05 07 2020

¿Cómo pagar por la próxima crisis?

“Survival of the fattest”. Escultura de Jens Galschiøts en Ringkoebing, Dinamarca. “Survival of the fattest”. Escultura de Jens Galschiøts en Ringkoebing, Dinamarca. https://www.visitringkoebing.dk/sevaerdigheder/kunstvaerker/survival-of-the-fattest

La crisis económica causada por el coronavirus se ha pagado en las economías avanzadas de la misma manera que la Gran Crisis Financiera de 2007-2009: inyectando dinero al sector financiero y aumentando el gasto público. Resultado: más deuda pública a pagar en el futuro, básicamente por la gente común y corriente. Así no se puede seguir eternamente. La próxima crisis tiene que ser financiada de otra manera, trasladando la carga a quienes están sentados sobre el dinero.

Muy pocos economistas cuestionan a esta altura la necesidad de que los gobiernos intervengan para sostener la demanda durante una crisis económica, ya sea a través de un aumento del gasto público o disminuyendo la carga fiscal. Eso a pesar de que hace un par de décadas había economistas muy influyentes que afirmaban que esto no funcionaría, porque las personas son lo suficientemente inteligentes como para anticipar que esta generosidad debe pagarse en el futuro y, por lo tanto, reaccionarían reduciendo su demanda actual. Incluso, se ha premiado estas tonterías con premios Nobel en economía (volveré sobre este tema en otro artículo).

Pero eso fue entonces. La sacudida de la crisis financiera de 2007-2009 provocó un cambio de sentimiento. Hubo de repente un respaldo muy amplio a una política para estimular la demanda y evitar que la economía entrara en una dinámica de contracción acelerada. Eso se ha repetido durante la crisis del coronavirus. Así que todo el wiri-wiri neoliberal sobre el capitalismo autorregulado fue discretamente dejado de lado (desafortunadamente solo para ser desempolvado y reutilizado más tarde, pero es otra historia).

Pero, ¿qué hacer con el aumento estrepitoso de la deuda pública?

Como consecuencia de la crisis de 2007-2009 hubo un incremento fuerte en la deuda pública en la mayoría de las economías avanzadas, y en la mayoría de ellas el nivel de la deuda se ha mantenido alto desde entonces. Ahora viene encima la crisis del coronavirus. Todavía no sabemos qué tan fuerte será el impacto, no sabemos si habrá una segunda ola del virus, y así sucesivamente, así que hay mucha incertidumbre. El Fondo Monetario Internacional, FMI, ha hecho sus proyecciones para los próximos años, que han sido actualizadas periódicamente. La última es del 24 de junio de 2020.

Siempre teniendo en cuenta la incertidumbre, el FMI espera que la deuda pública mundial aumente de alrededor del 83% de la producción total (PIB) en 2019 al 103% en 2021. Para los EE.UU., el pronóstico es un aumento del 113% al 143%, para la zona Euro del 84% al 103% y para Japón del 238% al 265%. Se trata principalmente de un fenómeno de las economías avanzadas, ya que el aumento esperado de la deuda pública en las llamadas economías de mercado "emergentes" (como China, India, Brasil, Rusia, etc.) es mucho menor. Lo mismo ocurre con los países en desarrollo; en muchos casos, esto se debe simplemente a que no tienen la opción de aumentar el gasto público para enfrentar la crisis del coronavirus, ya que no tienen acceso a los mercados internacionales de capital. Y no pueden simplemente imprimir dinero.

Hay mucho debate sobre cuál sería un "nivel demasiado alto" de la deuda pública. Como la tasa de interés de los bonos emitidos por muchos países desarrollados actualmente es muy baja (casi cero), se puede alegar que esta deuda simplemente se puede financiar emitiendo bonos a largo plazo y posteriormente renovarlos cuando sea necesario. Entonces, ¿cuál sería el problema? Considere el caso de Japón. Japón ha estado aumentando su deuda pública durante tanto tiempo, llegando a niveles de endeudamiento hasta ahora inéditos. Aun así no tiene problemas para financiar la deuda a una tasa de interés irrisoria de 0.033% sobre un bono a 10 años. ¿O qué les parece el reciente bono austríaco a 100 años (en euros) con un rendimiento de menos del 1 por ciento anual?

Queda claro que esta bonanza se limita a los países que no tienen problemas para emitir bonos en su propia moneda, básicamente en dólares, euros, yenes japoneses y libras esterlinas. Para otros países, es mucho más difícil. China tiene que pagar un interés de alrededor del 3% en un bono del gobierno a 10 años, mientras que Brasil, India y Rusia tienen que pagar un 6-6.5% y Turquía alrededor del 12%. En este contexto no es difícil entender que estos países son reacios a seguir ciegamente el liderazgo de las economías avanzadas y alegremente aumentar el gasto público y la deuda pública para contrarrestar la crisis del coronavirus.

La verdad es que no sabemos cuáles son las consecuencias a largo plazo del aumento estrepitoso de la deuda pública. Estamos pisando tierras desconocidas.

