16 12 2018

¿Por que repudia Estados Unidos “China 2025”?

China ya no es una economía de bajos salarios. Para evitar ser atrapada en una situación donde sus productos no son ni muy baratos, ni muy buenos, China quiere escalar en la cadena de valor, pasando de productos estándar de baja tecnología a productos de alta tecnología y alto valor agregado. De esto se trata la estrategia “China 2025”, acompañada por un importante financiamiento del gobierno chino. ¿Es esta una estrategia legítima, o es competencia desleal? EE.UU. piensa lo último y está decidido a hacer lo que pueda para impedirlo. Pero es poco probable que tenga éxito.

Por las casualidades de la vida he tenido el privilegio como parte de mi trabajo seguir de cerca el desarrollo de China, visitando el país en muchas ocasiones. Cuando visité el país por primera vez en 1998, China estaba negociando su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC). En aquel entonces, a mi parecer era una idea descabellada. China era todavía un país muy pobre, y la economía se dedicaba principalmente a ensamblar productos para empresas occidentales, sobre la base de mano de obra barata. Mi pensamiento era que al unirse a la OMC, China correría el riesgo de estancarse en el papel de productor de bajo costo, como había pasado con tantos otros países en vía de desarrollo, ya que la OMC no les permitiría llevar a cabo la política industrial necesaria para salir adelante. China finalmente ingresó a la OMC en 2001, y se ha desarrollado enormemente desde entonces. Así que está claro que me equivoqué.

La razón parece ser principalmente dos cosas. En primer lugar, las reglas de la OMC de hecho permiten a los países en vía de desarrollo poner en práctica una política de apoyo a la industria nacional de una manera que no se les permite a los países desarrollados, una política que en el pasado ha permitido a estos últimos desarrollarse. En segundo lugar, los conceptos no están bien definidos. No está claro qué países están en la categoría de países en vía de desarrollo (cada uno se autodefine), y no está claro qué exactamente se les permite hacer. Por lo tanto, los países que piensan que alguien está violando las reglas de juego tienen que poner una denuncia a la OMC. A mi juicio, China claramente ha violada las reglas en muchas ocasiones - y muchas veces con toda la razón. Sin embargo, debido al tamaño de China y el interés de poder acceder al mercado chino, muchos países se han hecho la vista gorda. Ahora los EE.UU. están en pie de lucha, y aunque la Unión Europea y Japón mantienen un perfil bajo para evitar contrariar a China, están silenciosamente apoyando a EE.UU.

Pero, ¿puede China seguir insistiendo en que es un país en desarrollo, y se puede justificar su política industrial? Si miramos los ingresos por habitante de las diez economías más grandes del mundo en términos adquisitivos (es decir, tomando en cuenta lo que se puede comprar por el dinero), China ha dado un gran salto hacia adelante desde 2000. Ha dejado completamente atrás a la India y ahora es más próspera que Brasil. Pero a pesar del crecimiento impresionante, China aún es un país de bajos ingresos, y se ha puesto el modesto objetivo de convertirse en "una sociedad moderadamente próspera" para 2021.

Como se mencionó, los costos salariales en China están creciendo rápidamente. En 2016, el salario por hora promedio en el sector manufacturero de China era de 3.60 dólares, tres veces el nivel de 2005. Es más de cinco veces el salario por hora en la India, más alto que toda Latinoamérica (salvo Chile) y más a o menos a la par con países como Portugal y Sudáfrica. Entonces, China tiene por fuerza que ver cómo puede escalar la cadena de valor, y la estrategia de 2015 llamada "China 2025" es la política más reciente delineando cómo piensan lograrlo. Por supuesto, hay quienes piensan que "China 2025" es un desperdicio de dinero porque todos sabemos que la interferencia del gobierno en el sector productivo está condenada al fracaso. Así como se pudo encontrar gente hace dos décadas que pensaron que el crecimiento milagroso de Chino simplemente se debía a que el gobierno chino se hizo a un lado y dejó que las empresas privadas hicieran su trabajo. Si ese fuera el caso, nadie se molestaría por “China 2025”.

La política se dirige a 10 industrias: tecnología de la información (incluida la inteligencia artificial), robótica, aeronáutica, transporte marítimo de alta tecnología, equipos de transporte ferroviario, vehículos eléctricos y de conducción autónoma, y biotecnología farmaceutica. El principal instrumento es poner a disposición fondos públicos para aumentar las inversiones en una serie de áreas de alta tecnología que actualmente están dominadas por los Estados Unidos, Japón y Europa, pero que se consideran cruciales para el desarrollo futuro de estas industrias.

