Durante el reciente rescate financiero de Grecia, muchos comentaristas europeos elogiaron Irlanda. Se decía que los irlandeses no eran como los griegos tramposos que habían entregado estadísticas falsificadas para poder entrar a la zona euro, y después se habían mostrado incapaces de lograr un equilibrio entre los ingresos y gastos del sector públicos. No así los irlandeses que habían actuado rápido y de forma responsable mostrando su voluntad firme de cortar los gastos públicos y así poner orden en su casa.
Pues, ahora la situación es diferente, ya que Irlanda está siendo rescatada por la Unión Europea (UE), y más y más gente comienzan a dudar de su capacidad de pagar sus deudas.
Si miremos los
países llamados “PIIGS” (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y
España), tres de los cuales están ubicados en la
periferia de la
UE, todos padecen de varios problemas que aquejan el resto de los
países desarrollados.
- El primero es el estallido de la burbuja inmobiliaria, conjunto con el estallido de la burbuja del crédito de consumo, que han llevado a la miseria a millones de familias que han comprado su vivienda a precios demasiado elevados y se han endeudado de manera exagerada.
- Como un resultado de estas burbujas desinfladas, el sector financiero ha entrado en una crisis severa.
- Además, muchos de estos países son ahora poco competitivos como resultado de su adopción del Euro como moneda nacional. Se podía disimular esta falta de competitividad cuando el acceso al crédito era fácil, lo que permitió financiar las burbujas del mercado inmobiliario y del crédito de consumo. Pareciera que era posible llegar a un desarrollo económico simplemente aumentando el consumo.
- Durante este proceso, los gobiernos han salido más y más endeudados, ya que los estados han tenido que pagar tanto el costo social de la crisis como el rescate del sector financiero. Y de repente los acreedores comienzan a dudar de la capacidad de los gobiernos de pagar sus deudas.
Estos cuatro problemas han afectado cada uno de los países, pero en distinta medida. En Grecia la caída en los precios de bienes raices ha sido mínima, y la banca no está en crisis, pero su problema principal es una falta de competitividad que se refleja en un déficit crónico en el comercio exterior, un alto desempleo y una abultada deuda pública (que se espera llegue a casi 150% del PIB en 2013), lo que significa que una gran parte de los ingresos del estado se destinarán a pagar los intereses de esta deuda.
Irlanda es un caso distinto. Debido principalmente al “boom” del sector inmobiliario, las finanzas públicas se miraban bastante sanas antes de la crisis, pero una vez desinflada la burbuja inmobiliaria se desplomaron los ingresos del estado y ahora hay un déficit cuantioso en las finanzas públicas. Lo peor en el caso de Irlanda, sin embargo, es que el sector inmobiliario llevó consigo los principales bancos del país en su caída. Como el gobierno irlandés intentaba de evitar la crisis bancaria garantizando sus deudas, estas deudas ahora se han convertido en deuda pública. La economía de Irlanda también tiene problemas de competitividad, pero como lo dijo un obrero portugués recientemente en una entrevista televisiva: “Los irlandeses están mejor que nosotros, porque por le menos les queda todavía algunas industrias, mientras que a nosotros no nos queda nada”.
Lo que nos lleva al caso de Portugal, que muchos piensan será el siguiente candidato a un rescate de la UE. Portugal no ha tenido una burbuja inmobiliaria, así que la caída de los precios inmobiliarios ha sido limitada y por lo tanto no ha afectado mucho a la banca. La deuda pública no es particularmente alta (76% del PIB), pero como un resultado de la caída general de la demanda, el déficit en las finanzas públicas llega casi a niveles exorbitantes - en 2009 9% del PIB y en 2010 alrededor de 7%. Si la tasa de interés que tiene que pagar Portugal por su deuda pública sigue subiendo, el costo para el país será muy pesado. Sin embargo, el problema mas grave es la falta de competitividad que ha sido agravada por la adopción del Euro, por lo que el país ha tenido un crecimiento económico letárgico ya por muchos años.
Cuando una crisis de la deuda pública comienza, es difícil de parar. Los acreedores piensan que el riesgo es alto, así que demandan un interés alto para comprar los bonos del estado. Esta subida de los intereses hace más insostenible el pago de la deuda, lo que incrementa el riesgo, etc. etc. Hasta que la situación se vuelve insostenible. Tanto Grecia como Irlanda ya pasaron por este ciclo viciosos y tenían que ser rescatados. Y ahora está afectando a Portugal y España.
