05 11 2019

No echen la culpa a Christina

Christina and Lula Christina and Lula https://commons.wikimedia.org/wiki/Cristina_Fern%C3%A1ndez_de_Kirchner#/media/File:Cristina_y_Lula_2.jpg

Cuando Mauricio Macri ganó la Presidencia argentina en 2015, había alegría en Washington, la Unión Europea y, sobre todo, entre la derecha latinoamericana. Finalmente, se librarían del gobierno incompetente y populista en Argentina. "Los tecnócratas al rescate", escribió la revista inglesa "The Economist", y afirmó que Macri "está eligiendo tecnócratas bien considerados para ocupar los principales puestos económicos". Lamentablemente, después de haber hecho un intento heróico de rescatar al país, Macri perdió las elecciones presidenciales en octubre de 2019 y los mismos malvados populistas están de regreso. Esto es lo que nos quiere hacer creer la mayoría de la prensa internacional. No solo están equivocados, es una distorsión flagrante de los hechos.

Una de las noticias más incrédulas es cortesía de la emisora estatal danesa, Danmarks Radio. Su corresponsal en Buenos Aires, Kristian Almblad, dice a la emisora: "Con pequeñas desviaciones, el país ha estado en crisis económica desde 2001, cuando fue golpeado por un debacle financiero. Luego tuvieron que tomar grandes préstamos que todavía están pagando", dice, y continúa: "Existe un amplio consenso entre los expertos ... que Christina ... era económicamente irresponsable".

Así que ahí estamos: un gobierno populista irresponsable a cargo de Argentina desde 2003 hundió al país y dejó un desastre al pobre Macri en 2015. Política económica equivocada, alianzas internacionales equivocadas, todo equivocado. Macri tenía todas las buenas intenciones, pero desafortunadamente no estaba a la altura de la situación.

Para que no nos olvidemos completamente de la historia: Argentina fue en la década de 1990 el hijo predilecto de la efervescencia neoliberal que se había apoderado del mundo después de la caída de la Unión Soviética. El presidente Carlos Ménem, emprendió bajo el auspicio benevolente de Washington, el FMI y el Banco Mundial una política de reformas radicales introduciendo la libre convertibilidad del peso, vinculándolo al dólar, privatizando empresas públicas, liberalizando y abriendo la economía a la competencia extranjera (y, de paso, condecorando al general chileno Augusto Pinochet y otorgando una amnistía a los oficiales militares argentinos involucrados en la guerra sucia con un estimado de 30,000 muertos). Ménem fue presentado por el FMI a otros países en desarrollo como el ejemplo brillante a seguir. Pero el ejemplo brillante terminó en desastre: con un peso sobrevalorado, la economía entró en recesión en 1996 y colapsó en 2000 (ahora con el sucesor de Ménem, Fernando de la Rúa, como presidente). El FMI entró con enormes paquetes de apoyo, de los cuales una gran parte fue derrochada en un intento mal concebido de mantener el valor del peso de uno a uno con el dólar. Al final, el único resultado tangible fue más endeudamiento del país.

El entonces relativamente desconocido Néstor Kirchner ganó las Elecciones Presidenciales en 2003 cuando Ménem se retiró de la segunda vuelta, previendo que la iba a perder. En ese momento, la deuda externa fue considerado impagable, y Kirchner optó por un "default", o sea no-pago de la deuda, aseverando que el país estaba dispuesto a pagar, pero que se necesitaba una condoncación de una parte importante de la deuda (lo que los gringos llaman un "haircut" ("corte de pelo")). De esta manera, Kirchner se convirtió de la noche a la mañana en la figura de odio número uno de la "comunidad financiera internacional". Argentina logró reestructurar la deuda, con un recorte de alrededor del 73%. El resultado fue que la economía argentina dio un giro sorprendente y se recuperó vigorosamente. Después de solo tres años, el PIB llegó a superar el nivel anterior a la crisis, como se puede apreciar en la siguiente gráfica.

Fuente: Banco Mundial, Atlas Method (https://data.worldbank.org/indicator/NY.GNP.PCAP.KN)

En cuanto a la recuperación de la economía, Argentina compara favorablemente con Grecia que entró en una profunda crisis de la deuda externa en 2007, y donde por presión de la UE se descartó un no-pago de la deuda. El FMI pronostica que la economía de Grecia en 2023 seguirá siendo un 17% inferior al nivel anterior a la crisis, ¡después de 14 años de gestión de crisis bajo el auspicio del FMI y la UE! Considera que la economía de Grecia recuperará su nivel pre-crisis hasta en 2034.

Fuente: Banco Mundial (https://data.worldbank.org/indicator/NY.GNP.PCAP.KD?end=2018&locations=GR&start=2000)

Al mismo tiempo, una política de redistribución social implicaba que la tasa de pobreza en Argentina se redujo a menos de la mitad, la pobreza extrema se redujo al 5% y el desempleo se redujo del 26% al 7% (la razón por la cual los gobiernos de Kirchner-Fernández se ganaron la etiqueta de "populista").

