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10 10 2015

Putin - el hombre que nos encanta odiar

Vladimir Putin se ha convertido en el Occidente en el símbolo de todo lo que no nos gusta. Él es agresivo, autoritario, brutal y poco fiable, y por colmo tiene ojos azules fríos que no reflejan sentimientos. El villano perfecto para una película de James Bond. Por desgracia, también es inteligente, competente y elocuente, y al contrario de su predecesor enclenque goza de buena salud, y hasta es medio deportista. La mayoría de los rusos tienden a pensar que es un mejor presidente que los que tenían antes. Pero nosotros estamos anhelando nuestro viejo, corrupto, incompetente y alcohólico Boris Yeltsin.

¿Por qué odiamos tanto al hombre? Ya no hay razones ideológicas como en los tiempos de la Unión Soviética. La Rusia de Vladimir es un país 100% capitalista y él es un católico declarado (aunque ortodoxo) y pro-capitalista. Rusia es una sociedad casi tan desigual que los EE.UU., así que no hay razón para temer al igualitarismo de Europa Occidental. Él quiere que las empresas extranjeras vengan a invertir en el país, por lo que el capital internacional lo debe querer (y tiende a hacerlo).

Entonces, ¿qué hay de malo? La crítica más frecuentemente que se escucha de él es que ha dicho que "...el colapso de la Unión Soviética constituye el desastre geopolítico más importante del siglo." ¿Cómo puede decir eso? Los pueblos de la Unión Soviética fueron liberados de la dictadura comunista, y él lo denomina un "desastre" (o incluso "catástrofe", dependiendo de los traductores). ¿Así que él debe ser un comunista en disfraz, o qué?

Pues no. El propio Vladimir da una respuesta en el mismo discurso de 2005. Después de deplorar que "Decenas de millones de nuestros conciudadanos y compatriotas se encontraron fuera del territorio ruso", continuó: "Los ahorros individuales se extinguieron, y los viejos ideales fueron destruidos. Muchas instituciones fueron disueltas o reformadas a la ligera. El terrorismo y la posterior capitulación de Khasavyurt puse en peligro la integridad territorial del país. Grupos oligárquicos - que poseían un control absoluto sobre los medios de comunicación - servían exclusivamente sus propios intereses corporativos. Se comenzó a ver la pobreza masiva como un fenómeno normal. Y todo esto ocurría en el contexto de una crisis económica dramática, con finanzas inestables y la paralización de la esfera social".

Putin no es el único que piensa que la desintegración de la Unión Soviética fue una catástrofe para Rusia y muchas otras partes de la Unión. Para hacer una larga historia corta: la economía nacional se redujo casi a la mitad en cuestión de un par de años, dejando a decenas de millones en la extrema pobreza, una pequeña camarilla de personas que se aprovechó de las privatizaciones indiscriminadas que eran parte de la "terapia de choque" apareció de repente como los nuevos "oligarcas" del país, las instituciones públicas se derrumbaron, incluyendo las de la salud, la ciencia, la educación y la seguridad, el valor de las pensiones fue exterminado por la inflación, la mortalidad creció de manera alarmante resultando en cientos de miles - tal vez más de un millón - de muertes prematuras - incluso es posible que las muertes prematuras hayan superado el número de personas que se murieron en los campos de prisión de Stalin. ¿Si esto no merece el calificativo de catástrofe, entonces como lo llamaríamos?

Otro de los puntos que tenemos contra él es la brutal (segunda) guerra en Chechenya (1999-2008), un territorio anexado por la Rusia del Zar en 1870 después de una larga guerra de resistencia de parte de los chechenos, que había declarado su independencia de Rusia después de la disolución de la Unión Soviética. La destrucción de la capital chechena, Grozni, fue particularmente cruel, pero "eficiente" - probablemente por esta razón los EE.UU. utilizaron las mismas tácticas despiadadas para someter la rebelión de Faluya en Iraq en 2004.

