25 04 2014

¿Será que la UE sabe lo que está haciendo en Ucrania?

La historia es aparentemente simple: El pueblo ucraniano perdió la paciencia con un gobierno corrupto y autoritario, se rebeló y sacó al presidente, restableciendo la democracia. Pero tienen la mala suerte de tener un vecino grande, Rusia, que tiene un presidente autoritario, Vladimir Putin, que sueña con restablecer el imperio Tsarista-Soviético. Así Ucrania es molestado por los rusos, que toman una provincia de Ucrania (la República Autónoma de Crimea) y ahora amenazan con anexar también la parte sureste del país. ¿A caso esto no es exactamente lo que hizo Hítler en 1938 cuando anexó Sudetenland, parte del vecino Checoslovaquia, y más adelante el resto del país? Como todos sabemos, esto nos condujo a la segunda guerra mundial, precisamente por que el resto del mundo no podían ponerse de acuerdo y pararlo en seco. Las implicaciones políticas son obvias.

El problema con esta historia es que es demasiado simplista y el paralelo histórico no es válida.

Primeramente, es importante resaltar que Ucrania y Rusia tienen une larga historia en común. Si vamos 700 años atrás, Kiev-Rus era el centro y Moscú era un pequeño puesto comercial lejano. Los rusos y los ucranianos tienen el mismo origen étnico, cultural y de lingüística, de igual forma que lo tienen los españoles, los portugueses y los catalanes, o los daneses, los suecos y los noruegos. Comparten una larga y tumultuosa historia de luchas contra los mongolios y tártaros viniendo del este, guerras con el imperio otomano y guerra contra Alemania nazi durante la segunda guerra mundial. Por el bien o el mal, han compartido el destino, millones de ucranianos y rusos tienen lazos familiares, casi 2 millones de ucranianos viven y trabajan en diferentes partes de Rusia, y alrededor de 8 millones de rusos viven dentro de las fronteras de Ucrania, la mayor parte (pero no todos) en las provincias sur-orientales.

No hay nada particular en esta relación complicada, que se puede ver en muchas otras partes del mundo. Sin embargo, la historia nos enseña que esta situación es potencialmente arriesgada, cuando el liderazgo está en manos de nacionalistas y políticos incompetentes y hay poderes externos que se meten para defender intereses geopolíticos, reales o imaginarios. El ejemplo más reciente lo tenemos en los Balcanes en los años 1990, con la partición de la Ex-Yugoslavia. El resultado fue desastroso desde un punto de vista humanitario. Pero visto como un juego geopolítico fue un éxito rotundo para el OTAN y la Unión Europea (UE), ya que Yugoslavia fue dividida en 7 países pequeños, todos ahora miembros – o en proceso de ser miembros – de la UE y OTAN.

Es posible que es este éxito percibido que ha inspirado a la UE en su postura en Ucrania. Considerando que Ucrania bajo el gobierno de Presidente Yanukovych se estaba acercando demasiado a Rusia, la UE ha apoyado a las fuerzas Euro-Atlánticas (este concepto es nuevo para mi pero parece que se refiere a la trinidad UE-OTAN-EE.UU.) en el país, con la meta de integrarlo a la UE y fortalecer los valores comunes europeos (opuestos a los valores asiáticos-despóticos).

Pero de ahí comienzan los problemas. Primero, las credenciales democráticas del gobierno actual de Ucrania, que por la prensa dominante no es llamado ni provisional ni autoelecto, son débiles. El actual primer ministro, Arseniy Yatsenyuk (o “Yats” como lo llama cariñosamente Victoria Nuland, la Secretaria de Estado adjunta de EE.UU. para asuntos europeos y euroasiáticos) se presentó a las elecciones de 2012 como parte del Frente Patriótico, que obtuvo 25% de los votos. El vice primer ministro, Oleksandr Sych, es miembro del Partido Svoboda, que El Congreso Mundial Judío a llamado a la UE de considerar prohibir año pasado. Svoboda obtuvo 10% en las elecciones de 2012. Svoboda y otros grupos de la ultra derecha nacionalista ocupan actualmente alrededor de 25% de los ministerios del presente gobierno ucraniano. Hay que esforzarse bastante para conciliar esto con “los valores europeos”.

Segundo, hay grandes diferencias entre el este y el oeste de Ucrania, no solamente con relación al idioma que prefieren hablar, pero también en cuando a su economía. El este de Ucrania, particularmente el Donbass, es la parte más industrializada del país, y es estrechamente vinculado con la economía rusa. Parte de la industria es de tipo pesada tradicional (acero, carbón) que probablemente desaparecería rápidamente si se integra a la UE, pero otras partes son vinculadas a los sectores más sofisticados de la industria rusa, como por ejemplo aeronáutica y defensa. Reconvertir estas industrias e integrarlas a la UE requiere de grandes inversiones, y no está de todo claro que la UE tiene la voluntad de proveerlas. El presente estado de Bosnia, actualmente gobernada por la UE, donde había violentos disturbios en medio de la crisis ucraniana, nos indica más bien que la UE no tiene la voluntad de pagar lo que cuesta resolver la crisis de desempleo y deterioro social (lo que hizo estallar los disturbios fue la privatización de cuatro empresas estatales en Tuzla). Si esto es el caso, la UE debe pensar dos veces qué es lo que piensa ofrecer a Ucrania, además de los etéreos valores europeos. Puede tener repercusiones serias. Cabe acordar la acelerada conversión de la economía de la ex RDA durante los años 1990, con la “Treuhand”, cierre de fábricas, desempleo etc. El costo fue grande, tanto en términos de desempleo y otros sufrimientos humanos, como en términos financieros - por poco llevó la economía de la Alemania unificada a la quiebra.