Lo que particularmente les molesta a algunos es que "China 2025" establece metas para la participación de los productores chinos en una serie de mercados de alta tecnología. Lo consideran un ataque directo a las empresas que actualmente dominan estas mercados y alegan que es una violación de las reglas de la OMC. China insiste en que no es el caso, ya que las metas no son obligatorias, sino solamente indicativas, y, además, la estrategia está abierta a la participación de empresas extranjeras, por lo que está al acorde con las normas de la OMC.

¿Qué pensar de “China 2025”? En primer lugar, es sin duda apremiante para China evitar caer en la llamada trampa de ingresos medios (aunque hay quienes insisten en que esta trampa no existe), y hay bastante casos de países que han tenido éxito en continuar desarrollándose a través de políticas industriales bien dirigidas (como Japón, Singapur y Corea). Esto nos indica que la política industrial desempeña un papel importante para que un país pueda pasar de una etapa de desarrollo a la siguiente. En segundo lugar, ¿funcionará para China? El éxito no está garantizado en absoluto, pero la historia reciente de China nos indica que podrían lograrlo. China ha invertido mucho en la enseñanza secundaria y terciaria, por lo que hay una gran cantidad de jóvenes con un buen nivel de instrucción, y el Gobierno está poniendo a la disposición fondos importantes para proyectos de investigación y desarrollo. Esto, combinado con una intervención política bien dirigida, tiene el potencial de poder impulsar el desarrollo de las altas tecnologías. Habrá fracasos, pero sin duda también casos exitosos. En conclusión, pienso que la política tiene una buena posibilidad de éxito: el principal riesgo para China no tiene que ver con "China 2025", sino más bien con el alto nivel de desigualdad y el crecimiento explosivo de las deudas, un riesgo que comparte China con otros países como, por ejemplo, EE.UU.

¿Pero no afectaría negativamente al resto del mundo, a medida que los chinos ingresen a los mercados de alta tecnología? Depende. Si una empresa china se apodera de un mercado monopolístico de una empresa occidental y crea un nuevo monopolio, no hay mucho que celebrar. Pero es poco probable que suceda. El resultado más probable es más competencia, más innovación y más opciones. Es posible que algunas compañías en los países desarrollados no puedan sobrevivir, pero la mayoría se adaptarán y se desarrollarán.

Para mostrar los efectos perjudiciales de la competencia china se hace muchas veces referencia a lo que ocurrió con la industria de energía solar. La industria solar china tiene apenas dos décadas de existencia y ahora produce alrededor del 60% de todos los paneles solares del mundo. Al inicio, unas compañías occidentales subcontrataron parte de su producción a China para aprovechar los costos de producción más bajos allá, pero luego el gobierno chino con políticas dirigidas, incluyendo con subsidios gubernamentales, logró establecer empresas locales. Uno de los grandes cambios que ocurren cuando China ingresa a una industria tiene que ver con la escala, por el tamaño del país, y con la escala surgen economías de escala. Si hay competencia funcional, los precios bajan. En el caso de la industria solar la competencia has sido feroz y los precios han bajado vertiginosamente. Además, si bien es verdad que China ahora produce el 60% de todos los paneles solares del mundo, también hay que tomar en cuenta que China es el mercado más grande para estos mismos paneles, ya que alrededor del 47% de la nueva capacidad solar instalada en 2018 se instaló en China misma. Entonces, el “efecto chino” ha sido que la energía solar ahora es competitiva sin subsidios, incluso con el carbón, el combustible más barato y más contaminante del mundo. El lado oscuro del “efecto chino” es que algunas empresas solares en los países desarrollados no pudieron con la competencia y quebraron. Otros sobrevivieron mejorando su tecnología, ofreciendo productos más eficientes y de mayor calidad.

