27 06 2019

La guerra comercial de Estados Unidos contra China cambiará la historia (1)

El saqueo y quema del palacio imperial en Beijing en 1860 por fuerzas británicas-franceses durante la segunda guerra del opio. El saqueo y quema del palacio imperial en Beijing en 1860 por fuerzas británicas-franceses durante la segunda guerra del opio. Émile Bayard - http://www.lessignets.com/signetsdiane/calendrier/sept/21.htm http://www.transasiart.com/voyageurs/voyageurs03/srs03dpalikao.htm

La guerra comercial que Estados Unidos ha desatado contra China cambiará la historia del siglo XXI, independientemente de si los dos países al final llegan a un acuerdo o no. Señala la decisión de EE.UU. de impedir que China se convierta en una superpotencia económica, utilizando cualquier medio disponible. Pero esta es una política extremadamente peligrosa y además condenada al fracaso. China tiene más de cuatro veces la población de EE.UU. A medida que se desarrolle, su economía superará inevitablemente a la de EE.UU. No hay nada que EE.UU. pueda hacer para evitarlo, así que tendrá que conformarse con esta realidad, quiera o no. Desafortunadamente, no es así como lo ve una parte importante de los círculos de poder de EE.UU.

A medida que pasan los tiempos, las correlaciones de fuerza cambian, hay grandes potencias que van en declive y otras que surgen para desplazarlas. Es difícil para una potencia en declive aceptar esta realidad, particularmente para una superpotencia que ha dominado el mundo desde la Segunda Guerra Mundial, y en particular después de la caída de la Unión Soviética en 1990. Otras grandes potencias han pasado por lo miso y han tenido que conformarse. Es por ejemplo el caso de España que fue el poder europeo dominante hace 500 años con un extenso imperio colonial en América del Sur, el Caribe, África y Asia. España fue derrotada por el creciente Imperio Británico y recibió el golpe de gracias de parte de los EE.UU. durante la guerra hispanoamericana en 1898. Fue el caso de Gran Bretaña, el dueño del mundo hace poco más de 100 años, que fue gradualmente suplantada por los EE.UU., un proceso que culminó con la Segunda Guerra Mundial y la pérdida de su imperio con la liberación de sus colonias a principios de los años sesenta. Francia ha sido una potencia decreciente durante los últimos doscientos años, y todavía no ha logrado asimilar la pérdida de su colonia en Argelia en la guerra de liberación en 1962. Japón y Alemania han tenido que adaptarse a un papel humilde como vasallos de EE.UU. después de su derrota en la Segunda Guerra Mundial. La pérdida del estatus imperial ha sido particularmente difícil de digerir para Gran Bretaña y el país parece no haber asimilado completamente la nueva realidad todavía. La "relación especial" que tiene Gran Bretaña con la única superpotencia que queda en el mundo ha dado al país la ilusión de que todavía es una potencia mundial.

Hay poco reconocimiento en los círculos de poder de EE.UU. del hecho que el dominio unipolar de los EE.UU. en el mundo es absolutamente inconcebible a largo plazo. Están dispuestos a ir muy lejos para disuadir, contener y, si fuera necesario, destruir cualquier poder rival. No estamos hablando de una política defensiva: ningún país está amenazando actualmente a la tierra estadounidense. Pero sí existen muchas amenazas contra su dominio mundial en tierras lejanos de sus costas nativas. Desde que el presidente Putin llegó al poder en Rusia, gran parte de la atención de EE.UU. ha sido acaparada por Rusia. Esto es, por supuesto, ridículo. Sus 145 millones de habitantes constituyen menos de un tercio de la población de la Unión Europea, menos de la mitad de la de los EE.UU. y una décima parte de la de China o India. Es una potencia importante en las regiones cercanas a sus fronteras. Pero no tiene posibilidades de convertirse en una potencia mundial como lo fue la Unión Soviética, y parece haber un claro entendimiento en Rusia de que no podría soportar una nueva carrera armamentista con los EE. UU. En lugar de ello, apuesta a una estrategia asimétrica, apostando a poder sobrevivir un ataque nuclear preventivo y mantener una capacidad de respuesta suficientemente poderosa como para disuadir a cualquier enemigo de hacer el intento. Por lo tanto, es una potencia importante en un mundo multipolar, pero no constituye una amenaza importante para el dominio mundial de EE.UU., salvo en su llamado "extranjero cercano".

China es una cosa completamente diferente. China tiene más de cuatro veces la población de EE.UU. A pesar de que es un país de ingreso por habitante mediano, es, debido a su gran tamaño, un peso pesado económico. El PIB de China en dólares estadounidenses corrientes fue en 2017 solo el 63% de los EE.UU. y el 72% de la UE., pero esto subestima el tamaño real de la economía china. Calculada en poder adquisitivo, es decir lo que se puede comprar por el dinero, la economía china fue en 2017 un 17% más grande que la de los Estados Unidos y un 9% más grande que la de la UE. Si recorremos a otros indicadores económicos, nos da el mismo resultado. Las exportaciones de bienes de China fueron en 2017 un 46% más grandes que las de EE.UU., y aun si incluimos el comercio de servicios (donde Estados Unidos es más fuerte), las exportaciones de China fueron un 3% más grandes. China produjo en 2018 dos veces y media más vehículos que EE.UU. y produjo en el mismo año la mitad de todos los teléfonos móviles exportados al mercado mundial (la participación de EE.UU. era de menos del 4%). China se convertirá durante las próximas dos décadas en un rival formidable para el dominio de EE.UU. en el mundo, primero en el este de Asia y luego en otras partes del mundo.