No quiere decir que el legado de Kirchner-Fernández carezca de sombras. Como se puede ver en la gráfica anterior, la economía se estancó después de 2011 (entre otros debido a la caída de los precios de los principales rubros de exportación de Argentina), se mantenía una serie de controles que no conducían a la eficiencia económica (control de divisas, tarifas artificialmente bajas para muchos servicios públicos, etc. ), la inflación rondaba el 20%, y había déficits moderados en las finanzas públicas y en la cuenta corriente. Pero como fue mencionado, la pobreza se había reducido significativamente, el desempleo era relativamente bajo y no menos importante: la deuda externa era manejable (52% del PIB). Por lo tanto, la economía que recibió entregó Macri en 2015 se hallaba estancada y por cierto había necesidad de hacer cambios, pero no había ninguna crisis aguda.

Uno de los desafíos que enfrentaba Argentina era que no tenía acceso a los mercados financieros internacionales, ya que los fondos buitre estadounidenses que habían comprado una pequeña parte de la deuda argentina a un precio regalado, se resistían a aceptar el recorte acordado e insistían en que se les pagara la deuda en su totalidad (con una ganancia de cientos de por ciento). Fueron respaldados por un juez estadounidense de su propia elección. Esto impedía que Argentina honrara su deuda, ya que los pagos que hicieron a los acreedores fueron confiscados por los fondos buitre. En otras palabras, pura extorsión patrocinada por el estado.

Macri, en lugar de reconocer el delicado equilibrio de la economía argentina, comenzó con reformas radicales. Su primera prioridad era obtener acceso a los mercados financieros internacionales para así tener acceso a préstamos internacionales. Acordó pagar a los fondos buitre norteamericanos 4,650 millones de dólares (emitiendo nuevos bonos del Estado, comenzando así un nuevo ciclo de endeudamiento). Levantó los controles de capital y los inversionistas internacionales acudieron en masa al país atraídos por las altas tasas de interés, comprando bonos de corto plazo (llamados LEBAC) - mientras que los argentinos acaudalados eran más listos  y aprovecharon la oportunidad para sacar su dinero del país. Levantó los controles de precios de los servicios públicos y quitó el impuesto a la exportación de productos agrícolas (dejando así un gran déficit en las finanzas públicas). Durante el primer año del gobierno de Macri la economía decreció, pero en 2017 parecía estar recuperándose, impulsada por la afluencia de capital financiero extranjero, y esta breve bonanza económica favoreció a Macri durante las elecciones parlamentarias en 2017, fortaleciendo su posición en el Congreso Argentino. Por desgracia, su política no funcionó. La inflación aumentó, el capital extranjero cortoplacista huyó del país y el peso quedó bajó  presión. Luego, a mediados de 2018, el FMI, liderado por Christina Lagarde, acudió al rescate con el paquete financiero más grande que el FMI haya colocado nunca: 57 mil millones de dólares, volviendo a desperdiciar una gran parte en un intento inútil de evitar la devaluación del peso. Además, pagaron la mayor parte por adelantado, basándose en proyecciones de pura fantasía que indicaban que el país iba a entrar en un proceso de crecimiento económico vigoroso. Lo que por supuesto no sucedió. Los críticos argumentan que lo que hizo el FMI era endeudar Argentina con 57 mil millones de dólares para financiar la fuga de capitales.

Por supuesto, casi todos los principales medios de comunicación internacionales y nacionales habían aplaudido al gobierno de Macri en 2015, y el FMI y el Banco Mundial estaban felices de tener a Argentina de vuelta en el corral (el gobierno de Christina les había pagado lo que se les debía y luego sin más ceremonias los había botado del país). Sin embargo, entre estos aplausos casi unánimes, también hubo muchas advertencias más prudentes de que el FMI y Argentina estaban en camino a repetir los errores del pasado. No fueron escuchados.

Pero, ¿podría Macri haber actuado de otra manera? ¿No necesitaba Argentina reforma serias? Sí, podría haber actuado diferente, si él y su gente no hubieran estado cegados por los intereses de su propia clase, por prejuicios ideológicos y por teorías económicas obsoletas, en boga en los felices años neoliberales de los noventa. La deuda externa de Argentina está otra vez en un nivel donde necesariamente requerirá una reestructuración, la inflación supera el 50%, la pobreza está afectando a más de un tercio de la población y el desempleo está creciendo.

Macri y el FMI han dejado un desastre sagrado para el Gobierno entrante. Lo más imperdonable es haber endeudado al país una vez más sin que se note beneficio alguno. El nuevo Gobierno tiene ante sí una tarea que no es nada envidiable.

Así que no culpen a Christina.

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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