La mayoría de los economistas tienden a decir que sí, no hay problema. Solo necesitamos que haya un crecimiento económico continuo para que tengamos los recursos necesarios para manejar los desafíos que representa el crecimiento de la población. Nuevas tecnologías permitirán alimentar a la población mundial. Los recursos naturales siguen siendo abundantes – es posible que en el futuro sea un poco más caro extraerlos, pero el progreso tecnológico va a resolver eso también. Así que: tranquilos, relájense y disfruten. ¿Acaso no ha demostrado la historia que las recurrentes preocupaciones por el agotamiento de los recursos se han mostrado no tener fundamento? Los científicos medioambientales preocupados son apodados malthusianos - en el mundo de los economistas convencionales no hay nada peor.
Entonces, ¿podemos realmente hacer frente al crecimiento poblacional sin destruir el planeta? En principio, yo diría que sí. Si los recursos se usan sabiamente con el uso de energía renovable, reciclaje extensivo de residuos y una distribución justa de los ingresos. Podríamos acomodar si fuese necesario 20,000 o 30,000 millones de personas. Podemos producir alimentos cultivando algas con el uso de la energía del sol o una u otra futura tecnología rara. Podemos construir más mega-ciudades para acomodar a todos los nuevos ciudadanos de nuestro planeta. Puede que no sea un lugar agradable para vivir, pero es sin duda factible. Esta no es la pregunta. La pregunta es: ¿por qué deberíamos hacerlo? ¿Hay alguna bendición inherente en la reproducción sin fin, convirtiendo al ser humano en un tipo de especie invasora, exterminando a todas las otras especies y poniendo en peligro su propia supervivencia?
A la mayoría de los economistas les encanta el crecimiento económico, y una creciente población es parte del crecimiento económico. Cuando hay más personas, pues hay demanda de más viviendas, bienes de consumo, servicios - crean la base para una producción creciente y el aumento del valor de las viviendas y otros bienes raícez. Muchos economistas detestan la idea de una población que ya no crece, o peor: decrecimiento demográfico. Una población decreciente, o incluso una transición hacia una población estable, significa relativamente más viejos, menos jóvenes, de ahí un aumento de la tasa de dependencia: la proporción entre las personas en edad de trabajar y niños y jubilados. Algunos economistas al parecer tienden además a pensar que los países con un estancamiento demográfico carecen de la dinámica que tienen los países donde la población crece. Es como si el capitalismo fuera considerado incompatible con una población que ya no crece. Necesita expandir de manera permanente para poder sobrevivir.
Lo raro es que no hay nada en la teoría económica tradicional que nos dice que hay algo malo con el estancamiento o incluso el decrecimiento demográfico. Es simplemente una cuestión de ajuste en los precios relativos: los salarios reales deberían subir a medida que la mano de obra se vuelve más escasa en relación con el capital, los precios de los bienes raíces deberían aumentar menos de lo que harían de otro modo o incluso deberían disminuir; y así sucesivamente. El patrón de demanda de servicios y productos cambiará y algunas industrias se volverán poco rentables y cerrarán, mientras que otras prosperarán. Esto es lo que se llama el mecanismo del mercado.
Por supuesto, los países que enfrentan una caída dramática de la tasa de fecundidad deben preguntarse por qué y hacer algo al respecto - por ejemplo Alemania, Italia, Japón, España, Ucrania o Bulgaria. Algo malo debe haber con la forma en que han organizado la sociedad, los valores que prevalecen y / o las condiciones de vida para las familias con niños pequeños. Pero el estancamiento o el decrecimiento demográfico en sí no debe ser una preocupación. Más bien convertiría sin duda el planeta en un lugar más agradable para vivir para la gente menos acomodada.
Como ya se ha mencionado, el cambio de crecimiento a estancamiento demográfico implica que la sociedad y la economía tienen que adaptarse a una nueva realidad. Habrá sin duda muchos lamentos sobre la "escasez de mano de obra". Si uno cree en los mercados, no hay tal cosa como "escasez de mano de obra" a excepción de cuellos de botella a corto plazo, desajustes puntuales entre demanda y oferta de determinada mano de obra calificada y cosas por el estilo, cosas que pueden superarse con una política laboral activa. Pero, básicamente, hay que pagar más por la mano de obra para que sea usada en las actividades donde es más productiva. Pero, ¿quién va a cosechar las frutas o las verduras que tenemos en el campo? ¿Quién va a recoger la basura? ¿Quién va a cuidar nuestros enfermos? La respuesta es simple: hay que pagar lo que vale. Y si no es rentable pagar por la cosecha de las frutas o las verduras, entonces no hay que sembrarlas. La producción tiene que adaptarse a la nueva realidad económica. Somos algunos que recordamos los lamentos en el norte de Europa en los años 50 y 60 cuando la clase media ya no podía permitirse el lujo de tener empleadas domésticas, ya que como surgían otras oportunidades de trabajo mejor remuneradas, exigían un mejor salario. Esto se llama cambios en los precios relativos. Esta es también la razón principal de la ola del “hágalo-usted-mismo” (“do-it-yourself”), pues era demasiado caro para mucha gente llamar a un fontanero, carpintero etc. ¡Son los nuevos tiempos, hay que acostumbrarse!
