, y la población local fue posteriormente asimilada gradualmente (algunos dicen que a la fuerza).

En tercer lugar, existe la opción de deshacerse de los pueblos que viven en el territorio conquistado, ya sea matándolos (hoy en día llamado genocidio) o, alternativamente, expulsándolos de su territorio (hoy en día llamado limpieza étnica), y muchas veces una combinación de ambos. Esto resulta atractivo para el conquistador cuando el objetivo principal es conseguir más territorio y no le interesa la gente que vive allí. Ocurrió en muchas colonias, en los casos donde el colonizador trajo un gran número de colonos (por ejemplo, América del Norte, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, Argentina y Argelia). La población original fue gradualmente exterminada o expulsada de sus tierras y confinada a algunos territorios limitados (reservas, bantustanes), mientras que los colonos se apoderaban de la tierra. En el caso de las islas caribeñas y las tierras que luego se convirtieron en los Estados Unidos de América, los conquistadores en realidad también necesitaban más gente (para el cultivo de azúcar, tabaco y algodón), pero se consideraba que los nativos eran demasiado hostiles para ser domesticados y forzados a trabajar, por lo que los conquistadores optaron por deshacerse de ellos y traer esclavos de África.

En los casos donde el conquistador trajo un gran número de colonos, como en la conquista inglesa de América (y más tarde Estados Unidos), la estrategia más común era de matar o expulsar a los nativos. La foto muestra una fosa común de nativos después de la masacre de Wounded Knee en 1890.

Hay una variante de esta tercera opción, que es lo que ocurrió en gran parte de América Latina. En este caso los conquistadores españoles efectivamente estaban interesados en la gente, ya que eran pocos los colonos y necesitaban a alguien que les trabajara (en las minas, la agricultura, como trabajadores domésticos, etc.), pero debido a epidemias y sobreexplotación, la población nativa fue diezmada, casi exterminada (y en el caso de por ejemplo Cuba y Jamaica, efetivamente exterminada). En algunos territorios optaron por importar esclavos de África (por ejemplo, Cuba, Jamaica, Brasil, zonas costeras de Perú, Colombia y Ecuador) y más tarde “culis” de China (por ejemplo, para la extracción del guano y la construcción de los ferrocarriles en Perú).

Pero volvamos al caso de Israel. Un movimiento para el regreso del pueblo judío a la tierra histórica de Israel y el restablecimiento de la soberanía judía allí, llamado el sionismo, comenzó a finales del siglo XIX. Organizaron la migración de judíos a Palestina, en ese momento bajo dominio otomano, y más tarde, después de la Primera Guerra Mundial y la caída del Imperio Otomano, bajo el dominio colonial británico. Obviamente había el problema de que la tierra tenía casi dos milenios de estar habitada por otros pueblos: los palestinos. La mayoría de ellos eran musulmanes, pero había además minorías cristianas y judías (en 1922 el 9% y el 11% de la población, respectivamente). Para conseguir un territorio propio, el movimiento sionista logró durante la Guerra Civil Palestina de 1947 expulsar de la tierra a la mayor parte de la población originaria, un acto que sólo puede describirse como limpieza étnica. Luego se creó en 1948 un Estado judío en parte del territorio de Palestina, que en un raro caso de cooperación Este-Oeste obtuvo el apoyo tanto de las potencias occidentales como de la Unión Soviética, y el nuevo Estado fue reconocido por la ONU (los países árabes votaron en contra y nadie preguntó a los palestinos de su opinión). Desde entonces, Israel ha ampliado su territorio más allá de las fronteras reconocidas por la ONU y continúa haciéndolo, como es bien sabido.

Es obvio que Israel, como conquistador, ha elegido la tercera opción mencionada: deshacerse de la población nativa de la tierra conquistada, en una mezcla de matanzas y limpieza étnica.

La pregunta es ¿por qué han elegido esa opción en lugar de las otras dos opciones más humanas? La razón es que Israel se ha definido a sí mismo como un Estado judío y las personas que pueden demostrar que tienen antepasados judíos tienen, a través de la Ley del Retorno, derecho a convertirse en ciudadanos con plenos derechos. El judaísmo, a diferencia del islam y el cristianismo, no practica el reclutamiento y la conversión de no judíos. En principio, inmigrantes no judíos también pueden convertirse en ciudadanos mediante un procedimiento especial (si no son árabes), pero en la práctica no es muy común. Por tanto, la asimilación, voluntaria o forzada (la segunda opción), no es una opción.

Se puede decir que Israel ha seguido la primera opción en el caso de los árabes que no huyeron en 1948 (que con sus descendientes ascienden ahora a alrededor de medio millón de personas) y que viven dentro de las fronteras reconocidas por la ONU, en su mayoría musulmanes pero también cristianos. Tienen, por ejemplo, derecho a votar en las elecciones (y hay miembros árabes en el Parlamento e incluso algunos jueces árabes). Los críticos dicen que tanto de facto como de jure existe discriminación contra los no judíos, pero es otra historia. El principal desafío no está relacionado con esta población no judía relativamente pequeña (alrededor del 20% de la población israelí), pero con la gran población árabe en las áreas ocupadas (Cisjordania y Gaza), muchos de estos refugiados (y sus descendientes) de las guerras de 1947 y posteriores.

Básicamente, ha habido dos propuestas sobre la mesa durante las últimas décadas: una solución de dos Estados y una solución de un Estado. En la solución de dos Estados, se crea un Estado palestino soberano en Cisjordania y Gaza, y en la solución de un Estado, se crea un Estado palestino-israelí que une Cisjordania y Gaza con Israel.