Podemos analizar un ejemplo más reciente. Una de las industrias que China ahora está tratando de penetrar es la de los semiconductores, estos pequeños chips que tradicionalmente se utilizan en las computadoras (procesadores y memoria), pero que ahora se encuentran en más y más productos, en parte como resultado del muy promocionado Internet de Cosas. Como China es el lugar principal para la producción de todo tipo de productos, China también es el principal comprador de semiconductores, acaparando más de la mitad de la producción mundial. Solo el 15% de la demanda china se produce en el país, el resto viene del exterior. "China 2025" tiene como meta que el 40% de esta demanda sea cubierta por la producción local para 2020 y el 70% para 2025, no necesariamente por empresas chinas, pero sí producida en fábricas ubicadas en China.

¿Por qué querrán eso? Como se mencionó, una cosa es que China quiere escalar en la cadena de valor. Pero el caso reciente donde EE.UU. prohibió al gigante chino de telecomunicaciones ZTE el uso de componentes producidos en EE.UU., lo que llevó a la compañía al borde del colapso, dejó en claro para los chinos qué tan dependientes son de suministros del exterior, y qué tan fácilmente este suministro puede ser cortado por países hostiles. Fue, como se ha dicho, el "momento sputnik" de China. Así que ahora se ha convertido en una urgencia nacional asegurar la producción de estos componentes en China. Thank you, Mr. Trump.

¿Podrán lograrlo? Hay dos elementos principales en la producción de semiconductores: el diseño del chip (hecho en muchos casos por compañías sin fábricas – llamadas “fabs” - por lo que estas compañias se denominan “fab-less”, o sea “sin-fabs”), y la producción real del mismo (realizada por las “fabs”, trabajando por encargo). Las "fabs", la mayoría ubicadas en EE.UU., Corea del Sur, Taiwán, Japón y Europa, son extremadamente costosas, pero China está ahora invirtiendo fuertemente (alrededor de 31 mil millones de dólares) en la construcción de nuevas “fabs”. Los proveedores de los equipos para las “fabs” provienen principalmente de empresas de EE.UU. y Europa. Estas están, por consiguiente, en estos momentos logrando contratos jugosos con los chinos.

En cuanto al diseño de los chips, China todavía está rezagada, pero últimamente ha logrado algunos avances importantes. Huawei acaba de presentar su último procesador propio para teléfonos inteligentes (llamado Kirin 890), que tiene rendimientos muy a la par con los procesadores más avanzados de Apple, Samsung y Qualcomm (Snapdragon). Pero los procesadores de Huawei, al igual que los de Qualcomm, dependen todavía de una patente (costosa) de la compañía británica ARM. Además, para hacer funcionar el teléfono, Huawei todavía necesita el sistema operativo Android de la compañía norteamericana Alphabet (el dueño de Google). La empresa china Zhaoxin ahora produce un procesador para computadora bastante capaz, basado en una cooperación con la compañía estadounidense VIA. La compañía china Yangtze Memory Technologies está progresando en la producción de memoria no-volátil (las tarjetas de memoria que se usa para almacenar datos en teléfonos inteligentes y computadoras). Así que China está avanzando.

¿Deberíamos estar preocupados? Lo cierto es que podría ser beneficioso para todo el mundo, ya que los monopolios tecnológicos son dañinos y los chinos tienen el potencial de acabar con algunos de ellos en los próximos años. El riesgo de que las empresas chinas establezcan nuevos monopolios es mínimo. Por lo tanto, es probable que tengamos más variedad y productos más asequibles. Quizás incluso otro sistema operativo para teléfonos inteligentes para aquellos que están cansados ​​del cuasi monopolio de Android, ya que según se rumorea Huawei está desarrollando una alternativa basada en Linux (como Samsung lo ha intentado sin mucho éxito con Tizen). También es posible que obtengamos computadoras que no se basan en el cuasi monopolio de INTEL / AMD, sino en hardware de código abierto (basado en el conjunto de instrucciones RISC-V en lugar de las instrucciones x86 / ARM), lo que significa que pequeñas empresas podrán ingresar al mercado sin tener que pagar el ojo de la cara en tributos a los monopolios INTEL / AMD y ARM por el uso de los estándares, propiedad de ellos. Así que no hay que tomar en serio todos estos lamentos sobre el avance de los chinos. En la mayoría de los casos es probable que sea benéfico (aunque no en todos).

Lo que sí deberíamos tomar en serio es la recopilación no controlada de datos personales a nivel global. Todos están metidos en esto: Google, Facebook, Microsoft, Amazon, Yandex, Vk.com, Tencent, Alibaba, etc. De la mano de las agencias de inteligencia. Pero es otra historia.

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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