19 03 2020

La increíble y triste historia de la respuesta a la nueva epidemia del corona virus.

Girl with mask Girl with mask https://commons.wikimedia.org/wiki/File:COVID-19_(Coronavirus)_Girl_in_mask.jpg

La nueva epidemia del corona virus (COVID-19) ha sido manejada por los europeos y los estadounidenses bajo el lema de que esta epidemia es imparable. Se dice que tal vez podemos retrasarlo, pero finalmente la misma cantidad de personas saldrá contagiada. Hasta podría ser mejor así, ya que una parte importante de la población saldría inmunizada y así evitaríamos un brote posterior de la epidemia. Incluso se ha manifestado que los esfuerzos para detener la epidemia no tienen base científica, y serían más bien el resultado de políticos ansiosos por mostrar que "están haciendo algo". En otras palabras, puro populismo. Esto carece completamente de sentido.

Por supuesto que sí se puede detener una epidemia. Requeriría muchos sacrificios de parte de la sociedad y sería costoso en términos financieros. Pero es una opción. El COVID-19 tiene una tasa de mortalidad de entre el uno y el siete por ciento, principalmente entre personas mayores de 60 años y personas que ya padecen otras enfermedades (diabetes, problemas cardíacos, etc.). Con un sistema de salud funcional y que no está sobrecargado, la tasa de mortalidad es probablemente de alrededor del uno por ciento. Pero supongamos por un momento que la mortalidad fuera, digamos, el 30 por ciento, o cómo el ébola aún mayor, y que afectara a personas de todas las edades. En este case creo que nadie diría que es imposible detenerlo. Habría más bien un reclamo casi unánime de que hay que detenerlo, cueste lo que cueste. Y así, por supuesto se puede detener. Las medidas serían draconianas y los costos económicos serían altos. Pero se puede.

Lo importante es que la decisión sobre qué estrategia aplicar para enfrentar el COVID-19 es una decisión política. Ningún experto o epidemiólogo puede decirnos qué es lo que debemos hacer. Pueden describir las opciones, cuántos muertos resultan y cuál el costo para la economía de diferentes estrategias (pérdidas de empleos, quiebres de empresas, déficit en las finanzas públicas etc.). Luego, alguien tiene que tomar la decisión, y en todas las sociedades, democráticas o autoritarias, la decisión lo toma el gobierno y tiene poco tiempo para hacerlo.

Como se describe en un excelente artículo reciente del Equipo de Respuesta COVID-19 de Imperial College, existen básicamente tres opciones: dejar que la epidemia siga su curso (“no hacer nada”), tratar de retrasarla para que tarde más (ahora llamada “aplanar la curva”) o detenerlo (llamado “suprimir”). Estamos presenciando actualmente todas las estrategias en diferentes partes del mundo. China se fue por el camino de detener la epidemia. Les tomó seis semanas de medidas muy duras y con un alto impacto en la economía, pero ahora básicamente todos los casos nuevos de infección en China llegan del exterior. Es decir que la epidemia local se ha prácticamente detenido y los chinos están volviendo gradualmente a sus puestos de trabajo. Corea del Sur optó por una versión similar, pero más suave, poniendo el énfasis principal en hacer tests masivos, rastrear los contactos de las personas infectadas y aislarlos. La epidemia aún no se ha detenido en Corea del Sur, pero se ha debilitado significativamente y probablemente (ojalá) también se contendrá. Luego hay la versión estadounidense y europea. El mantra allí ha sido hacer muy poco, pero mantenerse en alerta. El resultado ha sido que la epidemia se ha descontrolado en Italia, España, Suiza, los países nórdicos, Alemania y Francia, y el Reino Unido y EE.UU. van por el mismo camino. Ahora se están introduciendo medidas más severas en Europa continental, prácticamente paralizando varios países. Sin embargo, no está claro si el objetivo es contener la epidemia ("supresión") o solo retrasarla para que los servicios de salud no se saturen de pacientes ("aplanar la curva"). Vale la pena mencionar que el estudio de Imperial College mencionado arriba recomienda al Reino Unido y EE.UU. optar por detener la epidemia como la única estrategia responsable. Ojalá que los EE.UU. y el Reino Unido (y el resto de Europa) estén escuchando.

 

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El manejo de la epidemia en Europa y EE.UU. ha sido sorprendentemente incompetente, incluso cuando ya era evidente que la epidemia se estaba extendiendo rápidamente en el norte de Italia y desde allí a otros países europeos. Muchos comentaristas estaban adoptando un ángulo ideológico: China es un país autoritario y es por eso que se ha visto tan afectado por el virus. Europa y EE.UU. son sociedades abiertas y democráticas, por lo que aquí la epidemia obviamente sería mucho más fácil de controlar. Hay un sinnúmero de estas historias sin sentido, pero uno de los más representativos (y ridículos) es cortesía del novelista peruano (y ganador del premio Nobel) Vargas Llosa en el periódico español El País (me encantan sus libros, pero él es un político miserable).