"No quiero que mis nietos vivan en un mundo dominado por los chinos", dijo la ex secretaria de Relaciones Exteriores y candidata presidencial Hilary Clinton en 2016. No hay riesgo de que China en la vida de los nietos de Hilary Clinton se convierta en el dueño del mundo así como lo es hoy EE.UU. Hay muchas otras potencias emergentes: India, Indonesia, Rusia, Brasil, puede ser incluso la UE en caso de que decidan tener su propia política exterior. Y se supone que EE.UU. todavía será un poder importante a tomar en cuenta. Así que será más bien un mundo multipolar, donde posiblemente China será la economía más grande, pero no será la única.

Quizás lo que quería decir Hilary Clinton era más bien que no quiere que sus nietos crezcan en un mundo donde EE.UU. ya no es la potencia mundial dominante. Así, ella reflejaría el pensar que prevalece en los círculos de poder de EE.UU., donde hay un debate sobre lo que se puede hacer para evitar que EE.UU. sea destronado como el mandamás del mundo. ¿Cómo puede EE.UU. contener a las potencias rivales, en particular a China, o, si fuese necesario, destruirlas?

Debe recordarse que los ataques contra China no es algo que el presidente Trump haya inventado. El sentimiento anti chino se ha estado gestando durante mucho tiempo, y por lo tanto no es de sorprender que la política agresiva de Trump hacia China haya recibido aplausos de diferentes partes de los círculos de poder del país, tanto republicanos como demócratas. Los trabajadores que desde hace décadas viven bajo la constante amenaza de que sus puestos de trabajo sean reubicados y se les ha dicho que es un tontería pensar que se puede detener la globalización, de repente sienten un atisbo de esperanza. No hay duda de que la próxima elección presidencial de 2020 será una competencia en ataques a China. No habrá lugar para voces moderadas, ya que serían consideradas como traidoras. Así que el escenario está preparado.

Hay argumentos a favor de esta nueva política de EE.UU. para todos los gustos: se trata de defender los derechos humanos en China, defender los derechos de la población musulmana, defender los derechos de los tibetanos, combatir la sociedad de vigilancia china, contener el creciente poder militar chino, proteger los países vecinos de China, mantener abiertas las rutas marítimas en el Mar del Sur de China, defender la propiedad intelectual de las empresas estadounidenses - la lista es larga.

No hay que ser pro-Chino para tomar una posición diferente. Una quinta parte de la población mundial vive en China, y debido a su gran tamaño el país se está convirtiendo en la economía más importante del mundo. Nos guste o no. El orden mundial existente fue creado por EE.UU. y Europa. Con la excepción parcial de la ONU, las instituciones han sido creadas por y para EE.UU. y Europa: el FMI, el Banco Mundial, la OCDE, la OMC, etc. Esto no es sostenible. O cambian estas instituciones, o surgirán instituciones paralelas menos sesgadas. Ya estamos en una situación en la que las inversiones chinas en infraestructura en África son fundamentales para el continente. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura promovida por China tiene la participación de 70 países (con la notoria ausencia de EE.UU.) y ya es un rival serio para el Banco Asiático de Desarrollo liderado por Estados Unidos y Japón.

Pero, ¿cómo puede acomodar el mundo civilizado a un país que no es democrático y que no respeta los derechos humanos? ¿Puede una nación semi-bárbara como China realmente ser admitida en el club de naciones civilizadas? ¿No sería eso contra todos los altos principios morales?

Lo que sucede es que los EE.UU. (con sus aliados europeos) ya no son los dueños del mundo. Pueden intentar de ignorar los países que no les gustan o que incluso desprecian por considerarlos moralmente inferiores. Pero quien termina siendo marginado al fin y al cabo no es China sino EE.UU. y los países europeos. Pueden lloriquear y gritar, pero China es una realidad que no va a desaparecer.

Existe cierta comprensión de esta realidad en Europa, pero como ya se ha mencionado no es el caso de EE.UU. Entonces, ¿qué estrategias para contener a China se están proponiendo? Repasando la cobertura de China por parte de diferentes medios y centros de estudio oficialistas se puede apreciar una gran cantidad de opiniones diferentes que van desde proponer una guerra abierta contra China hasta buscar algún tipo de acomodamiento con ella. De la lectura se desprenden dos tendencias principales (dejando de lado las propuestas más extremas de una "guerra preventiva"):

(1) Tratar de llegar a un acuerdo aceptable para EE.UU., respetando los intereses vitales de China (las "líneas rojas"). Se trata de abrir más el mercado chino a las empresas estadounidenses, particularmente dentro del ámbito financiero y otros servicios, proteger la propiedad intelectual de empresas norteamericanas, limitar partes de la estrategia de "China 2025" y cosas similares.

(2) Reducir o cortar de manera significativa las relaciones económicas con China (llamado "desacoplar” (“disentangle”) la economía de EE.UU. de la de China").

Cabe señalar que incluso si se llegara a un acuerdo que sea mutuamente aceptable, al menos a corto plazo, el efecto a más largo plazo será de toda manera algún grado de "desacoplamiento". En el extremo, podríamos terminar teniendo dos, o - en el caso improbable que Europa haga frente a los EE.UU. y decida tener su propia política económica y comercial, tres - esferas tecnológicas parcialmente independientes e incompatibles. Eso tendría enormes repercusiones.

En la siguiente entrega analizaremos más a profundidad este tema. Parar leer la segunda entrega, pulse aquí.

 

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Thorbjorn Waagstein

Thorbjørn Waagstein, Economist, PhD, since 1999 working as international Development Consultant in Latin America, Africa and Asia.

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