Países que pueden emitir los bonos del estado en su propia moneda están en una situación más favorable. Pueden devaluar su moneda y así forzar los acreedores a asumir parte de las pérdidas. Pero países que emiten los bonos del estado en una moneda que ellos no controlan, como es el caso de los países de la zona Euro y de la mayor parte de los países en desarrollo, no tienen esta posibilidad. Los países que han adoptado un tipo de cambio fijo (el caso de Argentina en los años noventa) o que simplemente han adoptado una moneda extranjera como moneda nacional (Ecuador, El Salvador, Panamá) están peor parados – salir de esta situación es extremadamente doloroso, como lo averiguaron los argentinos hace una década.
Los griegos y los irlandeses sufrirán en la próxima década. En ambos países se han aprobado paquetes de austeridad muy duros. En los próximos cinco a diez años la demanda será débil, el desempleo alto, el crecimiento bajo o negativo – a no ser que los países vecinos lleguen a tener un crecimiento alto que pueda ayudar a sacar sus economías del hoyo. Claro que la gente protesta, pero hasta el momento la mayoría se ha resignado a aceptar ajustarse el cinturón con cortes de salarios, suspensión de servicios públicos etc., pero como los mismos paquetes de austeridad afecta la demanda también afecta los ingresos del estado, así que para compensar posiblemente se va a exigir otros paquetes de austeridad. No se sabe si en este caso – muy probable - la docilidad de la gente continuará.
Pero, ¿cuales son las alternativas?
Una alternativa para países como Irlanda (o Islandia) donde el mayor problema ha sido el sector bancario hubiera sido simplemente dejar los bancos quebrar. Se puede presentar muchos argumentos en favor o en contra de esta alternativa, pero la verdad es que nunca se ha probado, ya que los gobiernos han asumido la responsabilidad por la deuda, no solamente por los depósitos del público pero hasta por la deuda interbancaria – en la esperanza vana de evitar la crisis bancaria.
Entonces les queda pocas alternativas. Una sería un redistribución del costo de la crisis. En el caso de Irlanda y España, mucha gente se han enriquecido durante la burbuja inmobiliaria – constructores, banqueros y los dueños que lograron vender antes del estallido de la burbuja. Así que una posibilidad sería un impuesto sobre el patrimonio, y en general un aumento de los impuestos sobre artículos de lujo como casas grandes, carros de lujo, yates etc. Impuestos de este tipo tienen menos impacto sobre la demanda general que por ejemplo un recorte de los salarios, pero es posible que sean insuficientes para cerrar la brecha de las finanzas públicas. Entonces el nivel general tributario tendría que subir, y cortes en los gastos públicos serán difíciles de evitar. Estas medidas exacerbarán la recesión, pero no hay cómo evitarlo.
La otra alternativa es declarar el estado en bancarrota. Es decir, el gobierno declararía que la deuda es impagable. Tendría que haber una reestructuración de la deuda, donde una parte sería borrada, se bajarían los intereses y se extendería el período de repago. Esta alternativa es considerada anatema para la mayor parte de los banqueros, políticos y economistas.
La experiencia más reciente, Argentina en 2002, nos provee de un ejemplo de cómo funciona cuando un país desafía el FMI y el mercado internacional de bonos, y se declara en cesación de pagos. Los problemas que tenía Argentina en 2002 no diferían mucho de los problemas que tienen actualmente los países “PIIGS” y eran el resultado de una política similar: adopción de una moneda extranjera como moneda nacional (con el cambio fijo entre el peso y el dólar respaldado por una ley), la liberalización de los flujos de capital que trajo un fuerte flujo de capital barato y volátil a la economía, con el resultado de una moneda sobrevalorada (por la subida de los precios), un auge en los mercados de consumo y de bienes raíces, y un sector productivo deprimido, incapaz de competir.
El costo de la crisis fue alto. La producción cayó en un 20% entre 1999 y 2002, y el desempleo y la pobreza aumentaron de manera incontenible. A través de la reestructuración de le deuda, se borró dos tercios de ella. Contrariamente a las predicciones, liberada de la deuda, Argentina se levantó rápidamente de la crisis, a pesar de que como castigo fue excluida de los mercados financieros internacionales. La economía creció en casi 9% en 2003, y continuó con un crecimiento de más de 8% anual en los años siguientes, para llegar a casi 10% en 2010. Lo que demuestra que a veces conviene ser marginado.
Y otra cosa: se espera que Argentina llegue próximamente a un entendimiento con los acreedores que
se opusieron a la reestructuración en 2002, lo que implica que el país tendría de nuevo acceso a los mercados financieros internacionales. Lo que es más, la deuda pública de Argentina tiene actualmente un nivel modesto y manejable de solamente 32% del PIB.