El problema es que Israel en realidad rechaza ambos. Y ellos son los gobernantes de facto. No quieren ver un Estado palestino independiente a sus puertas, ya que lo ven como una amenaza a la seguridad, y aunque con gusto anexarían los territorios ocupados, no quieren darle a la gente allí plenos derechos ciudadanos, ya que los palestinos podrían terminar siendo mayoría y eso sería el fin de Israel como Estado judío.

Cuando Yasser Arafat (q.e.p.d.) reconoció la existencia de Israel como condición para llegar a la solución de dos Estados (los llamados acuerdos de Oslo, patrocinados por Estados Unidos), muchos palestinos lo criticaron porque significaba que aceptaba que las personas que dejaron sus tierras y propiedades en 1947 huyendo de la guerra perderían para siempre su derecho a regresar y sus propiedades. Se puede argumentar que Arafat simplemente aceptó la “realidad sobre el terreno”, como les gusta a los estadounidenses llamarlo, y que la limpieza étnica de 1947 fue un “hecho consumado” que ya no podía revertirse. Al final, los Acuerdos de Oslo nunca se efectuaron. Se creó una especie de gobierno autónomo palestino limitado en Cisjordania, con base en Ramallah, pero la ocupación israelí continuó, y para asegurarse de que la solución de dos Estados nunca pudiera convertirse en realidad, se establecieron colonias judías en Cisjordania y en Jerusalén Oriental, que en 2023 ascenderían a 500.000 personas en Cisjordania y 200.000 en Jerusalén Oriental. Así que ahora la población israelí en Cisjordania ascendería a unos 700.000 colonos judíos frente a unos 2,7 millones de palestinos (más 2,2 millones de palestinos en la Franja de Gaza). Una solución de dos Estados significaría que los colonos judíos tendrían que vivir en un Estado palestino o regresar a Israel y establecerse allí.

El apoyo a la solución de dos Estados sigue siendo la política oficial de la mayor parte de la comunidad internacional, incluidos EE.UU., la UE, China y Rusia, pero hay los que afirman que el tiempo para la solución de dos Estados ha pasado, y ahora solamente queda la solución de un solo Estado.

Está claro que la opción preferida del Gobierno israelí es deshacerse de los palestinos. El escenario soñado es expulsarlos a Jordania y Egipto en una nueva ola de limpieza étnica. Sin embargo, tanto Jordania como Egipto han dejado claro que no lo aceptarán, por lo que si Israel intenta hacerlo, cerrarán las fronteras. El resultado más probable de la actual guerra con Hamas es una renovada ocupación israelí - de lo que queda después del bombardeo masivo israelí.

La población palestina en los territorios ocupados se levanta frecuentemente contra las fuerzas de ocupación, levantamientos llamados Intifadas (1987, 2000, 2017) (la foto es de la primera Intifada). Los levantamientos han sido aplastados por las fuerzas de ocupación israelíes.

Los israelíes tendrán que aumentar la represión en los próximos años, ya que habrá con seguridad más levantamientos de la población palestina en el futuro, tanto en Gaza como en Cisjordania, dadas las desesperadas condiciones en que viven. No será fácil para los Israelíes. Deberían estudiar la historia de otras ocupaciones en tiempos recientes, por ejemplo la ocupación alemana de la mayor parte de Europa entre 1939 y 1945. En los países más rebeldes, principalmente en Europa central, oriental y sudoriental, los alemanes tuvieron que utilizar medidas extremas para mantener el control. La regla general era que un soldado alemán muerto debía pagarse con 20 lugareños ejecutados, a menudo en público, a veces seleccionados al azar. Las rebeliones más grandes fueron cruelmente reprimidas, como por ejemplo el levantamiento en 1943 del gueto judío de Varsovia (que tiene muchas similitudes con el levantamiento en Gaza).

El heroico levantamiento en el gueto judío de Varsovia en 1943 fue brutalmente aplastado por el ejército de ocupación alemán. Los defensores de la ocupación israelí de Cisjordania y Gaza se sienten profundamente ofendidos cuando se hacen comparaciones con la Franja de Gaza, pero las similitudes son difíciles de ignorar.  https://en.wikipedia.org/wiki/Warsaw_Ghetto_Uprising#/media/File:Stroop_Report_-_Warsaw_Ghetto_Uprising_BW.jpg

La conclusión es que no es nada fácil ser una fuerza de ocupación. A menos que el conquistador mate a toda la gente del territorio ocupado, tienden a producirse nuevos levantamientos periódicamente a pesar de la represión. Esta es una historia de nunca terminar.

Así que mi consejo sería no tomar tierras ajenas, especialmente si hay gente viviendo en ellas. Ser fuerza de ocupación no es para gente blandengue. Quienes lo hagan tendrán que tener la voluntad de ejercer una crueldad extrema. Y no quedarán bien en los libros de historia.

Israel se ha metido en un callejón sin salida del cual será difícil salir. Los acuerdos de Oslo les dieron una oportunidad histórica que no aprovecharon. Tal como están las cosas ahora, no se vislumbra ninguna solución, por lo que la espiral de violencia sin duda va a continuar. Los palestinos sólo cuentan con un tibio apoyo de los países árabes, mientras que Israel cuenta con el apoyo incondicional de la UE y Estados Unidos, por lo que se puede decir que lo más probable es que Israel pueda continuar como siempre. Pero incluso el apoyo de la UE y Estados Unidos tiene sus límites, ya que implica costos políticos para los europeos y los estadounidenses (este artículo del Financial Times es muy informativo al respecto). Creo que a Israel le espera un despertar desagradable en algún momento del futuro si no se dan cuenta de que no pueden estar seguros de mantener para siempre su actual supremacía militar y empiecen a pensar en encontrar una solución que respete los derechos de los palestinos. Dudo que lo hagan.

 

 

 

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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