12 05 2019

Sí, Estados Unidos es un país disfuncional. Pero, ¿importa?

Road side bomb, Iraq Road side bomb, Iraq By https://www.flickr.com/photos/soldiersmediacenter/ - https://www.flickr.com/photos/soldiersmediacenter/2583385889/, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8363211

Se dice muchas veces que la principal fortaleza del sistema político de los Estados Unidos son sus controles y contrapesos. Las tres ramas del gobierno hacen contrapeso entre sí, y la prensa libre y la sociedad civil en sus muchas formas contribuyen con más controles al sistema. A veces efectivamente es así. Pero en muchos casos el resultado es un punto muerto y un sistema no funcional. Lo más preocupante es que en el caso fundamental de la guerra y la paz, simplemente no funciona, poniendo al mundo entero en peligro.

Decir que el sistema político de EE.UU. se ha vuelto disfuncional no es nada nuevo. Hay miles de artículos de autores, de derecha e izquierda, quejándose de esta disfuncionalidad, ofreciendo explicaciones y proponiendo soluciones. Hay quienes lo descartan como irrelevante, señalando que así ha sido desde la constitución de EE.UU. hace más de doscientos años, y aun así ha llegado a ser la única superpotencia del mundo. Se ha discutido la disfuncionalidad del sistema político de EE.UU. desde mucho antes de que Trump llegara a la presidencia, pero su liderazgo errático ha dado al tema un nuevo sentido de urgencia.

La disfuncionalidad se expresa de muchas formas. El Congreso no puede ponerse de acuerdo para resolver una serie de problemas - principalmente internos - de los EE.UU.: ¿cómo frenar la violencia con armas de fuego? ¿cómo asegurar la atención médica para los pobres? ¿cómo financiar una renovación de la infraestructura que se está desmoronando? ¿cómo actuar ante el cambio climático? ¿cómo equilibrar las finanzas publicas? etc. Los gobiernos de turno pueden hacer que el congreso apruebe una reducción de los impuestos, pero no pueden lograr que apruebe los recortes de gastos correspondientes. Entonces, el déficit presupuestario se está disparando, y la deuda pública ahora es extremadamente alta y está creciendo. Igual que el déficit comercial.

Se puede decir que estos problemas son básicamente propios de los estadounidenses. Y estoy de acuerdo, aunque la falta de equilibrio en las finanzas públicas también afecta al resto del mundo, dado el tamaño de la economía de los EE.UU. y el papel predominante del dólar.

La principal preocupación es el inmenso poderío militar de los EE.UU. y la absoluta falta de control sobre él. En primer lugar, el presupuesto militar es una vaca sagrada. Cuando se propone aumentar el presupuesto militar, no hay una oposición política real, a pesar de que EE.UU. utiliza más dinero para sus fuerzas armadas que los siguientes ocho países más grandes en su conjunto. Puede haber algunas quejas sobre la falta de eficiencia en el uso de los fondos, pero no lo detiene. Cuando se sugiere cortes a los gastos militares, el sistema se vuelve disfuncional. Los gastos militares solo pueden ir en una dirección: hacia arriba. El financiamiento no es un problema. Se financia aumentando el déficit fiscal.

Cuando se trata de la política exterior y el uso del poder militar, tampoco funcionan los controles y los contrapesos. Se podría pensar que los poderes no gubernamentales como los medios de comunicación y la sociedad civil pudieran funcionar como contrapeso, pero no es el caso. Los días de las grandes manifestaciones en contra de las guerras, como en los tiempos de la guerra de Vietnam, han pasado a la historia. Los medios de comunicación establecidos no abogan por la moderación, exigen acción. Cuando las acciones resultan en un desastre, no hay remordimiento. Es una situación extremadamente peligrosa.

Cuando un pequeño grupo de políticos influyentes que rodeaban al entonces presidente norteamericano George W. Bush decidió invadir Irak en 2003, no hubo objeciones serias, a pesar de que los argumentos a favor de la guerra eran claramente falaces, y cualquier con un poco de conocimiento sobre la política internacional lo sabía. ¿Funcionaron los medios de comunicación establecidos como un control a un gobierno beligerante? De ningún modo. Por el contrario, hicieron campaña por la guerra y argumentaron de que se trataba de una misión humanitaria. ¿Los aliados europeos de EE.UU. funcionaron como un control a la Superpotencia? El presidente francés Jacques Chirac y el primer ministro alemán Gerhard Schröder lo intentaron, pero fueron socavados por otros PM europeos sin escrúpulos (Tony Blair del Reino Unido, Aznar de España, Berlusconi de Italia, Fogh Rasmussen de Dinamarca y un par de otros políticos secuaces). ¿Hubo algún remordimiento después, cuando quedó claro que fue un desastre que causó entre 300,000 y un millón de muertes prematuras? Algunos políticos (no los arriba mencionados) sí mostraron arrepentimiento después, pero pocos medios lo hicieron. Y lo más importante, parecen no haber aprendido nada.

