07 11 2019

El porqué el embargo contra Venezuela es criminal

Los tres mosqueteros: Guaidó, Duque y Pence Los tres mosqueteros: Guaidó, Duque y Pence

La gestión de la economía venezolana ha sido increíblemente incompetente y desastrosa, a pesar de poseer las mayores reservas de petróleo del mundo. Las sanciones y el embargo contra Venezuela han acelerado el declive de la economía, con la inflación bordando la hiperinflación, una economía en colapso y una migración masiva. Hay mucho que criticar en cuanto a la gestión del gobierno venezolano, y por cierto en cuanto a la gestión de la oposición, también. Pero las sanciones y el embargo constituyen una política errónea, causando más sufrimiento para el pueblo venezolano. Reconocer a un auto-proclamado presidente y apoyar un levantamiento fallido es convertirlo en una farsa. Es una vieja política de los Estados Unidos tratar a sus enemigos de esta manera. Pero es difícil comprender lo que está haciendo la Unión Europea, apoyando esta política. De aquí en adelante los europeos ya no pueden culpar al gobierno venezolano. Han decidido asumir una responsabilidad compartida por el sufrimiento del pueblo venezolano.

La hostilidad de EE.UU. hacia Venezuela es de vieja data y ha sido un elemento clave de la política exterior del país desde que Hugo Chávez fuera elegido presidente en 1998. En 2001 apoyaron un golpe militar que resultó ser efímero, siendo derrotado por un levantamiento popular, pero la hostilidad continuó después con diferentes argumentos (tráfico de drogas, apoyo a las FARC, colaboración con Hezbolá, compra de armas a Rusia, corrupción, violaciones de derechos humanos - la lista es muy larga).

En 2017, ahora con Trump como presidente, la presión sobre Venezuela aumentó con la imposición de un embargo financiero que excluyó a Venezuela de los mercados financieros internacionales. La producción de petróleo que hasta entonces había estado disminuyendo lentamente, ahora se desplomó. En 2019 se agregó un embargo más amplio que prohíbe todas las transacciones con entidades gubernamentales (incluidas PDVSA y la Empresa Minera Aurífera), prohibiendo al Banco Central todo uso del dólar estadounidense en transacciones internacionales, confiscando los activos de PDVSA en los EE.UU., incluyendo la empresa CITGO, etc. Se impusieron sanciones contra las compañías navieras que transportan petróleo venezolano, particularmente dirigidas al envío de petróleo a Cuba. No llegaron hasta la imposición de un embargo completo físico y marítimo - no porque hubiera sido una violación al derecho internacional (lo es), sino porque sería muy costoso de establecer y probablemente no sería efectivo. Además, EE.UU. amenazó con invadir el país ("todas las opciones están sobre la mesa"). Este embargo ha tenido un efecto devastador en la economía que ya estaba sufriendo, y actualmente el principal desafío para Venezuela no es producir el petróleo, sino poder venderlo. Para no quedarse atrás, el Reino Unido negó a Venezuela el acceso a su oro depositado en el Banco de Inglaterra. Todo parece cada vez más a simples actos de piratería internacional.

En 2018 se celebraron elecciones presidenciales en Venezuela, donde Nicolás Maduro buscaba un segundo mandato. Las elecciones fueron boicoteadas por la oposición "dura" a pesar de que probablemente posiblemente las habrían ganado si hubieran podido ponerse de acuerdo sobre un candidato único adecuado, por lo que solo participó la oposición "suave". El Consejo Nacional Electoral de Venezuela registró la participación de solo 46.1% del electorado, muy por debajo del 80% registrado en la última votación presidencial en 2013 (para comparar, la participación en las elecciones presidenciales en la vecina Colombia el mismo año fue de solo 54.2%). Maduro recibió alrededor de 5,8 millones de votos, mientras que su rival más cercano, Henri Falcón, logró 1,8 millones de votos. EE.UU., la UE y varios países latinoamericanos se negaron a reconocer el resultado de las elecciones.

Donde todo comenzó a volverse en una farsa fue cuando el líder de la oposición Juan Guaidó en enero de 2019 se auto-proclamó Presidente de Venezuela e inmediatamente fue reconocido por los EE. UU., Canadá, la UE y varios países latinoamericanos (entre estos el Brasil de Bolzonaro, la Colombia de Ivan Duque, la Argentina de Macri y el Chile de Piñera). Estos países latinoamericanos y Canadá han formado el Grupo de Lima para coordinar acciones con la UE y los EE. UU. para derrocar a Maduro. Cuando Guaidó declaró un levantamiento popular para derrocar a Maduro en mayo de 2019, había grandes expectativas en los EE. UU., La UE y entre los medios internacionales, pero todo fue una farsa chapucera y se desinfló rápido.

El reconocimiento de un gobierno paralelo en el exilio es un arma diplomática que raras veces se utiliza y muy raras veces da resultado, pero sí funciona para prolongar una crisis. Aparentemente, la esperanza de los EE.UU. y la UE era que si entraban con toda fuerza, la operación podría ser rápida. Ahora el conflicto está en un punto muerto que causa un inmenso sufrimiento al pueblo venezolano. En julio de 2019, Thomas Shannon, ex subsecretario de asuntos políticos, comparó en una entrevista con el periódico británico Financial Times los efectos del bloqueo de EE.UU. contra Venezuela con los efectos de un bombardeo. "Más o menos como el bombardeo de Dresden y Tokio. Estamos viendo la destrucción de Venezuela como país y como sociedad". "Mantener estas sanciones sin promover una mediación tendrá un impacto negativo profundo en el pueblo de Venezuela". O, como notó un estudio realizado por el CEPR: las sanciones son un "castigo colectivo a la población civil, así como se describe en las convenciones internacionales de Ginebra y La Haya". Por lo tanto, hay aquí algunos problemas graves de derechos humanos.