Pero parece ser una ley de la naturaleza que la primera reacción es siempre de no aceptar los nuevos precios relativos. La industria X se está quejando al gobierno que no pueden conseguir la mano de obra que necesitan. ¿Qué hace entonces el gobierno? Pedirles que dejen de lloriquear y pagar lo que cuesta? Claro que no. Piense en toda la producción perdida debido a esta escasez de mano de obra - el crecimiento económico se reducirá con x o y por ciento! Así que buscan como importar mano de obra más barata desde el exterior. Así que en lugar de cultivar sus frutas o verduras en Polonia, Ucrania o México, quieren importar mano de obra polaca, ucraniana o mexicana para hacer el trabajo. En el norte de Europa en los años 60 y 70 fueron los llamados "trabajadores invitados" de Turquía, España y Portugal. Esto no significa que no pueda ser un beneficio para el país anfitrión - lo es sin duda, sobre todo si ya hay casi pleno empleo. Los consumidores consiguen productos más baratos y los "trabajadores invitados" obtienen un mejor salario que en su país. Sin embargo, de esta forma la economía no se ajusta a la nueva realidad que es que la fuerza de trabajo ya no está creciendo y por lo tanto el aumento en el salario real de los trabajadores menos cualificados no se materializa.
Una población que ya no crece implicará sin duda un menor crecimiento económico de lo que sería el caso si siguiera creciendo. ¿Y entonces, qué? Si asumimos que el pronóstico demográfico de la ONU es acertado, la tasa de crecimiento de la población mundial disminuirá gradualmente hasta cerca de cero a fines del presente siglo. Deberíamos estar agradecidos por ello y desear que suceda lo antes posible. Esto significa que en algún momento casi todos los países tendrán que enfrentarlo: tienen que adaptarse a una situación en la que la población ya no crece indefinidamente. Cuando hay un ajuste en la estructura económica siempre conlleva costos. Hay gente que se beneficiarán mientras que hay otros que perderán. Hay muchos otros factores en juego, pero la transición a una situación donde la población ya no crece - o se reduce - implicará una tendencia a una redistribución del capital al trabajo. E incluso los trabajadores con menos calificaciones serán potencialmente beneficiados. Hay, por supuesto, otras tendencias también, entre estas la robotización, que tienen efectos contrarios. Hay un caso histórico muy significativo que nos demuestra el impacto de una población en declive: los efectos de la peste bubónica (la "muerte negra") en Europa y Oriente Medio en el siglo XIV. La “muerte negra”, que se calcula significó la muerte de entre el 30 y el 60% de la población en Europa, conllevó una escasez de mano de obra con relación al recurso tierra, lo que favoreció a los medieros y trabajadores agrícolas en detrimento de los terratenientes. La reacción de los terratenientes fue intentar limitar la movilidad de los medieros o peones prohibiéndoles abandonar las haciendas ("La Ordenanza de los Trabajadores" en Inglaterra, "Vornedskabet" en Dinamarca, etc.)
Según la proyección demográfica de las Naciones Unidas, el crecimiento será muy desigual. Algunos países asiáticos seguirán creciendo hasta 2050, en particular la India, que en 2025 superará a China como el país más poblado del mundo, pero se prevé que disminuirá ligeramente de 2050 a 2100. Se espera que la población de América Latina crezca modestamente hasta 2050 para luego empezar a disminuir. Se prevé que el principal crecimiento se produzca en África: de 1,300 millones a casi 4,500 millones de personas en 2100. Nigeria alcanzaría casi 800 millones en 2100, D.R. Congo 380 millones, Etiopía 250 millones y Uganda más de 200 millones! Cabe recordar que estas proyecciones se basan en las tendencias actuales en cuanto a fecundidad, mortalidad y migración. Ojalá que ocurra más antes la disminución de la fecundidad. El verdadero desafío es ofrecerles un empleo a todos estos miles de millones de nuevos trabajadores. Se requerirá inversiones masivas en infraestructura, educación, salud e instalaciones productivas para poder atender las necesidades de la creciente población. ¿Y tal vez valdría la pena también invertir más en planificación familiar?
Se dice que estamos por primera vez en la historia del planeta en una época en la cual las actividades de una sola especie determinan el desarrollo de ella, no algunos fenómenos geológicos o climáticos - la “época antropocena”. Me parece acertado. El problema es que no lo estamos manejando como tal.
