La crisis inminente y el porqué será difícil evitarla

Los desequilibrios globales y las burbujas en los mercados inmobiliarios y crediticios que han ido inflándose durante la última década no han pasado inadvertidos, y muchos observadores han insistido en que eran insostenibles en el mediano y largo plazo. Pero – como muchas veces es el caso - la forma como de repente se reflejó esta insostenibilidad fue una sorpresa.

En la medida que la crisis financiera se está extendiendo por los países desarrollados y comienza impactar también en los países de desarrollo, la pregunta se presenta inevitablemente: ¿será esto solamente una crisis cíclica más, aunque bastante maligna, o será que hay problemas más fundamentales en la manera en que “el sistema” está operando?Esta pregunta no es nada nueva, sino que se ha hecho reiteradamente desde que el capitalismo se impuso como el sistema imperante, ya que las crisis cíclicas han sido siempre una parte inherente de su manera de funcionar. El período de crecimiento económico relativamente estable que se ha presenciado en el mundo desarrollado desde mediados de los años ochenta ha llevado a muchos a creer que las crisis severas ya eran una cosa del pasado, con el argumento de que la globalización junto con mercados financieros más sofisticados han disminuido o hasta eliminado esta tendencia cíclica.

Con el descalabro de los mercados financieros a finales de 2008, paquetes de medidas económicas de una u otra índole fueron aprobados en la mayor parate de los países del mundo para amortiguar el impacto del desplome financiero a la economía real. No hubo mucho debate sobre su contenido, dada la urgencia del momento. Por supuesto que es prematuro evaluar el efecto de estas medidas, pero sin duda han tenido efectoen alguna medida incrementando la demanda y deteniendo algo la caída de la producción y el empleo.

Dos años después de la erupción de la crisis financiera, la economía de EE.UU. sigue mal. La razón es que la crisis de EE.UU. no solamente tienen que ver con el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis en el sector financiero que lo siguió, sino también está relacionada con una falta fundamental de competitividad. La economía de EE.UU. necesita un reestructuración profunda, y no hay forma fácil de lograrlo.