Luego tenemos, por supuesto, la crisis de Ucrania y la anexión de Crimea. Nuestra actitud ante el desmembramiento de los países ex-socialistas después de 1990 es, sin embargo, todo menos coherente. Nosostros saludamos y apoyamos el desmembramiento de Yugoslavia y la creación de 6 pequeños países, no estábamos muy contentos con la división de Checoslovaquia y apoyamos obstinadamente la unidad territorial del pequeño estado disfuncional de Bosnia. Hemos saludado la secesión de Chechenia de Rusia, pero rechazamos rotundamente la secesión del este de Ucrania. Es que nosotros tenemos una muy buena capacidad para distinguir entre los buenos y los malos (o falsos) secesionistas. Es Vladimir que no entiende.

Mi sospecha inocente es que la razón por nuestro odio, no es porque Vladimir es cruel y autoritario. Arabia Saudita está en estos momentos llevando a cabo una campaña militar despiadada en el vecino Yemen, y ni siquiera nos damos cuenta – y mucho menos nos importa. El autoritario reino de Arabia Saudita y los diferentes sultanatos árabes son nuestros apreciados aliados - Vladimir puede ser un autoritario, pero por lo menos ha sido elegido. ¡Intente sugerir algo semejante al Rey Salman! El problema con Vladimir es que él piensa que Rusia tiene intereses que no son necesariamente idénticas a los nuestros y está dispuesto a luchar por ellos. Y luego, por supuesto, que Rusia tiene considerables medios militares – aunque sean muy inferiores a los nuestros (recuerde, el presupuesto militar de Rusia es bastante menor al de Francia y Reino Unido juntos, y constituye a penas una octava parte del presupuesto militar de EE.UU.).

Es tentador hacer una comparación con la guerra fría entre la OTAN y la Unión Soviética. La "contención" de Rusia a través de bases militares norteamericanos en todas sus fronteras se semeja bastante a la “contención” de la Unión Soviética. Pero a mi opinión no es una buena analogía. El escenario que enfrentamos parece más bien a los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, es decir antes de la Revolución Rusa, donde las diferentes potencias imperiales, capitalistas habían dividido el mundo entre sí y fueron a la guerra por razones geopolíticas – sean estas reales o percibidas. No había entonces divisiones ideológicas, sólo ansias de poder y riqueza. El grito de guerra fue salpicado por argumentos étnicos, religiosos y racistas para unir la población de los diferentes estados-nación en la guerra de la una contra la otra.

Tendemos a apreciar a personas que se someten, y despreciar a personas que defienden sus propios intereses. Es por eso que no nos caen bien los chinos, los rusos, los serbios etc. Y apreciamos a Mijail Gorbachov y a Boris Yeltsin. El pobre Mijail Gorbachov, a quien hemos alabado por su rol en la desaparición de la Unión Soviética, ha caído en desgracia últimamente ya que ha respaldado al Gobierno ruso en el conflicto ucraniano. Incluso ha elogiado a Vladimir por impedir la desintegración de la Federación de Rusia - ¿cómo se atreve, verdad? ¡Pensamos que era nuestro amigo!

Antes de la Primera Guerra Mundial los socialistas tenían la idea utópica que los pueblos serían capaces de impedir que sus líderes condujeran sus países a la guerra, y que los pueblos del mundo podrían unirse y cooperar los unos con los otros, de manera pacífica. Por desgracia, no funcionó. Los mismos partidos socialistas votaron a favor de la guerra en cada país, una guerra de los buenos contra los malos, por supuesto.

A como sea, tenemos que aprender a entender que los diferentes pueblos tienen diferentes intereses, percibidos o reales, y que estos diferentes intereses deben conciliarse en negociaciones internacionales sin el uso de la fuerza - esta fue justamente la base para la creación de la ONU. Todas las naciones tienen derecho de ponerse de pie y defender sus propios intereses, pero deben estar dispuestas a negociar y encontrar soluciones mutuamente aceptables.

El unilateralismo es un callejón sin salida - y el mundo unipolar también. Así que tendremos que convivir con los Vladimiros de este mundo, nos guste o no.

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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