Es difícil decir si esta ceguera ideológica ha influido en la respuesta al virus de Europa y EE.UU. También podría ser simplemente incompetencia y falta de coraje: miedo a tomar decisiones difíciles que podrían causar malestar en la población. De todos modos, la respuesta ha sido mínima, y sorprende que en muchos lugares esta respuesta ha contado con el apoyo de los asesores científicos de los gobiernos. "No hay motivo de alarma, el riesgo es muy pequeño". "Esto es como una gripe común, algo más mortal, pero sería demasiado costoso tratar de detenerlo". China está muy lejos, y nosotros tenemos sistemas mucho mejores para controlarlo. Y los más cínicos: esto es parte de la vida normal. De todo modo no nos preocupa la cantidad de gente que muere todos los años por la gripe común, accidentes de tránsito, etc. ¿Por qué debemos entonces asustarnos por la muerte de algunas personas más a causa del corona virus? Sospecho (admito sin ninguna prueba) que algunos piensan sin decirlo que, dado que el virus está purgando principalmente a los enfermos y ancianos, no hay costo económico para la sociedad. Y luego, por supuesto, también hay guerreros de los derechos humanos que piensan que restringir los derechos de las personas a moverse libremente durante un par de meses es más motivo de preocupación que la vida de un par de miles de personas mayores y enfermas (morirán pronto de todos modos, ¿verdad?).

Cualesquiera que sean las razones, la falta de respuesta hasta hace poco ha sido asombrosa. Ahora de repente los gobiernos comienzan tomar medidas que en algunos aspectos son aún más duras que en China y en algunos casos parecen improvisadas. El desarrollo de la epidemia en China le dio al resto del mundo entre seis y ocho semanas para prepararse para lo que se avecinaba. Si la estrategia era evitar medidas duras y desarrollar una estrategia de test-y-seguiminto: ¿dónde está la capacidad para hacer tests de forma masiva? Si la estrategia era retrasar la epidemia para que no abrumara el sistema de atención médica: ¿dónde está la preparación de capacidad adicional en las unidades de cuidados intensivos en los hospitales, particularmente los respiradores? ¿O el cuidado del personal de salud con equipo de protección?

Esto es sorprendente, teniendo en cuenta que estamos hablando de los países más ricos del mundo. ¿Aprender de los chinos? Ni hablar, no somos dictaduras. ¿Aprender de Corea del Sur, Taiwan y Singapur? No, puede ser que sean países democráticos, pero los asiáticos son autoritarios y las medidas no se pueden aplicar en nuestros paises democráticos.

La falta de capacidad de hacer tests es difícil de entender. Más absurdo en EE.UU., pero también en Europa. A pesar de tener una ventaja de seis semanas sobre los chinos. La falta de capacidad para realizar tests en EE.UU. es una historia larga y triste. Como dice la Organización Mundial de la Salud: "Nuestro mensaje clave es: test, test, test."

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La falta de acción de parte de la Unión Europea es notoria. Ha protestado cuando los países miembros han tomado sus propias medidas, pero no ha presentado propuesta alguna sobre cómo enfrentar la epidemia. Cuando la epidemia se descontroló en Italia, no hubo gestos de solidaridad. ¿Será que me ha escapado que países de la UE han enviado personal médico voluntario a Italia para ofrecer su ayuda? ¿O que otros países de la UE han enviado ventiladores y equipo de protección a Italia? Recientemente, personal de salud ha venido de China a Italia con suministros médicos. ¿Por qué no de Alemania o de Dinamarca? Incluso Cuba con sus escasos recursos ha enviado personal médico a Italia a pedido del gobierno de Lombardía.

La otra cosa que encuentro difícil de comprender es la falta de empatía. No hay muestras de empatía con Italia. Habían muy pocas expresiones de solidaridad con China de parte de los principales países occidentales durante el apogeo de la epidemia en China, todo lo contrario. Solo desprecio por Irán por el sufrimiento causado por la epidemia. El presidente de EE.UU., Trump, ha estado en primera línea con comentarios insolentes y desalmados.

¿Cuál es la estrategia correcta para enfrentar el COVID-19? China ha optado por una contención rápida y ha tenido éxito pero con un alto costo económico. La mayor parte de Europa ha optado por "aplanar la curva". El Reino Unido y Suecia originalmente habían optado por "hacer muy poco", pero aparentemente ahora están cambiando de estrategia, pero aún con medidas más suaves que otros países europeos.

Vale la pena señalar que el hecho de que países miembros de la UE están aplicando diferentes estrategias creará problemas a mediano plazo. Si algunos países deciden detener el virus, mientras que otros deciden solo retrasarlo, los países que van por la contención tendrían que limitar la entrada de ciudadanos de los otros países de la UE, ya que de lo contrario esta estrategia no funcionaría. Si la mayoría de los países optan por la contención y algunos optan por solo retrasarla, estos últimos saldrían aislados por restricciones de viaje. Al menos hasta que esté disponible una vacuna confiable, y eso probablemente tomará entre 12 y 18 meses.

¿Mi opinión? Para mí la mejor estrategia es, conforme lo propuesto por el estudio de Imperial College: medidas radicales durante un corto período para romper la curva y reducir drásticamente el número de casos nuevos, y una vez que se logre, levantar las medidas gradualmente y dar seguimiento a las personas infectadas y sus contactos con tests y traceo. Por lo tanto, la producción de kits de test tiene que incrementarse dramáticamente ya. Y luego, a esperar por la vacuna …

 

 

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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