Las elecciones estadounidenses de 2016 en las que Donald Trump derrotó a Hilary Clinton dieron lugar a una ola sin precedentes de acusaciones de intromisión en las elecciones. La principal señalada fue Rusia, y se insistió en que la intromisión rusa fue decisiva para el resultado. Si no, ¿cómo podría perder Hilary, a pesar del respaldo de casi todos los círculos de poder y los medios de comunicación? Que EE.UU. acuse a otros países de entrometerse en sus asuntos internos es bastante gracioso, dado que es una especialidad de ellos, y se jactan de sus logros. Sin embargo, la intromisión en los asuntos internos de otros países es una vieja, mala costumbre y aparentemente imparable. Pero se debería hacer algo para frenarlo.
Un nuevo mundo multipolar está en camino. Esto tiene implicaciones para todos los rincones del mundo, pero no menos para Europa, la cuna de las dos guerras mundiales. Las potencias dominantes en Europa son la OTAN liderada por EE.UU. en el ámbito militar y la Unión Europea en el ámbito económico y político. Según ambos, todo estaría bien en Europa si no hubiera sido por Rusia, que es una potencia maligna que intenta someter a países independientes, siembra confusión y desconfianza dentro de la UE y amenaza al continente con una invasión militar. Si el fin en realidad es la conservación de una paz duradera en Europa, tanto la OTAN como la UE tienen que hacer un esfuerzo para reconsiderar su enfoque.