Tercero, en cuanto a lo imperioso de ponerse firme frente a una Rusia expansionista, no es para nada evidente que Rusia se está oponiendo a que Ucrania tenga vínculos económicos y políticos tanto con la UE como con Rusia. Lo que obviamente es el temor de Rusia es ver a la Ucrania firmemente en el campo“Euro-Atlántico”, con miras a membresía de la OTAN, bases militares de EE.UU., el escudo anti-misil etc., así como ha sido el caso para otros países del Europa de Este. Parece que ha sido más bien el objetivo de la UE y EE.UU. evitar que Ucrania se acerque demasiado a Rusia (“Rusia con Ucrania es un imperio, Rusia sin Ucrania simplemente es un país más” dicen). No hay evidencia que el gobierno de Yanukovych pretendía abandonar la intención de fortalecer los lazos con la UE – el gobierno Ucraniano parecía sinceramente preocupado por las consecuencias del tratado con la UE, en términos de austeridad, desempleo y caída de su industria, por lo menos en el corto a mediano plazo. No hubiera sido fácil para ellos explicar esto a sus bases electorales en el este del país.

¿Y entonces, cuales son ahora las opciones?

El primer escenario es que Ucrania de una o otra manera logra sobrevivir la crisis como un país unificado (menos Crimea), y continua hacia la integración con la UE. El costo económico y político será alto, particularmente en la parte este del país, a no ser que la UE tiene la voluntad de hacer unas inyecciones fuertes de fondos para compensar el cierre de industrias y la pérdida del mercado ruso. No es imposible, pero no se ve la voluntad de los países de la UE, tomando en cuenta sus propios problemas en el sur de Europa. Disturbios y desintegración es el resultado más probable, sin o con acciones desestabilizadoras de parte de Rusia.

El segundo escenario es que Ucrania se divide entre una parte occidental y una parte oriental, donde la parte oriental se declara país independiente o simplemente se adhiere a Rusia con la esperanza de apoyo económico. Que tan serios serían las consecuencias depende mucho de la forma en que se llega a este resultado. Si es a través de una intervención militar rusa, el resultado puede ser prácticamente una cortina de hierro entre la parte este y oeste de Ucrania, lo que conllevaría mucho sufrimiento y penuria para los ucranianos y los rusos que terminan al lado equivocado de la frontera, y para todas las familias que viven en ambos lados. Las consecuencias para la relación entre Rusia y la UE-EE.UU. pueden ser severas y de larga duración, dañando ambas partes. Si la división resulta de que los ciudadanos del este de Ucrania – con razón o sin razón - se sienten molestados y discriminados por el gobierno de Kiev y por lo tanto se rebelan y se declaran independientes (como lo hizo Slovenia en el caso de Yugoslavia), las consecuencias pueden ser menos severos, a no ser que estalla una guerra civil como fue el caso entre Serbia y Croacia.

El tercer escenario es un acuerdo tripartito entre Ucrania, UE-EE.UU. y Rusia, en cual se acuerda que Ucrania mantendrá su estatus de no-alineado, es decir que no será miembro de OTAN, mantendrá relaciones económicos y políticos tanto con Rusia como con la UE, y con garantías constitucionales para la población del este de Ucrania. No parece un escenario muy probable. El presente gobierno ucraniano parece pensar que la relación entre la parte este y oeste del país es un asunto meramente interno, rechazando que los rusos “se metan en los asuntos internos de Ucrania”. Rusia requeriría probablemente garantías tangibles, ya que han recibido promesas similares anteriormente, que no han sido cumplidas. En cuanto a la UE y EE.UU., parece que ellos no han llegado todavía a un punto donde consideran que tienen que aceptar un compromiso de este tipo. Alemania, que tiene más que perder en un conflicto con Rusia, podría tomar la iniciativa en este sentido, pero para ello necesitaría marginar a países más belicosos como Polonia, Inglaterra, Francia, Suecia y los países bálticos. No será fácil. Acuérdense, es Hítler y 1938 otra vez – hay que ponerse firmes.

Un cuarto escenario, desafortunadamente no muy realista, es que se deja inspirar por la experiencia de algunos países en los años después de la primera guerra mundial. Uno de ellos es Dinamarca. Después de terminada la guerra con la derrota de Alemania, los aliados vencedores ofrecieron a Dinamarca que podía recuperar las provincias que había perdido a Alemania en la guerra de 1864. Políticos prudentes razonaron que no sería en el interés nacional tener una minoría grande de alemanes dentro del país, ya que por cierto que Alemania estaba derrotada, pero nadie podía garantizar que iba a seguir siendo débil. Así que se decidió no tomar en cuenta los nacionalistas exaltados que querían recuperar todo lo que se podía, y se optó por un plebiscito en las provincias fronterizas, donde la población podía escoger a qué país quería pertenecer, municipio por municipio. Por cierto que quedaban después minorías a cada lado de la frontera, y muchos daneses lloraron la pérdida de la bella ciudad de Flensborg, pero a la larga la nueva frontera salió ventajosa para todos. Se hizo un plebiscito similar en 1920 en la provincia de Carinthia (Kärnten-Koroška) para fijar la frontera entre Eslovenia (Yugoslavia) y Austria, y nadie ha después cuestionado seriamente esta frontera.

Para pequeños países que tienen vecinos demasiado grandes, este tipo de plebiscitos constituyen una oportunidad muy tentadora. Alguien debería explicárselo a los nacionalistas ucranianos. No sería hacerle un favor a Rusia – sería hacerle un favor a Ucrania (y el resto del mundo). Una separación pacífica significa una oportunidad para poder después vivir en paz juntos con una frontera abierta.

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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