El Partido Demócrata, que ahora tiene una mayoría en la Cámara de Representantes, está demasiado ocupado con "Russiagate" para preocuparse por la guerra y la paz. Están convencidos de que Rusia fue la culpable de que Hillary Clinton perdiera las elecciones presidenciales de 2016 y que la mejor manera de ganar en 2020 es prometer ser más duros con Rusia y China que Trump. La política exterior de Obama era, en su opinión, demasiado débil, particularmente en el Medio Oriente y frente a Rusia y China. Hillary Clinton quería bombardear a las tropas del gobierno sirio para lograr un cambio de régimen, dando seguimiento al éxito que había tenido en Libia, aun si implicara derribar a aviones rusos. También quería bombardear Irán. Los demócratas celebraron el reciente bombardeo de Trump en Siria. Entonces, la presión que los demócratas están ejerciendo sobre Trump no es para evitar una nueva guerra en el Medio Oriente, sino para que haya más intervenciones militares. Solo pensar en aceptar la derrota y terminar la guerra en Afganistán después de 18 años de guerra, la más larga en la historia de los EE.UU., es considerada una monstruosidad (aunque parece que algunos demócratas están considerando solapadamente apoyar la retirada). Sacar las tropas de EE.UU. de Siria sería un "regalo para Putin". Lo mismo se repite en los medios de comunicación establecidos y en los influyentes centros de reflexión (think tanks) y organizaciones de derechos humanos. Después de las guerras humanitarias en Afganistán, Irak y Siria para difundir la democracia y los derechos humanos, ha llegado el momento de intervenciones militares humanitarias en Irán, Siria, Venezuela y Cuba. Están presionando para que Trump sea más agresivo, no menos - como si él no fuera suficientemente agresivo ya. Como se comenta en la revista norteamericana "Foreign Policy": "Es un juego peligroso tratar de ser más halcón que Trump". Se alzan algunas voces en contra de más guerras, proponiendo detener las "guerras para siempre" (“forever-wars”). Pero estas voces se pierden en los clamores a gritos por más intervenciones militares. Si alguien está en contra de más intervenciones militares, o, lo que es peor, por terminar las "guerras para siempre", está apoyando a Trump. Y dandole regalos a Putin.

Aunque Europa por cierto no impidió la desastrosa invasión de Iraq y de hecho estuvo al frente de la campaña militar en 2011 para eliminar al hombre fuerte libio, Gadaffi, hundiendo el país en el caos completo desde entonces, ¿podríamos esperar que la Unión Europea contribuya a frenar la marcha de EE.UU. hacia nuevas guerras contra Irán, Siria y Venezuela? La prueba de fuego es Irán. EE.UU. ha abandonado el acuerdo internacional sobre Irán (el llamado “Plan de Acción Integral Conjunto”), y ahora está impidiendo de manera unilateral cualquier acceso de Irán al sistema financiero internacional, bloqueando su exportación de petróleo y amenazando con represalias graves a cualquier tercer país que no se someta a estas sanciones impuestas por ellos. ¿Qué ha respondido la UE? Saltó como un león y tocó tierra como un cordero. La UE prometió cooperar con Irán para salvar el acuerdo, incluso sin la participación de EE.UU. Sin embargo, todas las grandes empresas europeas ya se han sometido a la política extraterritorial de los Estados Unidos y se han retirado de sus acuerdos comerciales con Irán. La lista es larga e incluye entre otras líneas aéreas, compañías petroleras, bancos y fabricantes de automóviles. El mecanismo financiero de la UE para eludir las sanciones de EE.UU. (denominado INSTEX) aún no es funcional, y solo lo utilizarán las empresas europeas más pequeñas que no comercian con EE. UU. Si es que será utilizado de todo. Según un ex embajador del Reino Unido en Teherán, "Europa no ha cumplido con los compromisos que hizo con Irán en 2008 en ninguna de las áreas (transporte, comercio, inversión, banca)". Parece que a nadie le importa lo que haga o no haga la UE. Mucho menos a las transnacionales europeas y a EE.UU. De todos modos, ya hay señales de que los países europeos están haciendo de la necesidad una virtud y ahora se están alineando con la política agresiva de Trump hacia Irán. “Ya se nos agotó la paciencia con los iraníes”, dicen enojados. Los medios europeos también se están alineando cada vez más con las posiciones estadounidenses, y no hay movimientos populares serios en contra de una nueva guerra. Entonces, la respuesta desafortunadamente es “no”, no hay muchas esperanzas de que la UE pueda sea un factor de moderación.

They want war! Bolton and Pompeo with Trump [State Department photo/ Public Domain]

¡Quieren guerra! Bolton y  Pompeo con Trump. [State Department photo/Public Domain]

La única esperanza para evitar una guerra con Irán radica en el hecho de que es un adversario mucho más difícil de someter que Irak, Afganistán y Libia, y por lo tanto hace a EE.UU. pensar dos veces. Claro, si los Estados Unidos, con o sin sus seguidores europeos, deciden atacar a Irán, pueden aplastarlo. Rusia y China protestarán, pero no intervendrán militarmente. Los iraníes se sienten traicionados por los europeos, pero eso no les ayuda mucho. Están solos. Sin embargo, una guerra con Irán no será un paseo fácil – así como se jactaron funcionarios del Pentágono en la víspera de la invasión de Irak. Y no van a ser los iraníes los únicos en poner los muertos.

 

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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