Entonces, ¿cómo pagar la próxima crisis económica de una manera que no solo acumule más deuda pública? A corto plazo, lo más importante es que los hogares puedan mantener el consumo necesario y que las pequeñas empresas no quiebren ni cierren. En las economías avanzadas, uno de los principales gastos de un hogar es la vivienda, ya sea en forma de alquiler o hipoteca. Para las pequeñas empresas el alquiler constituye una importante carga económica, como lo hace el pago de intereses y amortización de la deuda. Una moratoria temporal general de la deuda de los préstamos existentes y una exención temporal del pago de alquiler sería una forma obvia de ayudar a los hogares afectados por el desempleo a sobrevivir, igual que para las pequeñas empresas que sufren por la caída de la demanda de sus productos o servicios. No estamos hablando de perdonar las deudas, sino simplemente congelar el servicio de la deuda por un período - sin acumulación de intereses. De esta manera se traería alivio sin acumular más deuda pública.

¿Quiénes serían los perdedores? Los alquileres y las deudas constituyen una larga cadena. En el caso de los propietarios de por ejemplo un centro comercial o un edificio de apartamentos de alquiler, ellos no recibirían rentas por un período. La carga principal de ellos es normalmente el servicio de la deuda, ya sea con el banco o mediante bonos corporativos. En ese caso ellos mismos se beneficiarían de la moratoria. Al final de la cadena están obviamente los propietarios del capital, ya sean bancos, fondos de inversión, fondos de pensiones o propietarios individuales que poseen acciones y bonos. Por lo tanto, el costo caería no solo sobre los propietarios acomodados sino también sobre los asalariados más humildes que verán su futura pensión reducirse o sus ahorros perder valor. Pero como la medida sería temporal, el efecto no sería devastador. Y como la distribución de la riqueza es muy desigual, la carga principal recaerá en aquellos que están en mejores condiciones de asumirla.

Pero, ¿qué pasaría con los bancos cuyo negocio principal supuestamente es prestar dinero? Por supuesto, sufrirían una caída de sus ingresos durante un período, pero como los préstamos no se consideran en mora, no afectaría su balance. Debido a las intervenciones de los bancos centrales, las economías avanzadas han estado desde la crisis de 2007-2009 inundadas de efectivo, por lo que una crisis de liquidez tampoco es una amenaza inmediata para la banca.

El desafío principal sería probablemente de carácter legal, y se complicaría aún más en e caso de las deudas transfronterizas. Pero en tiempos de crisis, medidas de crisis son necesarias.

Aun así, es probable que se necesite medidas adicionales para estimular la demanda para disminuir el impacto de la próxima crisis económica (cualquiera que sea su origen). A menudo se presenta las opciones como si durante una crisis económica lo más importante fuera aumentar el déficit fiscal para de esta manera sostener la demanda general. Pero la forma en que se incrementa es muy importante, y algunas formas de estimular la demanda son menos costosas que otras, lo que significa que se puede obtener el mismo efecto con un déficit presupuestario público más bajo. Y el efecto distributivo varía.

Para sostener la demanda y, por lo tanto, la producción y el empleo, el efecto de una reducción de los impuestos es muy diferente de por ejemplo un aumento en la inversión pública en infraestructura o un incremento en el gasto público para mejorar los servicios públicos o aumentar las transferencias a hogares de bajos ingresos.

Una reducción general de los impuestos aumentaría el déficit público, pero el efecto sobre la demanda es incierto. Si se reducen los impuestos sobre los ingresos de capital, el efecto durante una crisis económica sería insignificante: los propietarios simplemente se sentarían sobre el dinero adicional, esperando a ver qué sucede. Si la reducción de impuestos es para beneficiar a hogares de bajos ingresos, ayudaría sin duda a estos a mantener su consumo y, por lo tanto, tendría un efecto mucho más positivo. Si tiene como fin cambiar el comportamiento de los agentes económicos, proporcionando exenciones de impuestos o subsidios para inversiones consideradas socialmente beneficiosas, el aumento en la inversión privada sería sin duda considerablemente mayor al costo para las finanzas públicas. Podría ser por ejemplo inversiones en energía renovable, ahorro de energía, mejoras en la vivienda, mejoras ambientales o similares. El gasto público movilizaría en este caso fondos privados paralizados. Si el gasto público es para adelantar inversiones necesarias en infraestructura pública, el aumento de la deuda pública tendría como contrapeso una menor necesidad de inversión en el futuro. En breve: la forma en que se combina las medidas para contrarrestar la crisis tiene implicaciones para su efectividad y también tiene consecuencias para la distribución de ingresos, o sea la desigualdad.

Después de años de austeridad en muchos países europeos, la crisis del coronavirus ha impulsado a los gobiernos a abrir de un solo las arcas públicas. Ha sido asombroso ver cómo los políticos han entrado en competencia con propuestas para gastar fondos públicos. En algunos países se paga compensación a las empresas privadas por no despedir a sus trabajadores, se proporciona subsidios directos en efectivo a los hogares, se aprueba paquetes de rescate para grandes empresas seleccionadas, se extiende el período de pago de beneficios por desempleo, etc. No ha habido una discusión real sobre el impacto que tendrían estas medidas, pero puro regateo político: dame para mi gente para que yo te dé para los tuyos.

Antes de que la próxima crisis está encima y el pánico cunde de nuevo, debe haber un debate real sobre las opciones y sus consecuencias. No podemos seguir así.

http://www.quehacer.com.uy/index.php/capitalismo-quehacer/las-crisis/la-ultima-crisis/175-ocaso-y-decadencia/1485-nos-dirigimos-hacia-otra-crisis-economica

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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