En octubre de 2019, el presidente boliviano, Evo Morales, fue obligado a renunciar del cargo. Las movilizaciones populares contra el resultado de las elecciones presidenciales (supuestamente fraudulentas) con bloqueos de carreteras, quema de urnas, asalto y saqueo de oficinas gubernamentales y hogares de figuras destacadas del gobierno, culminaron con el Jefe Militar, William Kaliman, sugiriendo que el presidente renunciara, aclarando que no iban a defenderlo. Entonces Evo renunció y se exilió en México. Esto es lo que normalmente se llama un golpe de estado. Pero los medios internacionales - de derecha e 'izquierda' - lo celebraron como una victoria para la democracia, con algunas excepciones honorables. Pero un golpe es un golpe, y eso ha sido confirmado por lo que ha sucedido desde entonces. Ahora Bolivia y su frágil estabilidad política está en grave peligro.

En la última década ha sido difícil mencionar a Bolivia sin al mismo tiempo mencionar a Evo. Evo Morales ganó las elecciones presidenciales por primera vez en 2005 con el 54% de los votos y ahora puede celebrar 10 años como presidente. Una persona completamente ajeno al sistema político tradicional del país, propulsada por los movimientos sociales de pequeños productores, trabajadores y pequeños comerciantes, principalmente indígenas, con un duro discurso antiimperialista y anticapitalista, que horrorizó a la élite económica y política tradicional y a la "comunidad internacional" por igual. Su gobierno ha pasado por momentos difíciles de conflictos y crisis, llegando al borde de una guerra civil, pero al mismo tiempo ha sido una década de prosperidad económica, una marcada reducción de la pobreza y una revalorización de las raíces étnicas y culturales indígenas del país.