07 01 2013

¿Existe un atajo para un desarrollo económico más rápido?

El asociarse a una zona de moneda fuerte como el dólar o el euro pareciera por un momento crear milagros económicos en países pequeños de Europa y América Latina. Ahora, después de la crisis financiera internacional, este aparente atajo parece más bien un callejón sin salida.

Los problemas actuales en los países de la periferia de la UE (Irlanda, Portugal y Grecia) presenta unos interrogantes más profundos sobre el desarrollo económico. El interrogante es, de que manera una economía pequeña, relativamente atrasada, ubicada en la periferia de una economía más avanzada, puede lograr el desarrollo económico. Este problema se presenta para los países pequeños alrededor de la UE, para las economías latinoamericanas pequeñas y también para algunos pequeños países asiáticos.


Durante la década de los noventa, el llamado consenso de Washington dictaba que lo que se necesitaba era estabilidad macroeconómica, privatización de empresas públicas, liberalización del comercio exterior y hacer el país atractivo para inversionistas internacionales. Quedaba algunos asuntos pendientes, por ejemplo si los países deberían atar su moneda a la moneda de la economía fuerte (dólar o euro), o si deberían más bien dejar su moneda flotar.


La experiencia de América Latina, igual que la de algunos países asiáticos, no ha sido buena. El tipo de cambio fijo de la monedas de Argentina y Brasil conllevó una entrada fuerte capital barato, pero volátil, un incremento de los precios relativos por el tipo de cambio fijo, y crecimiento lento. Al final ambos países eran forzados a abandonar el cambio fijo y devaluar sus monedas, en el caso de Argentina en medio de un colapso traumático de la economía. Otros países, como El Salvador, que dolarizó su economía hace casi una década, están atrapados en un crecimiento lento y se mantienen a flote principalmente por las masivas remesas familiares del exterior.


¿Pero cuál ha sido la experiencia de la zona Euro? Se miraba mucho más exitosa y aparentaba contradecir la creencia que simplemente integrarse a una economía más grande y desarrollada no era un camino viable para lograr el desarrollo económico. Miremos el ejemplo España. Hace 30-40 años, España parecía más a un país en desarrollo que un país desarrollado. La transformación ha sido impresionante – no siempre para lo mejor, pero nadie puede negar que España ahora es más moderno y próspero que antes. Una posible interpretación es, que hay más posibilidad de éxito en este tipo de procesos, cuando el país es relativamente diversificado y desarrollado, antes del proceso de integración, así como era el caso de España en 1986.


Pero los casos de Grecia y Portugal son más dudosos. Estos países fueron integrados a la UE en 1981 y 1986 respectivamente, y entraron a la zona Euro en 2001 y 1999. Grecia, que históricamente ha sido une de los países más atrasados de Europa, había en 2008 alcanzado el nivel de ingreso por habitante promedio de la UE, y Portugal no está muy atrás. Así que al parecer, ¿estos son casos exitosos? Tal vez no. Por lo menos parte de los logros son ilusiones. En el caso de Grecia, el país ha experimentado un crecimiento económico rápido, pero basado en una expansión insostenible del gasto público y un desmesurado déficit comercial. Tenía que llegar a un fin, tarde o temprano, y ahora fue la hora. En el caso de Portugal, que ha tenido una política fiscal mucho más prudente, el país ha estado atrapado en un crecimiento raquítico por casi una década. Esto parece más a Argentina en los años noventa que a los tigres asiáticos.


Estos casos nos parece indicar no existe un camino rápido y fácil para lograr el desarrollo económico. Las soluciones fáciles como entrar en la zona Euro o adoptar el dólar americano como moneda puede producir milagros en el corto plazo. Puede controlar una inflación alta y mejorar el acceso a préstamos a intereses bajos, pero al mismo tiempo conlleva una revaloración real de la moneda a la medida que los precios locales siguen creciendo a pesar del nuevo sistema cambiario, incrementa los precios inmobiliarios creando una ilusión de riqueza. Crecimiento rápido en la construcción de condominios y centros comerciales, fácil acceso a tarjetas de crédito y préstamos de consumo – aparentan un milagro económico. Pero es una cosa muy diferente lo que se nota de repente cuando el “boom” llega a su fin, aún en casos como Portugal donde no ha habido una burbuja inmobiliaria espectacular.


Entran las dudas también sobre la solidez de la economía española, aparentemente más exitosa. Se mira más sólida. Existen grandes empresas multinacionales españoles en área de alta tecnología. El sector bancario parece más sólido y menos vulnerable a pesar del estallido de la burbuja inmobiliaria, por que los bancos aparentemente han sido bastante conservadores. Sin embargo, la burbuja inmobiliaria era gigantesca y hay una gran cantidad de casa y edificios recién construidos, sin ocupar. Según lo que se entiende, los precios inmobiliarios solamente han bajado con 11% de su nivel más en 2007. Si esto es cierto, aún estaría pendiente una caída considerable antes de que se logre un equilibrio en el mercado. Dado que la recesión económica continúa (el prognóstico para 2011 es de crecimiento muy modesto después de crecimiento negativo en 2009 y 2010) y será exacerbada por las recientes medidas de austeridad, puede conllevar a un circulo viciosos donde la caída en los ingresos y los precios inmobiliarios implican que más préstamos caen en mora, poniendo los bancos en peligro. A esto se agrega que gran parte del crecimiento económico de España durante la última década ha estado íntimamente ligada al “boom” inmobiliario. Ahora que este “boom” llegó a su fin, España luce poco competitivo con el nivel actual de precios y costos. Así que la situación se puede empeorar.


Si consideramos los “tigres asiáticos”, algunos de ellos tenían problemas similares antes de la crisis financiera asiática en 1998. Pero era temporal, y las economías más exitosas tenían una base más sólida: fuertes inversiones en educación, política de fomento industrial, incluyendo empresas estatales en áreas clave de la economía, un alto ahorro nacional, bancos estatales que canalizaron el ahorro hacia sectores priorizados de desarrollo industrial, control de los flujos de capital – particularmente la entrada de capitales – y tasas de cambio competitivas.


Estas experiencias parecen más solidas y más interesantes para los países en desarrollo.

Visto 2074 veces
Valora este artículo
(0 votos)
Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

Artículos relacionados (por etiqueta)

Más en esta categoría:

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.