En un artículo reciente en el New York Times, Francisco Rodríguez y Jeffrey D. Sachs señalan que el mensaje de las sanciones es claro: "Cambiar de régimen o morir de hambre". "Los riesgos de este enfoque, sin embargo, son extraordinarios. El gobierno de los EE.UU. está basándose en varias suposiciones: que los militares están a punto de cambiar de bando; que lo harán de manera disciplinada; que el Sr. Maduro carece de apoyo popular; que los aliados extranjeros de Venezuela, especialmente China, Cuba y Rusia, carecen de interés, voluntad y medios para apoyar a su aliado; y que después de un rápido cambio de régimen, el pasado será considerado el pasado".

Podemos afirmar con toda seguridad que todas estas suposiciones mencionadas son falacias, excepto tal vez en lo que concierna a la China, que probablemente aceptará abandonar a Venezuela a cambio de un acuerdo comercial con los EE.UU. O, quién sabe, quizás ya lo ha hecho. Además, el frente latinoamericano más o menos unido contra Venezuela se está desmoronando poco a poco, ya que Macri perdió las elecciones presidenciales en Argentina, el México de AMLO negó a aopyarlo, Piñera en Chile de repente tiene que lidiar con manifestaciones masivas pidiéndo su renuncia, y Duque fue derrotado rotundamente por la oposición en las recientes elecciones regionales y locales colombianas. Eso deja a Bolsonaro como el último hombre de pie.

Además, ¿qué sabe la UE sobre la oposición que están apoyando? Cabe recordar que la revolución de Chávez en 1998 no fue solo un simple cambio de gobierno en Venezuela. Le dio un nuevo papel a las masas empobrecidas que nunca antes habían sido tomadas en cuenta en la política venezolana. No existe una plataforma política clara para la oposición "dura", salvo derrocar a Maduro, pero muchos de los políticos pertenecen a la vieja élite acaudalada y quieren que las cosas vuelven a ser como eran antes de Chávez. Es poco probable que una toma de poder  por parte de la oposición sea un bonito ejercicio democrático. Habrá mucha sed de venganza, y una gran parte de la población resistirá a un intento de restablecer el régimen de los viejos tiempos, de manera violenta si fuese necesario. Es poco probable que el apoyo de Guaidó a una invasión estadounidense sea compartido por la mayoría de los venezolanos (86% estaría en contra de esto según una encuesta reciente). La extraña relación de Guaidó con las bandas criminales paramilitares colombianas, como lo atestiguan las fotos recientes, muestra ó que él es increíblemente ingenuo ('no sabía quiénes eran') ó que está dispuesto a hacer alianzas con el diablo, si fuese necesario.

¿Cuál es exactamente la estrategia de la UE? ¿Cuál es el "final del juego" esperado, como lo llaman los estrategos? ¿Se mueren de hambre, y luego nos salimos con la nuestra? Vale la pena recordar que el ex primer ministro español José Luis Rodríguez Zapatero logró a principios de 2018 alcanzar un acuerdo entre el Gobierno venezolano y la oposición respecto a las elecciones presidenciales de ese año, después de una larga mediación en la República Dominicana. Zapatero expresó su sorpresa, cuando la oposición de repente se negó a firmarlo. En una carta a la oposición Zapatero escribió que "eso fue inesperado para mí, el documento no fue suscrito por representantes de la oposición. No profundizaré en las circunstancias y los motivos de esto, pero es mi deber defender la verdad, y estoy comprometido a no renunciar a la oportunidad de llegar a un acuerdo histórico entre los venezolanos''. Y agregó: "Le pido, pensando en la paz y la democracia, que su organización suscriba formalmente el acuerdo que le remito, una vez que el Gobierno se ha comprometido a respetar escrupulosamente lo acordado. Esta petición la formulo desde mi convicción profunda en la necesidad de este acuerdo y desde mi compromiso por el cumplimiento del mismo". Se perdió aquí claramente una oportunidad histórica. El presidente de la República Dominicana, Danilo Medina, que había participado activamente en la mediación, declaró que el gobierno inicialmente había querido celebrar elecciones presidenciales en marzo y la oposición en junio, pero que ambas partes a través de las negociaciones se habían conformado con el 22 de abril como un compromiso (al final solo el gobierno venezolano firmó el acuerdo y las elecciones se celebraron el 22 de abril). Exactamente lo que hizo que la oposición se retirara no está claro, pero posiblemente luchas internas de poder. ¿O presión de EE.UU.?

El único país europeo que ha tomado una postura prudente es Noruega, y está tratando activamente de facilitar las negociaciones entre el gobierno venezolano y la oposición. Sin embargo, las últimas sanciones draconianas de EE.UU., apoyadas por la oposición, hicieron que el gobierno venezolano se retirara, así que por el momento las negociaciones están estancadas.

Tal como están las cosas, Estados Unidos tiene una gran responsabilidad por el sufrimiento del pueblo venezolano. Pero con la ingeuna postura que ha adoptado la Unión Europea ahora comparte esta responsabilidad.

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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