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21 10 2020

Evo, cambio de régimen y los 3.5 por ciento

Protestas contra el resultado de las elecciones de 2019 Protestas contra el resultado de las elecciones de 2019 Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/2019_Bolivian_protests

Una investigadora estadounidense hizo noticias hace un par de años cuando afirmó que un estudio de experiencias pasadas mostró que los movimientos de cambio de régimen no violentos solo necesitan movilizar al 3.5% de la población para tener éxito. Fue considerado una buena noticia, ya que implica que se puede lograr un cambio de régimen sin necesidad de recurrir a la fuerza militar. ¿Pero que pasa si la mayoría de la población no está de acuerdo con los 3.5 por ciento? ¿El resultado sigue siendo democrático? El caso más reciente es Bolivia.

En Bolivia, cientos de miles de personas salieron a las calles en octubre de 2019 ante denuncias de fraude electoral durante las elecciones presidenciales, donde Evo Morales obtuvo el 47% de los votos y se adelantó al otro candidato principal, Carlos Mesa, con 10 %, suficiente para evitar una segunda vuelta. Después de semanas de disturbios, el ejército y la policía sugirieron al presidente Evo Morales que renunciara. El al final renunció y se fue al exilio. Ahora, en una repetición de las elecciones de 2019, nuevamente con Carlos Mesa como principal candidato de la oposición, el partido de Evo, MAS, esta vez con el ex-ministro de Finanzas de Evo, Luis Arce, como candidato presidencial, acaba de repetir el resultado supuestamente fraudulento de 2019, ganando la primera vuelta con más del 50% (en el momento de escribir este artículo, con el 80% de los votos contados tiene el 53%, así que probablemente termine con unos 54-55%). Esta vez la ventaja sobre Carlos Mesa es de más del 20%.

Entonces, la teoría es que el 3.5% debería ser suficiente para derrocar a Evo Morales en 2019. El 3.5% de un electorado de alrededor de 7.3 millones significa 255,000 personas. Puede haber habido fácilmente eso o más en las calles durante las protestas contra las elecciones de octubre de 2019. Esta masa de gente en la calle es impresionante.

 

Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/2019_Bolivian_protests

Mucha gente se deja llevar fácilmente por esta cantidad de personas: “¡tanta gente!”. Entonces, obviamente, Evo debía haber perdido las elecciones y el 47% es resultado de un fraude. Esa fue la conclusión de la mayoría de la prensa nacional e internacional. ¡Miren toda esta gente en la calle! ¡El pueblo se ha levantado! ¡Un dictador más tumbado por el pueblo movilizado en protestas pacíficas! Como dijo Trump: Es una victoria para la democracia. Una consigna repetida incluso por ONGs internacionales.

Uno de los líderes más visibles (y virulentos) de las protestas populares fue Fernando Camacho del Comité Cívico de Santa Cruz. Aquí le da a Evo un ultimátum de 48 horas para que renuncie. La democracia trabajando:

 

Source: https://en.wikipedia.org/wiki/2019_Bolivian_protests

La gente de Camacho y sus simpatizantes rodearon las casas de líderes del MAS y los obligaron a refugiarse. La propia casa de Evo en Chapare fue objeto de vandalismo. Esta vez el mismo Camacho fue candidato presidencial y obtuvo en resultado impresionantes en el Departamento de Santa Cruz, ganando alrededor del 14% de los votos a nivel nacional. El único inconveniente es que el 14% está lejos de ser suficiente para ganar en una democracia electoral.

Muchos comentaristas, que no simpatizan particularmente con Evo y MAS, ahora tienen dudas. “Si el resultado es un triunfo en primera vuelta, no se podrá sostener en pie la tesis del fraude electoral del pasado octubre”, escribe una comentarista del diario boliviano “La Razón”. “Los resultados en Bolivia cuestionan la tesis del fraude electoral de 2019 y legitiman a Evo Morales”, escribe otro en el diario español “El País”. Aun que un año es mucho tiempo en política, es difícil llegar a otra conclusión.

En una democracia se deben respetar los derechos de las minorías. La gente tiene derecho a protestar cuando considera que la política del gobierno está dañando sus derechos o intereses, y un gobierno democrático debe escuchar cuando las gente protesta, incluso si esto no conduce necesariamente a cambios sustanciales de la política. Sin embargo, en una democracia electoral tiene que haber muy buenas razones para llegar al extremo de derrocar a un gobierno electo. A veces está justificado, cuando el gobierno no puede gobernar el país adecuadamente y ha perdido todo el respaldo popular. Pero debería ser una excepción. Y ciertamente no fue el caso en Bolivia en octubre de 2019.

El presidente electo, Luis Arce, y su candidato a vicepresidente, David Choquehuanca, han admitido que se han cometido muchos errores durante los anteriores gobiernos del MAS y deben ser rectificados. Arce ha prometido gobernar para todo el país, no solo para quienes votaron por el MAS. Es un buen punto de partida, pero, por supuesto, es más fácil decirlo que hacerlo: diferentes grupos tienen diferentes intereses y no es posible complacer a todos. El electorado principal del MAS son las poblaciones indígenas y los pobres del campo y las ciudades. El apoyo que MAS tuvo en la clase media urbana, incluso entre los estudiantes de las universidades públicas, se ha ido erosionando gradualmente durante la última década. Hay suficientes desafíos para MAS.

Lo que han demostrado las elecciones actuales es que los cambios fundamentales que ha vivido Bolivia desde que el MAS llegó al poder en 2006 no se deshacen fácilmente. Además, ha demostrado que incluso aun que Evo Morales ha sido fundamental para estos cambios, él y los movimientos sociales han logrado crear un partido político que no colapsó cuando el líder carismático ya no estaba a la cabeza. Una rareza en América Latina.

La cuestión del 3.5 por ciento y la democracia trasciende a Bolivia. Los 3.5 por ciento pueden ser fundamentales para derribar a un gobierno, pero ¿qué pasa después? Los movimientos de la "primavera árabe" en el Medio Oriente no allanaron el camino para la democracia liberal como muchos esperaban, y en las elecciones que siguieron fue en Egipto la Hermandad Musulmana la que ganó, no los jóvenes estudiantes que movilizaron a los 3.5 por ciento en las calles. En Siria y Libia abrieron el camino a las fuerzas islamistas, algunas más extremistas que otras, pero islamistas de todos modos. En algunos países, gente que se montaron en la ola de los 3.5 por ciento formaron gobiernos no electos, sustituyendo a los electos. En definitiva, los 3.5 por ciento pueden acabar promocionando algo que nunca fue la intención.

En muchos de estos casos de cambio de régimen, fuerzas externas participaron activamente en la formación, el apoyo y la dirección de estos movimientos. Cuando hablamos de países en desarrollo, esto se considera legítimo. Cuando hablamos de Europa y Estados Unidos, se llama intromisión electoral.

 

 

 

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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