La industria automotriz está a la puerta de grandes cambios a causa de la llegada de los vehículos eléctricos. No solo carros/autos, también furgonetas, camionetas, camiones y autobuses. Después de que la industria automotriz intentaba por años descartar los vehículos eléctricos como un fenómeno sin mucha importancia, ahora está cada vez más claro que el cambio es inevitable y puede llegar mucho más rápido de lo que muchos piensan. Actualmente hay discusiones acaloradas y caras preocupadas en las juntas directivas de las grandes empresas automotrices. Algunas tomarán decisiones acertadas, otras tomarán probablemente decisiones equivocadas. Algunas empresas bien conocidas sobrevivirán y prosperarán, otras desaparecerán sin pena ni gloria en los próximos años. Pero el cambio viene.

Los vehículos eléctricos son actualmente demasiado caros. ¿Podría ser por el costo de la batería? Eso es solamente una parte de la explicación. La otra es la escala: el volumen de producción es demasiado bajo para que haya economía de escala. A esto se agrega la falta de competencia: las empresas productores de vehiculos no están realmente interesado ​​en vender en cantidad, ya que temen que va a perjudicar su propia venta de automóviles convencionales que les sale más rentable. La respuesta es regulación y más competencia. No más subsidios.

El costo de la energía solar se ha desplomado durante los últimos años, y los paneles solares son ahora baratísimos. Acabamos de instalar un sistema solar de 46 kilovatios (kW) en León, Nicaragua, que produce energía a 7.5 centavos de dólar, es decir, a alrededor de un tercio de lo que nos cobra la distribuidora eléctrica. Así que ya no hay excusa para seguir contribuyendo al calentamiento global. La revolución energética está aquí, ahora mismo.

Hay en el Medio Oriente muchos regímenes extraños. Una teocracia disfrazada de democracia que gobierna Irán, un golpista militar elegido como presidente en Egipto y sultanes y emires de todo tipo. A esto se agrega el más extraño de todos: la monarquía absoluta de la Dinastía Saud en Arabia Saudita. Una monarquía absoluta medieval, armada hasta los dientes con armas sofisticadas y hasta hace poco con dinero en abundancia. Es nuestro aliado más importante de la región, y lo apoyamos incondicionalmente, también cuando corta la cabeza de sus oponentes, corta las manos de los ladrones y decapita a mujeres acusadas de brujería. Es una monarquía absoluta y un anacronismo absoluto. ¿Qué tan duradero será?

La cumbre de París afortunadamente terminó en un acuerdo. El acuerdo es insuficiente y no puede prevenir que nuestros nietos enfrenten un desastre climático, pero por lo menos es un inicio, y esperemos que podamos usarlo como base para construir algo mejor. Aparte de los que niegan que el cambio climático tenga que ver con las emisiones de CO2 y que viven en su propio mundo claustrofóbico, gran parte del desacuerdo es sobre la justicia: ¿cuáles son los países que son los culpables y que deben responder por sus actos? La cumbre de París trató de evitar la cuestión de justicia y convencernos de que todos tenemos que contribuir, también los países en desarrollo. Y los países en desarrollo parecen haber aceptado esto a regañadientes.

Independientemente de los resultados de la cumbre de París sobre el cambio climático, el petroleo y el carbón han comenzado un declive irreversible, asediados por la competencia de las energías renovables y la presión política creciente por la descarbonización de nuestras sociedades. Esto cambia por completo el juego y elimina el incentivo para reducir la oferta para obtener mejores precios. Ahora se trata de sacar el petróleo y el gas lo más pronto posible, antes de que sea demasiado tarde. Quién llega demasiado tarde, pierde. Así que la OPEP ha perdido su poder, y no hay posibilidad de que lo recupere.

El desplome de los precios del petróleo ha desviado la atención del otro fenómeno importante: la fuerte caída de los precios de las energías renovables. Y al contrario de los precios del petróleo, esta caída continuará en el futuro. Así que las energías renovables se están convirtiendo en una alternativa viable y rentable para la generación de electricidad, ayudando al mundo a salir de su dependencia de los combustibles fósiles. Pero ¿qué pasa con los vehículos? El motor de combustión interna está íntimamente ligado a los combustibles fósiles, o - si fuese necesario - los biocombustibles. A nivel mundial, el transporte es de hecho responsable de alrededor de 27% del consumo de energía, y el 63% del consumo de petróleo. Entonces, ¿hay algún futuro para las energías renovables aquí?

La reciente caída de los precios del petróleo ha desviado la atención de otra tendencia importante: la caída sostenida del costo de la energía renovable y del almacenamiento de energía. A falta de voluntad política para enfrentar el calentamiento global, esta caída del precio de la energía renovable es ahora nuestra mayor esperanza para lograr que una parte importante de los hidrocarburos fósiles queden donde están: bajo la tierra, ya que depósitos de hidrocarburos de más difícil acceso no serán rentables. Aún no hemos llegado a este punto, pero podemos llegar ahí más rápido de lo esperado. Así que puede ser que estamos en el punto de inflexión para la energía fósil.

Ya que los precios del petróleo han caído en picada, surge supuestamente el interrogante: ¿será que est caída  significa el fin de las energías renovables? ¿Pueden competir con la energía fósil barata? La respuesta corta es: Sí, por supuesto significa que la inversión en energía renovable va a ser ahora menos rentable. Sin embargo, paradójicamente, la respuesta completa es más compleja. La energía eólica es ya competitiva con la energía fósil, y la energía solar también ha pasado el punto de equilibrio en los lugares más soleados. Lo que es más, a diferencia de las fuentes de energía no renovables, la tendencia de largo plazo es hacia costos más bajos. Así que podemos estar en un punto de inflexión para la energía fósil.

Hemos escuchado muchas tonterías sobre el petróleo en los últimos dos meses. Primero nos dijeron que la caída del precio del petróleo seguiría hasta 20 dólares por barril, o incluso más bajo - de 100 dólares hace menos que hace un año. Después dijeron que “el milagro” del petroleo y gas de esquisto en Estados Unidos no iba a ser afectado por la caída del precio del petróleo - la tecnología y la destreza norteamericana significaría que ellos podían derrotar a los productores de bajo costo como Arabia Saudita. Y luego, cuando el número de equipos de perforación en operación en los EE.UU. se redujo a la mitad, insistían en que ya no había ninguna relación entre la perforación de pozos y la producción de gas y petróleo. Por supuesto que ahora resulta que todo es sólo eso: una tontería.